
Que diablos, me gustan los autos. Aunque nunca he soñado con tener un Ferrari o un Alfa Romeo como muchos fanáticos de los autos, yo tengo más bien otra clase de fanatismo que es por el buen diseño. Los autos igual que la gente tienen una personalidad, y son diseñados en base a un concepto que es lo que lo define como un todo. Se usan conceptos como deportivo, familiar, off road, conservadores, de status, raro, agresivo, grande, chico, futurista, en fin, miles de ideas que son las que al final deciden a la gente a comprar en un mercado competitivo.
La mayoría de estos conceptos apelan a ideas bien básicas como la necesidad de aparentar riqueza, la inseguridad o complejo del pene pequeño, el deseo de verse audáz, exitoso, el ansia de conquistar mujeres etc.
Pero también hay algunos conceptos que apelan a criterios más decentes como la economía, mejor relación calidad/precio, o el que a mi me gusta más, el concepto de optimización. Este último supone que el auto está diseñado para optimizar las necesidades de cierto tipo de dueño.
Mi primer auto fue un VW Escarabajo que, junto con la citroneta y el Panhard son los diseños más perfectos que conozco, un auto casi ideal, simple y divertido de manejar, es una experiencia única sentarse detrás del estrecho parabrisas con un volante enorme que se mueve para todos lados mientras uno maneja, se trata de un auto navegador, y uno de los más divertidos que he manejado. Es una mezcla de tanque y máquina de coser, con el infernal ruido de su motor block de cilindros opuastos enfriado por aire. Si tuviera plata encantado me compraría de nuevo un escarabajo.
Luego que mi amigo el Pepe me fundió mi más querido autito, me quedé con el Mitsubishi Colt 1981 de la Pilar, lo compró 0 Km y yo lo recibí con apenas 20.000, a los pocos años le había dado varias vueltas al odómetro. Viajamos por casi todo Chile, a muchos pueblos del altiplano y fue mi zorro del desierto durante los años en que viajaba entre Arica e Iquique todas las semanas. Es un motor tan increíblemente bueno que, después de una mano de gato, 26 años después sigue prestando servicios a la patria convertido en el Green Monster. Si tuviera plata lo reconstruiría completamente, pieza por pieza.
Durante un intermedio en que tuve la mala idea de pelear con la Pilar me compré un Suzuki 550, la trístemente célebre Pulga Maldita, que nunca logré hacer andar una semana sin tener problemas graves. Después de mil inconvenientes terminé repartiendo las piezas por todo Arica.
Luego me compré el CRX que es uno de mis dos autos millonarios, con la plata que he gastado en ese auto me podría haber comprado dos Mercedes Benz, pero es una joya del nuevo diseño. Cada ciertos años le hago un completo overhauling pero me dura poco porque yo soy mala mano para los vehículos. Al final no llevo la cuanta de cuantas veces le he desarmado completo el motor y cuantas lo he pintado. En todo caso ha sido plata bien gastada porque es un auto que me ha dado muchas satisfacciones. Si tuviera plata lo mantendría como un chiche.
Cuando me compré la casa rodante me tuve que comprar la camioneta para tirarla, y así fue como llegué a la Cheyenne 1500 que estaba tan maldita que finalmente se cayó desde el morro y la tuve que destrozar completa. La cadena de gastos, sustos y malos ratos que me trajo esa camioneta fue tan enorme que nunca quise hacer la lista completa, en todo caso estoy seguro que nunca en mi vida he botado tanta plata inutilmente como lo que gaste en la maldita camioneta.
Así, los autos como la gente tienen su propia personalidad, yo he tenido tres geniales y dos antipáticos, las estadísticas están a mi favor. He aprendido tanta mecánica que hasta empecé a publicar un curso hace tiempo, después lo dejé por flojo. Y en mi web abrí una sección llamada Automanía que refleja bien mi manía por los autos.