Estaba viendo las fotos antiguas de Arica del Facebook de Patricio Moya. Que cantidad de gente que conocí en esos años, es como entrar en la maquina del tiempo y me trae de vuelta a mi querido pueblucho de los años setenta. Seguí buscando y me encontré con esta de mis compañeros de Inacap en 1974,de izquierda a derecha Jorge Esquivel (el Pamply), Tito Sire, Juan Donoso (Tevito), Julio Campaña, Pancho Sankan, el Pato Salinas, Miguel Guerra, Cecilia Acosta (la flaca) y Ricardo Zepeda (el Papacito). Ah que tiempos aquellos-
Creo que podría dividir a los seres humanos en dos razas bien diferenciadas: los que les gusta Arica y los que no les gusta. No es una idea frívola que se me acaba de ocurrir, bueno, francamente se me acaba de ocurrir pero no es una idea frívola, creo que hay dos maneras fundamentales de enfrentarse al mundo que se expresan en las personas a las que les gusta Arica y los que no les gusta.
Recuerdo que cuando viajé en 1983 era mi primera vez en muchas cosas: nunca me había subido a un avión, vivía en un sector de clase baja de la ciudad, jamás me había alojado en un hotel y muchas cosas por el estilo así es que al llegar a Tokio y subirme a la limo con chofer que me esperaba en el aeropuerto de Narita, que me llevó al Keio Plaza, uno de los mejores hoteles de la ciudad, me sentí igual que los indios caribes que llevó Cristobal Colón en su primer viaje de vuelta para mostrarlos a la Corte Española,
Recuerdo que lo único que pensé en cada parte que llegaba fue que no era gran cosa después de todo. Mi amigo Benjamín, que había viajado a Miami me dijo que me iba a morir de la impresión al conocer la ciudad y el Epcot Center, si claro, todo bonito e interesante, pero nada de otro mundo. En verdad lo único que quería era volver luego a mi casa.
Muchos años después estábamos con mi primo en la playa en Miami Beach, alojábamos en un apart hotel enorme en pleno barrio Art Deco, mi primo me mostró la larga línea de hoteles de la playa diciendo ¡pero si esto es el paraíso! cuando me jubile vendo todo y me vengo a vivir acá. Yo le dije que no viviría allí ni muerto, creo que entonces empezo nuestra pelea que terminó de muy mala manera.
En fin, resumiendo creo que hay personas que le gustan los paisajes y los edificios, mientras que a otros nos gustan más las personas y las relaciones. Arica no tiene paisajes ni menos edificios pero es tan rica la historia y el entramado de sus relaciones que muchos ariqueños probablemente no podríamos vivir en ninguna otra parte.
Hay muchos otros lugares que me han gustado por su gente: Hong Kong, Santa Cruz de la Sierra, Mendoza, Tacna, Caldera. Creo que hay lugares bonitos, pero también lugares mágicos, que aunque parezcan feos tienen un ambiente y una carga de historia muy rica. Solo hay dos ciudades en que he conocido bien el paisaje humano que son Ancud y Arica, en las otras solo lo intuyo.
Arica todavía es una ciudad sesentera que vive de nostalgias del Puerto Libre, gracias a que la población dejó de crecer en 1990 no tenemos esa sensación de vivir acorralados por afuerinos, que es común en Iquique y en Tacna, el tejido social todavía es estrecho. Todavía hay casas en la ciudad, la de mi amigo Waldo por ejemplo, donde uno entra y se transporta a 1960: living de tevinil, radiola a válvulas, apliqués de acrílico y adornos de los tiempos aquellos ¿como no vamos a ser nostálgicos?.
La ciudad misma ha cambiado muy poco, todas las grandes obras en las playas, el puerto, las universidades, calles y poblaciones los construyó la Junta de Adelanto en los sesentas, aparte de los crímenes urbanísticos que son nuestras plazas “remodeladas” la mayoría de las construcciones tiene más de 50 años, tal vez cambian los dueños y las fachadas pero todavía está el edificio donde alguna vez funcionó el Casanova, el Cuchi-Cuchi, el Manhattan o el Edificio Richard.
Por eso los sitios de nostalgia con fotos antiguas, como Arica Km 1 y otros por el estilo tienen tanto éxito, casi todos nos ubicamos, la mayoría nos saludamos y muchos estuvimos tomando juntos alguna vez. Es inevitable para un ariqueño que ve esos sitios encontrar gente que conoció, lo que muestra que seguimos siendo un pueblo chico pese a los 180.000 habitantes.
Los chinos, los turcos, los italianos, alemanes, la gente linda, los rotos con plata, las minas de la playa, los profesores, los policías, los empleados municipales, los comerciantes, bancarios, estafadores, bomberos, doctores, almaceneros, figurines, contadores, minas ricas ¡que cantidad de gente!
Creo que por eso muchos que se van de la ciudad viven con nostalgia de esta sociedad promiscua, casi sin clases sociales donde todo el mundo se conoce y desde los locos Vadulli -que en realidad se llaman Dodds-Laspiur y viven en la miseria- hasta doña Eliana Yanulaque -que tiene más plata que yo pecados- todos compartimos algo que en cierto modo nos iguala: la suerte de ser ariqueños. Pero bueno, basta de sentimentalismo barato por hoy. Hasta mañana.
