
Hace un par de años me hice amigo de un académico peruano muy simpático que le iba muy bien en Lima haciendo programas de master y doctorado en representación de universidades de Chile y España. La cosa es que le ayudé en un par de programas y me dijo que lástima que yo no tuviera un posgrado porque podría hacer clases.
Pasó el tiempo y me olvidé de todo el asunto, hasta que una vez me llamó por teléfono con la solución: por la módica suma de tres mil dólares me pasaba un master en comunicación estratégica, sin la odiosa necesidad de ir a clases. Por supuesto que ni lo pensé para decirle que nones, no soy moralista y lo que menos tengo son escrúpulos, pero me habría sentido extremadamente ridículo de presentarme con un título comprado.
No le veo nada de malo con que se haga negocio con la educación, que es un servicio como cualquier otro donde algunos profesionales te enseñan, toman pruebas y si pasas bien te dan un título, cobrando por todo eso. Es un negocio perfectamente legítimo y por supuesto que debe tener un fin de lucro como cualquier otro. Tampoco creo mucho en el valor de las pruebas y evaluaciones porque conozco a muchos titulados de universidades muy exigentes que son pésimos como profesionales.
Ni siquiera encuentro malo que haya educación de distintas calidades y precios, es lógico que una educación barata usualmente es de peor calidad que una cara, como cualquier otro servicio hay distintos nichos de mercado y cada cual compra lo mejor que puede con las lucas que dispone. Pero hay un límite que es cuando la gente manda al diablo los escrúpulos y simplemente paga para conseguir un papel con el sello de una universidad cualquiera. Este es un fenómeno mundial, especialmente en los posgrados express para gente que trabaja y no le veo nada de incorrecto sino más bien estúpido.
Todas las universidades lo hacen, de hecho me parece que fué Harvard que inventó los MBA y de allí empezaron a aparecer estos programas, superficiales e inútiles para todos los efectos prácticos porque si bien, cuando recién aparecieron daba “estatus” ahora que han florecido como callampas, incluso a nivel de doctorados ya están tan depreciados como la palabra de un político.
El problema es que a las personas ya no les interesa educarse ni aprender, solo quieren acreditarse. Lo mismo pasa con las universidades ¿se han fijado la manía por la acreditación? en realidad lo que les interesa es la forma, el papel con un sello, mucho más que la calidad de lo que están comprando. Y por eso toda esta absurda carrera por el prestigio que ha desnaturalizado a lo que fueron en su tiempo excelentes instituciones.
En Chile es una fiebre que recorre a toda la educación superior: por una parte todos se quejan de que en Chile faltan buenos técnicos, pero al mismo tiempo, las más importantes escuelas de técnicos del país terminaron convertidas en la misma fábrica de venta de ilusiones que las demás universidades: me refiero a la Escuela de Artes y Oficios, la Universidad Técnica Federico Santa María, DUOC e Inacap.
Aunque todos me conocen como un facho intransigente, hay unas pocas cosas que reconozco y aprecio de los gobiernos socialistas de antaño, una de estas fue el concepto de escuelas de técnicos de alta calidad. Yo estudié en Inacap en 1974-1976, la carrera de técnico electrónico que era dictada por la Universidad Técnica Federico Santa María y puedo decirles que ver lo que es Inacap hoy, comparado con lo que era en esos años es para ponerse a llorar.
Durante los militares Inacap dejó de depender de Corfo y fue cedido, al parecer “graciosamente” , a la Confedración de la Producción y Comercio o alguna asociación empresarial por el estilo. La idea era buena porque se suponía que los grandes empresarios usarían el instituto para formar y especializar a sus trabajadores. Pero algo pasó en algún momento y de un día para otro Incacap fue tomado por un grupo que lo convirtió en lo que es hoy, que mejor ni lo comento. La desnaturalización de estas escuelas de técnicos fue una de las grandes desgracias que han ocurrido en Chile.
Pero la culpa no es del chancho, son los padres y los estudiantes los dispuestos a pagar lo que sea para comprar prestigio, ese mercado es el que obliga a hacer lujosos edificios y a coleccionar doctores express y profesores que salen en la tele. Mientras exista mercado la educación superior se dedicará a satisfacer lo que demandan, no importa cuan malo sea.
Otro amigo peruano que estudió su posgrado en la Universidad de Oxford, me comentó una vez que el 99% de los egresados de allá simplemente pagaban una pequeña fortuna por un papel con el sello de la universidad: hijos de millonarios árabes, de políticos latinoamericanos, de la clase alta inglesa y uno que otro habiloso con posibilidades de ganar un Nobel en unos 30 años más. ese es el 1%, el resto pura plata, cash. En alguna medida es algo que se ve en todas las universidades, una de las cosas más desesperantes de hacer clases es la apatía y el desinterés por aprender de los alumnos; la mayoría vacunas que quieren un how-to rapidito y que les den el título con el menor sacrificio posible.
Se creen muy pillos, los que hacen master y doctorados express, los que copian en las pruebas, los que van a universidades poco selectivas, en realidad son los más completos estúpidos, no se dan cuenta que están pagando por nada y que tener un pedazo de papel con un timbre no les va a servir para maldita la cosa llegado el momento. Se creen pillos y son los reyes de los giles, si realmente fueran pillos se dedicarían a trabajar y hacer plata en lugar de perder el tiempo consiguiendo el fraudulento papelito. Hasta mañana.