Acabo de terminar mi columna para el miércoles de la proxima semana en La Estrella de Arica, sobre un asunto que sé que va a enfurecer a muchas personas, pero que diablos.
Se trata de las animitas, esas casitas con una cruz que colocan cuando alguien muere tragicamente en la calle por un asalto, atropello o un accidente. Todo muy bien mientras eran discretas cruces o capillas en miniatura, pero desde hace algún tiempo los deudos se empezaron a subir por el chorro, armando monstruosas mini-casas llenas de fotos y recuerdos, una exibición ostentosa de insoportable mal gusto.
Algunos incluso han hecho construcciones sólidas de cemento y cerámica, imitando pequeñas tumbas en la calle ¡para eso está el cementerio, patudos!. Es agresivo, un abuso del peor gusto e ilegal armar estos feos recordatorios en calles y paseos de la ciudad.
Peor todavía, en la playa Chinchorro años atrás, unos tipos a exceso de velocidad produjeron un accidente que mató a seis ocupantes de ambos autos y dejó 4 heridos. A sus deudos y amigos no se les ocurrió mejor idea que armar grandes construcciones en el lugar, llenas de fotos, recuerdos y flores artificiales ¿es correcto que estén usando la vía pública para hacer un monumento a la memoria de irresponsables, que perfectamente pudieron atropellar a gente inocente como ha ocurrido tantas veces?. Yo creo que es algo completamente inaceptable, respeto el dolor de los familiares pero no tienen ningún derecho a ensuciar el paisaje urbano de esa manera, repito, para eso tienen el cementerio.
Me pregunto adonde están las autoridades, tan celosas para hacer respetar reglamentos absurdos y muchas veces inútiles, ¿por que no cumplen esta vez con su obligación y despejan el área de estos abusos que perjudican a toda la ciudad?, cuando son necesarios, nadie quiere ponerse los pantalones y hacer cumplir la ley.
Lo que pasa es que odiamos el conflicto, y por eso siempre aparecen los patudos que se aprovechan y abusan. Unas semanas atrás, cuando todavía “trabajaba” en el Rapa, iba camino a casa de madrugada cuando se me acercó un tipo extendiéndome la mano, me dijo “soy ecuatoriano” y yo le contesté “¿y?”, me replicó “¿me va a dejar con la mano extendida?” y yo le dije “claro, ni te conozco, que se te ofrece”. El tipo se fué muy enojado y pasaba rondando el bar, donde aprovechaba de tirarme miradas asesinas en cuanto me veía.
Resulta que ayer lo ví en el diario, había asaltado y acuchillado a unas estudiantes universitarias que volvían a su casa de madrugada, le esperan de 5 a 10 años de cárcel y seguramente la expulsión después que cumpla su condena, me alegro mucho, ese maldito puntudo no merece andar por nuestras calles y es un tremendo perjuicio para todos los inmigrantes honrados que trabajan y colaboran, legal o ilegalmente con nuestra economía. Por culpa de tipos como esos la policía y todos nosotros empezamos a mirar con desconfianza a los que por su color o rostro son notablemente de otros países, pagan justos por pecadores.
En fin, espero que ni los deudos vengan a apedrearme la casa ni al maldito asaltante se le ocurra cruzarse conmigo cuando salga de la jaula, aunque lo dudo, es un cobarde que solo se atreve contra mujeres y en patota, espero que lo pudran en la cárcel aunque, conociendo la nueva justicia, dudo mucho que eso ocurra. Que diablos, me enojé, hasta mañana.
P.D. la foto de esta entrada es gracias a la involuntaria gentileza de El Morrrocotudo, de donde copié el original.