Después de terminar mi carrera
con honores volvería a Ancud a
forrarme de plata, me compraría una avioneta para entrar al exclusivo club aéreo, donde me haría amigo de los Ortloff, Sanzana y otros ricachones locales. Por cierto me tenía que casar con la hija más linda de los Kompatsky, una que había sido reina de belleza, o sino con la hermana. Y así
viviríamos todos felices comiendo perdices, volviendo a colocar el apellido paterno -que estaba absolutamente arruinado- en el panteón de la aristocracia local. Ese era mi proyecto de vida, más o menos.
Muy pronto las cosas empezaron a salir mal, con mi profesor de matemáticas -el aborrecible “Pipeta”- jamás conseguí sacarme más de un 5 en la escala de 1 a 7, cuando dí la prueba de aptitud académica saqué un puntaje decente para Chiloé pero a bastante distancia del que necesitaba para ingresar a la Santa María. Bottom line: tuve que bajar mis expectativas, no estudié para ingeniero sino para técnico electrónico y solo en un convenio de Inacap con la Santa María, mis opciones de forrarme en plata, volver a Ancud y todo lo demás se ubicaron a años luz de lo que entonces era mi realidad.
Las expectativas frustradas, junto con muchos otros problemas personales me mantuvieron podrida el alma durante todos esos años. Entré a hacer mi práctica a la industria electrónica IRT y veía con amargura que los operarios comíamos en un comedor enorme, mientras llos jefes tenían un comedor exclusivo más chiquito ¡algo estaba muy mal, yo tenía que comer donde los jefes!. En ese momento decidí seguir estudiando, lo único que me interesaba entonces era el comedor exclusivo.
Varios de mis amigos actuales eran parte de los semidioses que almorzaban allí: Julio Gaete y don Pablo Jimenez eran gerentes en esa época, Nelson Navarro era contador general de la empresa y cuando ahora les cuento la envidia que me daba verlos sentados en un comedor aparte nos reimos mucho, pero en esos años no me hacia maldita gracia.
Pasaron los años y prácticamente ninguna de las cosas que ambicionaba se cumplió. Por otra parte tuve cosas con las que ni siquiera soñaba en esos años: viajar por el mundo, conocer trabajos y personas extraordinarias, muchas pequeñas caricias al ego que en su momento me hicieron sentir muy contento. Pero algo si que se mantuvo constante, siempre fui pobre, incluso en los años que gané más plata nunca pude sentir que tenía mi problema económico resuelto.
No me acuerdo bien cuando me empecé a conformar con la idea que muchas de mis ambiciones no iban a cumplirse, por ejemplo yo tenía ambiciones “académicas” y por eso después de técnico estudié ingeniería de ejecución. Pero en algún momento me dí cuenta de como era la cosa y escribí esto en mi
Diccionario de Vanidades:
Credencialismo: yo soy ingeniero de ejecución (algo asi como los ingenieros técnicos españoles) y cuando estudiaba siempre habían ingenieros civiles que miraban en menos a los de ejecucion, estos a los tecnicos quienes a su vez miran en menos a los obreros los que miran en menos a todos los anteriores. Ahora, los que hicieron un master miran en menos a los ingenieros civiles pero tambien son mirados en menos por los ‘candidatos a doctor’ quienes son obviamente muy mal mirados por los que ya han obtenido su doctorado
¿Y todo termina alli?. no señor, recien empieza porque los doctores también se miran en menos, todos entre si segun la universidad donde hayan obtenido su grado y obviamente los de Harvard desprecian a los de Yale y a los de Princeton y viceversa, en tanto estos tres miran con sumo desprecio a todos los demas.
Pero tambien existe un desprecio implicito entre las distintas promociones dentro de una misma universidad, y no olvidemos que,dentro de una misma promocion cada cual se siente intelectualmente superior a cada uno de sus compañeros y no pierde oportunidad para insinuarlo.
En algún momento me dí cuenta que si quería “escalar” académicamente siempre sería un frustrado y solo tenía sentido estudiar mientras a uno le interese el asunto, después: hasta la vista baby.
En fin, ¿a que diablos quería llegar con este largo y aburrido relato de mis penurias?. A que, además de mi experiencia personal, he conocido gente que ha tenido mucho éxito en la vida y todas sus expectativas se han cumplido, una por una ¿y que? tienen los mismos problemas y frustraciones que yo, que me he pasado la vida entre lo malo y lo peor. Ahora mi único plan de vida es tratar de pasarlo bien y hacer las cosas que me interesan y me entretienen, total, todo esto es una comedia sin sentido que terminará el día menos pensado cuando -espero que de manera abrupta- estire la pata.
Que tanto, si Shakespeare, en boca de Guildenstern, lo dijo mucho mejor que yo “Los sueños, en verdad, son la ambición, pues la substancia misma de la ambición no es más que la sombra de un sueño”. A soñar entonces, hasta mañana.