Tomas Bradanovic

21 enero, 2009

De todo un poco

Archivado en: autos, autos usados, consejales, cores, galileo — tombrad @ 11:01 pm


En Chile está prohibido importar autos usados por culpa del Estatuto Automotriz, un conjunto de leyes del año 1985 para proteger las armadurías de autos de esos años. Tal como pasa con muchos impuestos las armadurías desaparecieron hace años pero el Estatuto Automotriz sigue vigente. La explicación oficial es que se trata de mantener moderno el parque automotriz, pero la prohibición tiene el efecto exactamente contrario, porque está lleno de autos de los años setenta circulando debido al alto precio de los autos nuevos.

Es una estupidez pensar que el gobierno debe mantener vehiculos “modernos”, lo que debe preocuparse es que los vehículos circulen en buen estado, sean del año que sean, y para eso no hay que prohibir nada sino que simplemente hacer las revisiones técnicas como corresponde. La verdad es que los funcionarios del estado no quieren que existan autos baratos, porque si todo el rotaje se compra un auto se les encarece la mantención de los caminos y les queda menos plata para robar. Sin contar con que le echarían a perder el negocio al puñado de importadores de autos nuevos, con los que están más arreglados que mesa de cumpleaños. Yo ando feliz en el Green Monster: Mitsubishi Colt 1981 (28 años) mientras el Honda CRX 1988 (21 años) espera que tenga plata para arreglarlo.
Pasa el verano y todo muy bien, un poco de incertidumbre por el futuro pero a quien le importa tomorrow never comes, soy un tipo de recursos que vive al día y solitos comenzarán a aparecer los negocios. A propósito de negocios, o más bien de negociados ¿Recuerdan el escándalo de los Consejales que nombraron como consejeros regionales a sus esposas, hijos y jefes de campaña?. Cuando pensé que lo habíamos visto todo me encuentro con que unos frescos que ya terminaron su mandato ¡piensan ir ahora a un seminario de capacitación a Ecuador con todos los gastos pagados!. Estos émulos de Pepe Antártico ya perdieron toda la verguenza ¿con que cara andarán por la calle?.
Mejor un poco de ciencia, los regulares de este Templo del Ocio conocen mi admiración por Galileo que, al igual que Einstein era muy bueno para diseñar experimentos imaginarios, ya les conté el de las piedras arrojadas desde la Torre de Pisa y aquí va otro todavía mejor, se llama La Barca de Galileo y es así:
Si dejamos cael una piedra desde lo alto de una torre, caerá verticalmente hasta llegar al piso. Pero si la tiramos horizontalmente describirá una parábola y caerá a cierta distancia de los pies de la torre ¿Ok?. Bueno, imaginemos que dejamos caer esa misma piedra desde el mástil de un barco en movimiento ¿por que la piedra cae verticalmente a los pies del mástil y no más atrás por el movimiento del barco?. Galileo buscó la explicación de esta paradoja en los textos de Aristóteles y no encontró la explicación, finalmente llegó a la conclusión que la piedra cae siempre de manera perfectamente vertical, sin importar si el barco se mueve o está inmovil. De hecho nuestra tierra se mueve a unos 10.800 km por hora en torno al sol (una velocidad considerable) y lo que dejamos caer en la tierra no es afectado por este movimiento, claro que eso Galileo ni sospechaba esto, pero no necesitaba saberlo, tenía una comprensión mucho más profunda del asunto.
Este experimento imaginario aparentemente sencillo tiene un significado muy profundo en física: todos los sistemas de referencia son igualmente válidos y no existe uno preferido, lo que se pensó durante muchos siglos que era “el eter” una substancia sutil, perfectamente inmovil contra la cual todo lo demás se mueve. Con este experimento imaginario Galileo comprendió el principio fundamental de la Teoría de la Relatividad Especial que formuló Einstein varios siglos después.
Para no ser menos, yo haré mi proio experimento imaginario: supongamos que pudiese elegir a los consejeros regionales a mi gusto ¿a quienes colocarñia?, aquí va el resultado de mi experimento:
-Los tres locos Vadulli,
-El Pato Marlon,
-El soldadito de plomo,
-El malabarista de una sola mano,
-La vieja de los gatos,
-El pastor de ¡Pare de Sufrir!,
¡Me falta gente! ¿no ven que falta capital humano en Arica? en todo caso estos son mucho mejores que los que eligieron nuestros honestos consejales.

