
Se me había pasado el 11 de septiembre, todos los años acostumbro escribir algo sobre la fecha y esta vez el alemán (Alzheimer) me jugó en contra, lo olvidé completamente. Primero una explicación para los que no son chilenos.
Resulta que en esa fecha se celebra -o se protesta- todos los años el golpe de estado cuando los militares derrocaron a Allende en 1973. Desde que los militares dejaron el poder y llegó la democracia -como podríamos decir eufemísticamente, todos los años en esta fecha se producen grandes disturbios en ciertas poblaciones de Santiago: mucha gente joven sale a la calle a tirar piedras, encender fogatas para cortar el tránsito, destrozar autos, propiedades y -por supuesto- enfrentarse con Carabineros.
Es un fenómeno muy curioso porque los tipos salen a hacer destrozos en sus propios barrios y existen varias explicaciones políticamente correctas para esto que se repiten todos los años en sesudos artículos de prensa, las principales explicaciones son:
La clásica, los jóvenes salen a protestar por un profundo sentimiento antifascista y en pro de los derechos humanos, sufrieron abusos, ellos o sus familiares y es la rabia que los incita a manifestarse en contra de los militares, la policía y la derecha. Esa es la explicación de la izquierda tradicional, especialmente la extra parlamentaria que trata de capitalizar la protesta como un gran movimiento moral anti derecha.
Otra explicación es la que describió Carlos Peña en su columna de El Mercurio de hoy: que se puede resumir en el siguiente párrafo: “Así entonces quienes protestaban no eran hijos, reales o imaginados, de víctimas del once. No protestaban por la injusticia que les habría sido infligida, ni a ellos ni a sus padres. Si les preguntaran es probable que dijeran eso, pero ellos no saben lo que hacen: lo suyo fue una muestra de impotencia, de la estela de marginalidad y falta de integración que suelen dejar los procesos de crecimiento y de expansión”. Este es el argumento de los neo socialistas que -como siempre- culpan a la “desigualdad brutal” para llevar adelante y justificar sus programas asistencialistas.
La explicación desde la derecha dice que son turbas de lúmpen y activistas profesionales, que viven de eso, reciben plata todo el año para mantenerse estudiando eternamente y apoderarse de las federaciones de estudiantes en las universidades. Su trabajo es crear desórdenes y conflictos sociales, organizarlos y alimentarlos sacando a la calle a traficantes de drogas y toda clase de delincuentes para tener posicionamiento político, financiados por Hugo Chavez y las FARC.
Aunque todas esas explicaciones puedan tener una parte de verdad -solo una pequeña parte- yo tengo mi propia explicación que pienso que representa a la mayoría de los tipos que salen a la calle cada 11 de septiembre y cada día del joven combatiente: yo pienso que lo que ocurre es una fiesta popular. He conocido personalmente a mucha gente que sale a hacer destrozos esos días, incluso algunos han sido buenos amigos míos y jamás he sabido de alguien que le importe un comino lo que pasó durante el Gobierno Militar, menos que se sienta “en la estela de la marginalidad y la falta de integración”, tampoco he conocido delincuentes que salgan ese día.
Puede que haya unos pocos de todos esos pero la mayoría son tipos normales y corrientes, para nada “marginados” sin intereses políticos ni penales ¿y por qué salen a hacer destrozos entonces? porque para ellos ese día es una fiesta, tal como San Fermín en Pamplona o la Tomatina o el mechoneo en las universidades, es una ocasión perfecta para divertirse “dejando la cagá”.
Yo recuerdo que uno de mis juegos predilectos cuando chico era tirar piedras contra el tren en movimiento que pasaba cerca de mi casa en la Población Santiago. Hoy me indigna cuando veo que una joven mujer quedó parapléjica por culpa de un piedrazo de esos en Santiago, pero en esos años me encantaba hacerlo, me subía la adrenalina pensar que pudiera darle a algún anónimo pasajero. Necesitamos ejercer la crueldad y el desenfreno a veces, “sacar a pasear el animal” como lo describía Vargas Llosa y el 11 de septiembre es la ocasión perfecta para hacerlo.
Yo creo seriamente que lo que pasa en esa fecha es una fiesta popular y lo hacen principalmente por diversión, porque pueden hacerlo casi sin ninguna consecuencia. En un mundo tan lleno de restricciones y autocontrol estas manifestaciones me parecen sanas, aunque mucho más sana me parece la brutalidad policial con que debieran ser enfrentados, si el asunto no tiene costos pierde gran parte de su gracia, es como si para San Fermín los toros salieran con los cuernos embolados, ni un brillo.
Por eso propongo que a partir del próximo año se reconozca el caracter de fiesta popular al 11 de septiembre, además propongo que para que la fiesta sea completa y emocionante la policía salga a enfrentarlos con armas largas y munición de guerra, con licencia para disparar a todo evento y cualquiera que circule por la calle en medio de una revuelta se convertirá en blanco legítimo. Creo que una fiesta así podría competir con ventaja sobre San Fermín y hasta vendrían muchos turistas a sentir la adrenalina de una protesta, ojalá que las autoridades me hagan caso y acojan mi propuesta. Hasta mañana.