
Me había acostumbrado a ver todos los domingos el programa “Tolerancia Cero” en Chilevisión y ahora que veo el primer programa sin Melnik -un comentarista relativamente cercano a mis ideas- no pude pasar del primer segmento: me aburrí y me vine a escribir mi entrada de hoy.
¿Será que uno solo puede soportar opiniones que agraden a sus propias ideas? puede ser, pero igual, nunca hasta hoy había encontrado la verborrea de Paulsen tan difícil de entender -debe ser el comentarista menos articulado de Chile- tampoco me había dado cuenta del ansia de Villegas por hacer comentarios inteligentes, o Del Río tratando de decir algo con más ganas que ideas. De Guillier nunca he esperado mucho, creo que es un altavoz de ciertos intereses sin mucha idea propia. En fin, aunque los encuentro muy simpáticos personalmente -especialmente a Guillier- creo que sin Melnik el programa queda aburridamente uniformado, mejor chao nomás.
Apagué la tele cuando discutían sobre la crisis de autoridad y el jarrazo de agua a la ministra, nada nuevo ni original se dijo del asunto, puras trivialidades y lugares comunes. A mi me simpatiza mucho el anarquismo y no tengo ese respeto casi religioso por la autoridad tan metido en la genética chilena. Nunca he conocido a alguien que considere mejor o superior que yo mismo, y aunque debo confesar que muchas veces me he sentido mejor que otras personas, después de pensarlo un rato me doy cuenta que esa es una idea absurda, cada cual tiene su historia, sus luces y sombras, cualquier comparación que hagamos con los demás no vale.
Esa imposibilidad de aceptar que alguien sea superior a mi me ha costado una vida de pobre, es la razón que siempre he encontrado que el trabajo asalariado, dentro de una jerarquía, es humillante. Cuando terminé de estudiar para técnico electrónico trabajé en una empresa donde había un gran comedor donde almorzábamos todos menos los ejecutivos, que tenían un pequeño comedor privado, eso me chocó tanto que decidí estudiar ingeniería contra todas las posibilidades, sabiendo que no podría soportar comer en otro lugar que no sea entre los jefes. Existía antiguamente la propaganda que identificaba bien como me veo a mi mismo, decía “es tan bueno como cualquiera y mejor que muchos”. El ego, siempre el ego, tal vez no sea mejor que nadie pero sin duda creo que me creo tan bueno como cualquiera, pasando por sabios o presidentes dudo que exista alguien mejor que yo.
Y estaba pensando en la relación que normalmente se hace entre el anarquismo y la actitud hostil contra la autoridad, yo creo que allí es donde hay un gran error. Hoy está de moda insultar a la autoridad, escucho por ejemplo lo que habla el Tomás Jr. y sus amigos, o leo el pasquín “The Clinic” que ha hecho un gran negocio explotando esta veta, pero eso no es una idea anarquista sino algo tonto y petulante, de creerse mejores, aunque igual tienen sus propios santos y capillas que veneran. Cuando uno realmente desprecia algo no necesita insultarlo ni tirarle agua en la cara, al contrario, esa es la actitud de rata acorralada, mas propia del cobarde o resentido que de una idea verdaderamente anarquista.
Pasando a otra cosa hoy apareció en El Mercurio el editorial Arica Postergada, ¿que pasará en El Mercurio con Arica? un medio así no da puntada sin hilo y algún interés importante debe andar por ahí dando vuelta para dedicar un reportaje y un editorial en la misma semana, por supuesto que se expone lo que yo llamaría El Tango de Arica, que son las tradicionales quejas de los vivarachos que andan detrás de algún subsidio para su negocio y por supuesto que yo aproveché de comentarlo. Bueno, ya es tarde y mañana tengo que volver a remar a las galeras, nos vemos.