12 julio, 2007

Automanía

Archivado en: automania, autos — tombrad @ 8:30 pm

Que diablos, me gustan los autos. Aunque nunca he soñado con tener un Ferrari o un Alfa Romeo como muchos fanáticos de los autos, yo tengo más bien otra clase de fanatismo que es por el buen diseño. Los autos igual que la gente tienen una personalidad, y son diseñados en base a un concepto que es lo que lo define como un todo. Se usan conceptos como deportivo, familiar, off road, conservadores, de status, raro, agresivo, grande, chico, futurista, en fin, miles de ideas que son las que al final deciden a la gente a comprar en un mercado competitivo.

La mayoría de estos conceptos apelan a ideas bien básicas como la necesidad de aparentar riqueza, la inseguridad o complejo del pene pequeño, el deseo de verse audáz, exitoso, el ansia de conquistar mujeres etc.

Pero también hay algunos conceptos que apelan a criterios más decentes como la economía, mejor relación calidad/precio, o el que a mi me gusta más, el concepto de optimización. Este último supone que el auto está diseñado para optimizar las necesidades de cierto tipo de dueño.

Mi primer auto fue un VW Escarabajo que, junto con la citroneta y el Panhard son los diseños más perfectos que conozco, un auto casi ideal, simple y divertido de manejar, es una experiencia única sentarse detrás del estrecho parabrisas con un volante enorme que se mueve para todos lados mientras uno maneja, se trata de un auto navegador, y uno de los más divertidos que he manejado. Es una mezcla de tanque y máquina de coser, con el infernal ruido de su motor block de cilindros opuastos enfriado por aire. Si tuviera plata encantado me compraría de nuevo un escarabajo.

Luego que mi amigo el Pepe me fundió mi más querido autito, me quedé con el Mitsubishi Colt 1981 de la Pilar, lo compró 0 Km y yo lo recibí con apenas 20.000, a los pocos años le había dado varias vueltas al odómetro. Viajamos por casi todo Chile, a muchos pueblos del altiplano y fue mi zorro del desierto durante los años en que viajaba entre Arica e Iquique todas las semanas. Es un motor tan increíblemente bueno que, después de una mano de gato, 26 años después sigue prestando servicios a la patria convertido en el Green Monster. Si tuviera plata lo reconstruiría completamente, pieza por pieza.

Durante un intermedio en que tuve la mala idea de pelear con la Pilar me compré un Suzuki 550, la trístemente célebre Pulga Maldita, que nunca logré hacer andar una semana sin tener problemas graves. Después de mil inconvenientes terminé repartiendo las piezas por todo Arica.

Luego me compré el CRX que es uno de mis dos autos millonarios, con la plata que he gastado en ese auto me podría haber comprado dos Mercedes Benz, pero es una joya del nuevo diseño. Cada ciertos años le hago un completo overhauling pero me dura poco porque yo soy mala mano para los vehículos. Al final no llevo la cuanta de cuantas veces le he desarmado completo el motor y cuantas lo he pintado. En todo caso ha sido plata bien gastada porque es un auto que me ha dado muchas satisfacciones. Si tuviera plata lo mantendría como un chiche.

Cuando me compré la casa rodante me tuve que comprar la camioneta para tirarla, y así fue como llegué a la Cheyenne 1500 que estaba tan maldita que finalmente se cayó desde el morro y la tuve que destrozar completa. La cadena de gastos, sustos y malos ratos que me trajo esa camioneta fue tan enorme que nunca quise hacer la lista completa, en todo caso estoy seguro que nunca en mi vida he botado tanta plata inutilmente como lo que gaste en la maldita camioneta.

Así, los autos como la gente tienen su propia personalidad, yo he tenido tres geniales y dos antipáticos, las estadísticas están a mi favor. He aprendido tanta mecánica que hasta empecé a publicar un curso hace tiempo, después lo dejé por flojo. Y en mi web abrí una sección llamada Automanía que refleja bien mi manía por los autos.

