Recién terminé de leer El Señor de las Moscas, de William Golding. Ni un brillo, malo, reiterativo, esquematizante. Me costó leerlo completo, me tomé varios días a pesar que eran apenas 115 páginas. Parece que hubo una generación completa de escritores ingleses con esa veta moralista y aburrida. Creo que Golding ganó el premio Nobel, que mal. En fin, menos mal que se terminó, ahora lo puedo borrar tranquilo para tener espacio en el disco para cosas más interesantes, algo de porno por ejemplo.
Que diferencia con Graham Greene que escribió perfectas novelas de espionaje: El Factor Humano, El Ministerio del Miedo, El Americano Impasible, El Poder y la Gloria y tantas otras, ese si que era un escritor inglés que valía la pena, hasta el día de hoy no he podido leer Nuestro Hombre en La Habana, si alguien tiene el PDF no sabe como se lo agradecería, para pasar un rato los sinsabores de mi aporreada vida.
No se me ocurre otro buen ecritor inglés, tal vez Oscar Wilde y por supuesto el gran William Shakespeare ¡que buen escritor fue Shakespeare! era contemporáneo de Cervantes y la comparación es inevitable, ni en los días más aburridos de lluvia en Chiloé pude avanzar con el Quijote, un libro estúpido, novela de ideas supuestamente con un gran mensaje, que gran porquería. Si hay algo que creo que está sobrevendido es el Quijote.
Shakespeare en cambio era humano, sus personajes vivos y no esquemas de un solo color. Si leemos con cuidado El Mercader de Venecia, el malvado Shylock es un tipo trágico, una víctima rico en matices y buenas razones para ser como es. Que bien escribió y que sonoro el lenguaje, me encantaría entender bien inglés para escucharlo en su idioma original, con todas las expresiones floridas, arcaicas, pero siempre directas “La vida es una historia contada por un idiota, una historia llena de estruendo y furia, que nada significa”. Shakespeare maestro de escritores, ambiguo y nunca sacando moralejas, creo que la ambiguedad es requisito para todo buen escritor.
A propósito de escritores y críticos me encontré con un documento curioso: lo escribió Alone, comentando Crepusculario, el primer libro de Pablo Neruda, esto fué escrito e 1923 y se nota el acartonamiento para redactar de Alone en esos años, cuando debe haber sido bastante joven, de todas maneras la crítica es de una clarividencia impresionante, pueden leerla aquí.
Lunes otra vez, y un día más en flojilandia. Empieza el otoño que es tan rico como el verano pero sin las playas repletas de turistas y sucias. ¿Que más puedo pedir?, todavía corre en la tarde esa brisa casi tibia, típica de marzo, el mes en que tanto se sufre. Me encontré con el dueño del kiosco de La Lisera y me comentaba lo mismo, que ahora empieza realmente la mejor época sin la manada de turistas, me dijo que cuando volvía a la playa, uhhh, volveré como dijo MacArthur, volveré, apenas tenga algo de plata.
El 9 de este mes se cumplieron 6 años desde que compré la casa rodante, una de las mejores inversiones de mi vida, la presté hace como dos meses y ni tengo idea donde la tendrán, espero que no le pase nada malo, a ver si encuentro una parcela donde guardarla mientras me recupero de mis enfermedades monetarias.
En la tele aparece reforzada la propaganda de los bancos ofreciendo créditos de consumo, de esos que la gente usa normalmente para chutear las deudas unos meses más. En mis años hijitos, los bancos eran muy distintos, la gente se ponía corbata para ir al banco, tener cuenta corriente era un privilegio, un certificado de solvencia. La gente le tenía un terror a sobregirarse, lo que era una situación tan terrible y vergonzosa como es hoy contraer el AIDS, “insolvente” era un gran insulto.
Recuerdo a mi tio Polo, empleado bancario de toda una vida, cuando ser empleado de banco era de gran estatus, personaje conocido y apreciado en Viña del Mar con su preciosa casa de dos pisos en Recreo Alto, esa casa fue siempre mi sueño de lo que significaba la buena vida y el bienestar material. Empleado bancario, un trabajo seguro, socialmente apreciado, sinónimo de caballero, persona de confianza.
Todo eso cambió, junto con muchas otras cosas, hoy nadie se viste para ir al banco o viajar en avión, los mejores clientes a veces tienen algo que ver con el narcotráfico, o con negocios raros, son groseros , malvestidos, pero los tratan con algodones, incluso parece que los bancos contratan a propósito empleados groseros para que empatizen.
Los bancos desnaturalizaron la palabra ejecutivo, que antes se refería a un gerente o algo por el estilo, hoy los ejecutivos de cuenta son simplemente vendedores dedicados a colocar créditos, con metas mensuales que si no las cumplen se van para la casa, además tienen que cuidar a los clientes que se les asignan y si empiezan a perderlos igual chao. Así son personas falsamente cordiales, creo que no hay nada más falso que la relación de un ejecutivo de cuentas con su cliente, porque el trabajo específico de estos ejecutivos es similar al de la copetinera en una boite: desplumar al cliente mientras este cree que le están haciendo un favor muy especial.
Conocí a un ejecutivo de cuentas hace años, que para soportar la presión era un adicto ordenado a la cocaína, mi amigo iba al baño a cada rato y así se mantenía funcionando, lo más divertido es que han pasado unos 20 años y todavía sigue al mismo ritmo, muy pocos sospechan que es vicioso, menos hasta que grado.
Los bancos son hoy una industria de prestar dinero, o más bien de persuadir a la gente que necesitan dinero, por eso el chileno le tiene terror a DICOM, el sistema de registro de la mala historia bancaria, no tener acceso al crédito es la nueva lepra.
Yo estoy en DICOM desde siempre por una antigua deuda al fisco que cada año crece como espuma, padezco felizmente de la lepra de no ser sujeto de crédito, lo que me salva de la odiosa propaganda y hostigamiento de los ejecutivos y sobre todo de pagar intereses para alimentar todavía más a la más rentable de las industrias de Chile: la banca.
Bah, iba a escribir de otra cosa y de nuevo empecé a divagar, mala suerte nomás, tal vez mañana me acuerde.