
Despierto con una linda mañana de sol, ahora si que llegó la primavera y desde la ventana veo la playa de Chinchorro tranquila como una taza de leche, me iría ahora mismo para allá si tuviera bueno el auto.
Pero Chimaja, el nuevo mecánico, me salió más falso que Judas, más flojo que la mandíbula de arriba y más difícil de ubicar que el hombre invisible. He andado toda la semana detrás de él o de su ayudante el Veneno, pero nada: o están construyendo la ampliación de una casa, o están alimentando unos chanchos que crían en Acha, o está trabajando el taxi que maneja de noche. Ese tipo es multifacético, no me gustaría encontrarlo de chofer en la noche porque parece que ni duerme. Mientras tanto yo sigo sin auto quien sabe hasta cuando.
Me escribió Pedro Shapiro, un ex ariqueño que vive en Israel reclamando por un artículo anti semita que apareció en El Morrocotudo, lo leí y efectivamente, parece increíble que hayan autorizado publicar esa basura de un tal Pablo Nicoli. Mi repudio para los que escriben con evidente animus injuriandi, especialmente para los racistas ignorantes y nazis de pacotilla.
La foto de esta entrada muestra el Cuerpo de Bomberos de Ancud, al lado se ve un pedacito del Liceo de Ancud donde yo estudié mi enseñanza media entre 1970 y 1973, la tomé de Ancuditanos de Corazón un sitio de Facebook al que llegué a través del sitio de mi ex compañero y capitán de barco Evangelista Diaz. ¡Cuantos recuerdos me trajo esa foto!.
El sur de Chile es en muchos aspectos la cara opuesta del desierto, la vida es dura, trágica, el clima endiablado, los paisajes maravillosos, es muy cierto eso que la geografía modela a las personas y yo tengo harto sustrato chilote debajo de mi genética flojera. Los años que pasé allá son una marca a fuego aunque superficialmente no se nota, pero aparece cada vez que se noticias de algún amigo de entonces o cuando veo una foto de esos lugares donde pasaron tantas cosas.
En el tercer piso del Cuerpo de Bombero que aparece en la foto se hacían las fiestas cada sábado. Yo no me perdí ni una en los cuatro años que viví allá, como no bailaba me dedicaba a tomar con los amigos y a escuchar las cumbias y corridos porque la cosa era con música en vivo. Una vez los Shulback me dejaron tocar la batería en una cumbia: dos a la caja uno al platillo, que felicidad más grande.
Me acuerdo de todo, cada detalle de hace más de hace más de 35 años atrás, veo la foto y es como si estuviera allí el último día de clases en diciembre de 1973, cuando se terminaba una etapa de mi vida y yo tomaba con una botella de Ron Silver en una mano y una Coca Cola en la otra, que horrible borrachera fue esa. Don Narciso era el portero del liceo y amigo, ya debe estar bien muerto. La estupenda biblioteca del liceo fue la que me salvó de la locura, en dos años me la leí completa. Más de 200 libros según recuerdo, gracias a las semanas que pasaba lloviendo y lloviendo sin parar.
Diablos, diablos, que cantidad de ilusiones tenía entonces, si solo hubiese podido mirar el futuro. Pero al menos puedo retroceder y acordarme de cada pequeño detalle. Yo que jamás he sido sociable estaba viviendo solo en Ancud, el lugar menos propicio en el mundo para hacer amigos. Sin embargo tuve muchos amigos y de los mejores, me acuerdo de cada uno así como de mis amores imposibles, que macana. Mi sueño era estudiar ingeniería electrónica y volver allá como ingeniero, convertirme en parte de la micro aristocracia local, igual que Chalo Sanzana, los Ortloff o los Kompatzky. Entonces si que era ingenuo.
Bah, para que me sigo acordando, si no soy ningún llorón. Pero igual tengo mi parte chilote que me aflora cuando veo alguna de esas fotos que me trae tantos recuerdos. Mi saludo para todos los amigos de entonces, incluso para los que me aforraron sus cornetes, especialmente para ellos, los Barría, Aguilar, Faulbaum, Norambuena Jipolou, Mutter, Roth, Díaz, Bahamondes, me canso de nombrarlos. Y para ellas… bueno, mejor no sigo. Hasta mañana.