>Automanía

Archivado en: automania, autos — tombrad @ 8:30 pm

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Que diablos, me gustan los autos. Aunque nunca he soñado con tener un Ferrari o un Alfa Romeo como muchos fanáticos de los autos, yo tengo más bien otra clase de fanatismo que es por el buen diseño. Los autos igual que la gente tienen una personalidad, y son diseñados en base a un concepto que es lo que lo define como un todo. Se usan conceptos como deportivo, familiar, off road, conservadores, de status, raro, agresivo, grande, chico, futurista, en fin, miles de ideas que son las que al final deciden a la gente a comprar en un mercado competitivo.

La mayoría de estos conceptos apelan a ideas bien básicas como la necesidad de aparentar riqueza, la inseguridad o complejo del pene pequeño, el deseo de verse audáz, exitoso, el ansia de conquistar mujeres etc.

Pero también hay algunos conceptos que apelan a criterios más decentes como la economía, mejor relación calidad/precio, o el que a mi me gusta más, el concepto de optimización. Este último supone que el auto está diseñado para optimizar las necesidades de cierto tipo de dueño.

Mi primer auto fue un VW Escarabajo que, junto con la citroneta y el Panhard son los diseños más perfectos que conozco, un auto casi ideal, simple y divertido de manejar, es una experiencia única sentarse detrás del estrecho parabrisas con un volante enorme que se mueve para todos lados mientras uno maneja, se trata de un auto navegador, y uno de los más divertidos que he manejado. Es una mezcla de tanque y máquina de coser, con el infernal ruido de su motor block de cilindros opuastos enfriado por aire. Si tuviera plata encantado me compraría de nuevo un escarabajo.

Luego que mi amigo el Pepe me fundió mi más querido autito, me quedé con el Mitsubishi Colt 1981 de la Pilar, lo compró 0 Km y yo lo recibí con apenas 20.000, a los pocos años le había dado varias vueltas al odómetro. Viajamos por casi todo Chile, a muchos pueblos del altiplano y fue mi zorro del desierto durante los años en que viajaba entre Arica e Iquique todas las semanas. Es un motor tan increíblemente bueno que, después de una mano de gato, 26 años después sigue prestando servicios a la patria convertido en el Green Monster. Si tuviera plata lo reconstruiría completamente, pieza por pieza.

Durante un intermedio en que tuve la mala idea de pelear con la Pilar me compré un Suzuki 550, la trístemente célebre Pulga Maldita, que nunca logré hacer andar una semana sin tener problemas graves. Después de mil inconvenientes terminé repartiendo las piezas por todo Arica.

Luego me compré el CRX que es uno de mis dos autos millonarios, con la plata que he gastado en ese auto me podría haber comprado dos Mercedes Benz, pero es una joya del nuevo diseño. Cada ciertos años le hago un completo overhauling pero me dura poco porque yo soy mala mano para los vehículos. Al final no llevo la cuanta de cuantas veces le he desarmado completo el motor y cuantas lo he pintado. En todo caso ha sido plata bien gastada porque es un auto que me ha dado muchas satisfacciones. Si tuviera plata lo mantendría como un chiche.

Cuando me compré la casa rodante me tuve que comprar la camioneta para tirarla, y así fue como llegué a la Cheyenne 1500 que estaba tan maldita que finalmente se cayó desde el morro y la tuve que destrozar completa. La cadena de gastos, sustos y malos ratos que me trajo esa camioneta fue tan enorme que nunca quise hacer la lista completa, en todo caso estoy seguro que nunca en mi vida he botado tanta plata inutilmente como lo que gaste en la maldita camioneta.

Así, los autos como la gente tienen su propia personalidad, yo he tenido tres geniales y dos antipáticos, las estadísticas están a mi favor. He aprendido tanta mecánica que hasta empecé a publicar un curso hace tiempo, después lo dejé por flojo. Y en mi web abrí una sección llamada Automanía que refleja bien mi manía por los autos.

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