Tomas Bradanovic

19 agosto, 2008

Uno menos

Archivado en: abogado, edmundo vera, muerte, poeta — tombrad @ 11:17 am


Leo hoy en el diario la muerte del abogado ariqueño Edmundo Vera, un accidente en su parcela en Azapa, donde cayó a un tranque de agua. Nos quedamos con un abogado menos en la ciudad. Yo le tenía inmensa simpatía a este profesional de la vieja escuela que adoraba la poesía y el teatro. Edmundo “Cine Amor” que en su juventud rompía corazones como actor de fotonovelas murió a los 79 años en medio de la indiferencia de la ciudad.

Fue uno de esos personajes maravillosos no reconocidos por nadie, tal vez porque andaba todo el día a medio filo, le gustaba el vestir extravagante y llenaba sus escritos legales con citas al Quijote de la Mancha, Edmundo si que se convirtió en sus últimos años en el caballero de la triste figura, un antiguo monumento en ruinas que nunca cayó en la tentación de mantenerse respetable.

Cada vez que nos encontrábamos teníamos largas y sabrosas conversaciones, la última fue cuando yo estaba en el Rapa Nui y el iba camino a su oficina, ya sin clientes pero que el mantenía con la esperanza que le llegara algo para parar la olla, a los 79 años seguía tratando de ganarse la vida como mejor podía, manteniendo el buen humor -lo último que le quedaba- a punta de alcohol. El fué quien me comentó una vez que los reyes de Francia, en su gran sabiduría adquirida en siglos de gobernar al mundo, desayunaban con una gran copa de champaña, para poder soportar la vida en este mondo miserabile, decía que nunca hay que andar completamente sobrio porque se nos puede envenenar el alma y eso si que lo cumplía al pié de la letra.

¡Qué tipo más simpático! de una cultura enorme se paseaba por la poesía y los filósofos como por su casa, a mi me recordaba a José Santos Gonzalez Vera o algunos de los poetas malditos que tuvo Chile en los años 20 los que seguramente debieron ser sus modelos. Recuerdo que una tarde llegó a la playa, cuando yo vivía en la casa rodante, borracho como cuba con un cassete de Las Alturas de Macchu Picchu a todo volúmen, abrió las puertas del auto y se puso a recitar junto a la voz gangosa de Pablo Neruda verso tras verso frente a la puesta de sol ¿como no me iba a caer bien un tipo así? Claro que la gente normal, los respetables lo despreciaban y lo hacían materia de burla. Pobres diablos.

Edmundo era de extrema izquierda y fue perseguido durante los militares, no obstante era muy amigo de mi primo Tomás Bonilla y su hermano Oscar que llegó a ser el primer Ministro del Interior en el Gobierno Militar, me hablaba muy bien de ellos y de sus familias a quienes conoció cuando ejerció en Iquique. Un buen hombre, un loco lindo, poeta maldito e ilustre borracho. Sobre todo un hombre muy solo, lo divisaba a veces de lejos, caminando apenas con su terno y estrafalario pañuelo al cuello en lugar de corbata, triste y solo, entonces yo pensaba en el precio que hay que pagar por ser original y no caer en el juego de la respetabilidad. Saluti Edmundo, que las viñas celestiales estén dando buen mosto, o por lo menos que te entierren cerca de una parra, gran hombre y poeta.

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