Tomas Bradanovic

15 abril, 2011

>El mito democrático

Archivado en: anarquismo, democracia — tombrad @ 3:14 pm

>La democracia, como la entendían los griegos, era una de las posibles formas de gobernar y no tenía ninguna cualidad especial o mejor que las demás. Dependiendo de las circunstancias, a veces lo mejor era un tirano, otras la aristocracia o monarquía, etc. “La demasiada libertad parece, pues, que no termina en otra cosa sino en un exceso de esclavitud lo mismo para el particular que para la ciudad”.

El mismo Platon pensaba que existía una especie de ciclo político, que tenía que ir periódicamente por todas esas etapas conforme iba pasando el tiempo: la aristocracia lleva a la oligarquía, después a la democracia, esta a la demagogia, luego el tirano, vuelve la aristocracia y así, todo de nuevo. Esa idea de que la democracia es la mejor forma de gobierno que existe es bastante reciente y no sabemos cuanto puede durar.
La democracia moderna es un invento de Estados Unidos, los Padres Fundadores tuvieron la idea de un gobierno -como después dijo Lincoln- “del pueblo, por el pueblo, para el pueblo”, la idea fundamental es similar a la griega o francesa ilustrada, donde “el pueblo es soberano” o sea es libre de hacer lo que se le de la gana, sin restricciones legales, morales ni de ningún tipo. Soberanía es “poder absoluto y perpetuo”, un concepto muy poco entendido por la gente común, porque a los políticos no les conviene para nada que se divulgue.
Como el pueblo es soberano, tiene derecho a determinar por si mismo, mediante leyes, que cosas son lícitas y cuales son prohibidas. Todo hasta aquí es muy bonito, claro que no es fácil llevar a la práctica estas ideas tan altruistas.
El principal problema es que el pueblo no existe, es un ente ficticio, una entelequia legal que en la vida real de una democracia perfecta, es sustituido por la voluntad de la mayoría. O sea la poética definición de Lincoln debería ser cambiada en la práctica a “gobierno de la mayoría, por la mayoría y para la mayoría”.
Y entonces aparecen más problemas, porque las mayorías cambian pero una vez que llegan al poder hacen todo lo que pueden para quedarse en el. Si la mayoría es soberana sin duda que pretenderá despojar, someter y hasta eliminar -si es que puede- a la minoría, es lo más lógico y natural. Para evitar esto existen innumerables cortapisas y limitaciones a la “democracia pura”.
Estas cortapisas son -entre otras- los principios fundamentales declarados en la constitución, un complicado equilibrio de poderes entre organismos democráticos y otros que no lo son (los poderes del estado, tribunales constitucionales, contraloría, etc.) y la “democracia representativa” donde las mayorías eventuales dan una especie de cheque en blanco a un grupo de representantes para que gobiernen por ellos.
En este invento de la democracia representativa, los ciudadanos deben organizarse en partidos políticos que son finalmente los que gobiernan en su nombre: proponen presidentes, parlamentarios, jueces, contralores y todo lo demás en un sistema de discusiones entre ellos, siendo refrendados cada cierto tiempo en elecciones libres.
Todos sabemos el problema de los partidos políticos y sus prácticas escandalosas que los llevan a ser las instituciones más desprestigiadas del país, que no juntan oficialmente ni el 5% de los ciudadanos y mandan y deciden por el 100%. Pero el ritual de las elecciones los legitima, basta con que consigan un minúsculo porcentaje de los votos para proclamarse legítimos legisladores, como mucha gente es influenciable y los votos no son difíciles de comprar con eso queda cerrado el círculo de la democracia representativa, el gobierno “de los políticos, por los políticos y para los políticos”.
Por eso una democracia puede resultar mucho más ruinosa y mucho menos “legítima” (si es que existe tal cosa) que una dictadura. Pero a los políticos que son los mayores beneficiarios de este sistema no les conviene de ningún modo que la gente lo entienda y mucho menos que entiendan la idea de soberanía.
Otra cosa curiosa es la identificación que se hace del liberalismo con la democracia, eso es un error surgido seguramente porque ambas cosas se pusieron de moda con la independencia de los Estados Unidos. El liberalismo o neo-liberalismo, que da preferencia a la libertad por sobre la igualdad no tiene por que ser democrático. Han existido muchos gobiernos liberales sin democracia y muchos gobiernos democráticos sin liberalismo, son dos cosas aparte.
Claro que “en teoría” los liberales deberían preferir la democracia porque teóricamente los regímenes democráticos existe más libertades individuales, pero no tiene por que ser así en la práctica, hay democracias donde la libertad individual está mucho más restringida que en una dictadura y se prohíbe toda clase de cosas apelando al “bien social” fumar, drogarse, beber alcohol. Las libertades económicas y sociales en democracia son casi siempre violentadas.
Por eso a mi no me embaucan con el mito de la democracia, hay gobiernos buenos y gobiernos malos, da lo mismo como llegaron o como se mantienen en el poder, la democracia es una más de las muchas formas posibles de gobierno y no es mejor ni peor en si que cualquier otra porque todos los gobiernos, sin excepción están basados en la fuerza y la represión del estado.
Si le sacamos la poesía a los políticos siempre llegamos a lo fundamental: policías, jueces y soldados: el aparato represivo que es la verdadera base de todo gobierno, todo lo demás son palabras, poesía, engaño para el populacho nada más.
Y así las personas se olvidan, o nunca llegan a saber que cada uno es soberano, le dejan esa tarea a sus “representantes” porque prefieren ser corderos. Lo que nunca voy a entender es por qué la gente compra tan facilmente con el mito democrático, bueno, son nutridos desde chicos con la idea que es el mejor de todos los sistemas posibles y que el peor gobierno democrático, es decir con elecciones, es mejor que cualquier dictadura.
Por supuesto que eso es un error, un gobierno democrático puede ser mucho peor que una dictadura, se pueden amparar abusos, existir inseguridad, eternizarse en el poder, etc. todo en gobiernos democráticos, lo que hay son gobiernos mejores o peores. Porque gobierno bueno, eso si que no existe, el estado es un mal necesario, no es otra cosa que la represión institucionalizada.
En fin, que venga ahora el fiscal Peña y me coloque perpetua por anarquista, aquí lo espero maldita sea. Hasta mañana.
P.D. ¿A alguien le interesa el Tarot? yo estuve escribiendo sobre ese sistema de arquetipos hace tiempo y me gusta mucho, si quieren tirar las cartas online les recomiendo este de el sitio el oráculo, tira como 12 cartas del Tarot de Marsella, es muy interesante.

