Tomas Bradanovic

19 Febrero, 2008

Me la hubiesen regalado por no hacer nada.

Archivado en: inversión, mentiras. proyectos, pública — tombrad @ 8:11 pm

Me escribe el sobrino de un amigo contándome una idea de proyecto de inversión que tiene, me manda el perfil y pide que le de unos consejos. Aunque estoy medio retirado de esas pistas, años atrás tuve bastante experiencia con el sistema de inversión pública.

Trabajé más de 10 años haciendo proyectos para el Poder Judicial y otras reparticiones, en total debo haber ganado proyectos por unos 2 millones de dólares que es poca plata para inversión pública pero son muchos los proyectos porque eran chicos en su mayoría y con el peso bastante devaluado.

Al final de mi currículum, que jamás me ha servido para nada aparece un listado de proyectos en mis años más activos donde se puede ver que tiraba de chincol a jote. Muchos más recientes no aparecen listados, y muchos más que no fueron aprobados, porque la relación era a lo menos dos no por uno si.

Pero bueno, como siempre me preguntan como se hace uno de esos proyectos, voy a colocar un procedimiento simplificado, tipo hágalo usted mismo, por si alguien tiene intenciones de agarrar algún billete del papá fisco, que a estas alturas parece ser el único que tiene plata en Chile.

Generalmente se confunde una idea con un proyecto. Una idea es solo el primer eslabón de un proceso largo y tedioso, cuyo destino final es poruñarle plata al fisco. Supongamos que un día yo amanezco ocurrente y pienso que sería una gran idea hacer una pista de skate board en la Playa Chinchorro (si, ya hay una, por eso la pongo como ejemplo). Entonces tomo unas fotos, me siento en el computador, bajo imágenes de Internet y escribo unas 20 páginas que dicen por que sería bueno hacer una pista de skate allí.

Demás está decir que Chile está repleto de ideas y perfiles por el estilo, algunos llegan incluso a hacer una maqueta y se presentan a Mideplan con cara de “vengan acá mis millones”. La mayoría de las ideas llegan a esa etapa, se habla con un diputado, alcalde o consejal que lo miran, dicen “humm que interesante” y hasta allí llega todo.

Pero la cosa recién comienza, el siguiente paso es determinar a cual de los fondos concursables se va a postular. Como regla general es mucho mejor postular a concursos nacionales, porque los regionales suelen estar más arreglados que mesa de cumpleaños. El concurso también debe tener relación con los objetivos del proyecto así es que si mi idea es de una cancha de skate tengo que buscar concursos en el sector fomento al deporte, mejoramiento de barrios o algo por el estilo.

Una vez que encontramos un fondo cuyas bases se acomodan a nuestra genial idea, tenemos que encontrar un beneficiario, porque el papá fisco tiene la mala costumbre de no pasarle plata directamente a las personas, se necesita una organización, normalmente fiscal, para que actúe de intermediaria. Esa búsqueda debe ser muy cuidadosa, porque el burócrata a cargo de la institución beneficiaria bien podría darnos lienza, hacernos trabajar durante meses para después asignar las platas a la empresa de su mamá o su hermano. El beneficiario también debe estar conforme a las bases, más de una vez me tocó trabajar durante meses para darme cuenta leyendo bien, que el beneficiario estaba fuera de bases, como me ocurrió hace dos años con la Universidad de Tarapaca.

En fin, ya tenemos la idea y el beneficiario, ahora nos toca trabajar. El siguiente paso consiste en descargar y llenar el formulario, que son normalmente 80 a 150 páginas llenas de redundancias donde básicamente hay que colocar:

-Una descripción del proyecto
-Descripción del problema
-Objetivos general y específicos
-Productos y resultados
-Metas cuantitativas
-Segmento de mercado objetivo
-Sustentabilidad
-Análisis de la competencia
-Metodología
-Proyectos relacionados
-Organización
-Etapas
-Presupuestos
-Evaluación Económica
-Evaluación social
etc. etc

Además de todos los antecedentes de los beneficiarios, ejecutores, cotizaciones y mil detalles largos de enumerar. En definitiva los formularios de proyectos de inversión pública son casi siempre muy parecidos y tienen bloques identificables, los principales son:

-El cuento, verso, poesía, etc..
-La formulación técnica detallada
-La planificación
-Los presupuestos y cotizaciones
-La evaluación económica y social

Una vez que tenemos todas estas cosas hechas (lo que puede durar varios meses o más de un año, con retrasos por las fechas de concurso, cambio de beneficiarios, etc.) sacamos 6 u 8 copias del testamento, los metemos en sobres separados con la identificación de los beneficiarios, los presentamos y nos ponemos a rezar para que no falle ninguna de las mil y una cosas que podrían fallar.

El mejor escenario es que lo aprueben y tenga un alto impacto social. Cuando veo a alguien en silla de ruedas subiendo al Tercer Juzgado de Letras por el ascensor, y me acuerdo que antes de que se me ocurriera la idea tenían que subirlos en andas, me da una gran satisfacción, me río para mis adentros y pienso “este pechito pues”. Cuando veo proyectos buenos como las sentencias seguras y los permisos provisorios de conducir seguros, o las comunicaciones seguras entre Tribunales, que después se abandonaron, me da rabia y ganas de patear la perra.

Lo mismo cuando veo proyectos que se implementaron mal y terminaron siendo un gasto de plata inútil, lo único que me consuela es pensar en las lucas que me eché al bolsillo, pero también pienso con tristeza que habría sido mucho mejor y más eficiente si me las hubiesen regalado por no hacer nada.

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