20 julio, 2008

Autoridad y anarquismo

Archivado en: anarquismo, autoridad — tombrad @ 11:32 pm


Me había acostumbrado a ver todos los domingos el programa “Tolerancia Cero” en Chilevisión y ahora que veo el primer programa sin Melnik -un comentarista relativamente cercano a mis ideas- no pude pasar del primer segmento: me aburrí y me vine a escribir mi entrada de hoy.

¿Será que uno solo puede soportar opiniones que agraden a sus propias ideas? puede ser, pero igual, nunca hasta hoy había encontrado la verborrea de Paulsen tan difícil de entender -debe ser el comentarista menos articulado de Chile- tampoco me había dado cuenta del ansia de Villegas por hacer comentarios inteligentes, o Del Río tratando de decir algo con más ganas que ideas. De Guillier nunca he esperado mucho, creo que es un altavoz de ciertos intereses sin mucha idea propia. En fin, aunque los encuentro muy simpáticos personalmente -especialmente a Guillier- creo que sin Melnik el programa queda aburridamente uniformado, mejor chao nomás.

Apagué la tele cuando discutían sobre la crisis de autoridad y el jarrazo de agua a la ministra, nada nuevo ni original se dijo del asunto, puras trivialidades y lugares comunes. A mi me simpatiza mucho el anarquismo y no tengo ese respeto casi religioso por la autoridad tan metido en la genética chilena. Nunca he conocido a alguien que considere mejor o superior que yo mismo, y aunque debo confesar que muchas veces me he sentido mejor que otras personas, después de pensarlo un rato me doy cuenta que esa es una idea absurda, cada cual tiene su historia, sus luces y sombras, cualquier comparación que hagamos con los demás no vale.

Esa imposibilidad de aceptar que alguien sea superior a mi me ha costado una vida de pobre, es la razón que siempre he encontrado que el trabajo asalariado, dentro de una jerarquía, es humillante. Cuando terminé de estudiar para técnico electrónico trabajé en una empresa donde había un gran comedor donde almorzábamos todos menos los ejecutivos, que tenían un pequeño comedor privado, eso me chocó tanto que decidí estudiar ingeniería contra todas las posibilidades, sabiendo que no podría soportar comer en otro lugar que no sea entre los jefes. Existía antiguamente la propaganda que identificaba bien como me veo a mi mismo, decía “es tan bueno como cualquiera y mejor que muchos”. El ego, siempre el ego, tal vez no sea mejor que nadie pero sin duda creo que me creo tan bueno como cualquiera, pasando por sabios o presidentes dudo que exista alguien mejor que yo.

Y estaba pensando en la relación que normalmente se hace entre el anarquismo y la actitud hostil contra la autoridad, yo creo que allí es donde hay un gran error. Hoy está de moda insultar a la autoridad, escucho por ejemplo lo que habla el Tomás Jr. y sus amigos, o leo el pasquín “The Clinic” que ha hecho un gran negocio explotando esta veta, pero eso no es una idea anarquista sino algo tonto y petulante, de creerse mejores, aunque igual tienen sus propios santos y capillas que veneran. Cuando uno realmente desprecia algo no necesita insultarlo ni tirarle agua en la cara, al contrario, esa es la actitud de rata acorralada, mas propia del cobarde o resentido que de una idea verdaderamente anarquista.

Pasando a otra cosa hoy apareció en El Mercurio el editorial Arica Postergada, ¿que pasará en El Mercurio con Arica? un medio así no da puntada sin hilo y algún interés importante debe andar por ahí dando vuelta para dedicar un reportaje y un editorial en la misma semana, por supuesto que se expone lo que yo llamaría El Tango de Arica, que son las tradicionales quejas de los vivarachos que andan detrás de algún subsidio para su negocio y por supuesto que yo aproveché de comentarlo. Bueno, ya es tarde y mañana tengo que volver a remar a las galeras, nos vemos.

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