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No puedo evitar enrabiarme por esta tontera del “bicentenario” La historia que nos enseñan es una colección de fábulas, llenas de héroes que se rasgan la camisa para poner el pecho, pero en realidad la mayoría fueron ineptos, tontos y comidos por la ambición, sus actos los retratan mejor que sus discursos. La mala clase de nuestros padres fundadores es pecado original en toda América Latina, una mochila que cargamos hasta el día de hoy. Siento antipatía por Ohiggins, Carrera, San Martín, Bolivar y toda esa corte de sectarios, megalómanos y marulleros. Pero en fin, es lo que hay nomás y como es el bicentenario estamos obligados a hacer gala de nuestro patriotismo de papier mache, escuchando horribles cuecas y tomando chicha, la bebida diarréica por excelencia.
13 septiembre, 2010
>¿que celebramos el 18?
Ah diablos, como me ponen de mal genio estas celebraciones. Pero toda moneda tiene dos caras y también hemos tenido chilenos dignos de admiración y respeto, que han hecho cosas con pasión genuina, por ese raro sentimiento llamado amor a la patria, que muy de vez en cuando aparece en alguno de nosotros. Los chilenos en general no somos muy patrioteros, para eso nos falta perder un par de guerras, la cosa es que somos bien contradictorios en eso del orgullo patrio y yo como buen chileno medio no soy la excepción.
Desde que tengo memoria he escuchado esos cuentos de que somos los ingleses o los siuzos de América del Sur, que somos mejores, que la canción nacional salió segunda después de la Marsellesa, que las mujeres chilenas son las más lindas del mundo, que Colo Colo es Chile, la garra araucana y toda esa basura. Mitología pura, propia de vivir en un país aislado que nos hace provincianos e ignorantes. Cuando un chileno sale de América Latina se da cuenta lo parecidos que somos con nuestros vecinos y también aprendemos a apreciar las riquezas de su cultura. Son lo nuestro como bien dicen los latinos que viven en USA.
Pero tampoco me voy a dejar llevar por esos arrebatos de latinoamericanismo, así como no hay dos personas iguales, tampoco encontramos países iguales, cada vez que viajo a Tacna me traslado a otro planeta igual que los propios peruanos de la costa cuando viajan a la sierra, somos parecidos pero no iguales. En fin, solo quería desahogarme un poco en medio de tanta explosión patriotera. Al diablo con poner la bandera chilena, la ocasión no lo amerita.
Porque ¿que celebramos en realidad el 18 de septiembre? una independencia muy a la chilena, hipócrita, donde nadie dijo una palabra sobre liberarse del yugo español ni mucho menos, simplemente le querían guardar el puesto al Rey de España mientras Napoleón lo tenía desbancado, ese era el propósito declarado de casi todas nuestras “independencias”, mientras que en secreto los libertadores soñaban convertirse en reyecitos ellos mismos o traer algún príncipe inglés o francés para gobernar a la plebe, solo acuérdense de Mexico.
Mejor cambio de tema, estuve un buen rato tratando de acordarme del nombre de un cuento de Ray Bradbury acerca de dos ciudades chinas que estaban juntas, de pronto una comienza a crecer y deciden ponerle una muralla con la forma de un cerdo, el mandarin de la ciudad vecina se preocupa porque la muralla de su ciudad tiene forma de una naranja y ya sabemos lo que comen los cerdos, entonces decide cambiar la forma de su ciudad a la de un garrote para golpear al cerdo. La otra ciudad cambia su forma a una hoguera para quemar el garrote, como respuesta su vecina cambió a la forma de un lago para apagar el fuego. Y así sucesivamente, al fin encontré el famoso cuento, se llama La dorada Cometa, el Plateado Viento y pueden leerlo aquí.
Durante años fui fanático de Ray Bradbury, no se cuando dejó de gustarme pero es el único escritor de ciencia ficción que me ha interesado, bueno, tal vez Julio Verne igual. La cosa es que me acordé de este cuento porque me pareció una buena descripción de la relación entre las ciudades de Arica y Tacna y tal vez podría servir para ilustrar nuestro proyecto de integración desde las fronteras.
La casa está convertida en una sucursal del hospital, tenemos una tía de casi 90 años que está muy enferma y cada viaje al doctor es una pequeña odisea donde aprovecho de maldecir a los maestros peruanos que me construyeron la escalera de la muerte. Pero en fin, es lo que hay nomás, paciencia y buen humor. Hasta mañana.
5 septiembre, 2010
Un chancho bicentenario
Veintiun kilos pesaba el chanchito, lo comimos entre doce, las costillas las pusimos al ahumador, los riñones se los comió el arquituerto, la cabeza y las manitos se usaron para preparar una cazuela que se estuvo cocinando por casi seis horas y todo el resto se fue para el horno de barro con harto romero de la casa. Seme pasó tomarle una foto a la colita tostada, que también se fue para el plato.
La señora Elsa apareció con pan amasado recién salido de su horno, estaba tan rico que era un crimen echarle pebre, me lo comí solo, una delicia. Hablando de delicias había unas yucas y camotes de la parcela de un color amarillo y un sabor riquísimo. Tomamos cerveza, ron y harto vino. En fin, no todos los años es bicentenario, hay que celebrar. Algunas fotos de la comilona pueden verlas Aquí ¡hasta cuando nos hace pasar hambre este gobierno de derechistas chupasangre!
A mi amigo Marco, el arquituerto, le mandan todos los años una pierna de proscuito con un queso desde Capitán Pastene y me contaron que se transforma en el jamón itinerante. Primero se va a la casa de la Milena donde le sacan algunas lonjas, luego le manda a sus hijas en Santiago y Coquimbo para finalmente aterrizar en su casa, ¡es el proscuito viajero! a ver si alcanzo a comer una tajadita para matar la lombriz más que sea.
En fin, aparte de dormir, comer y tomar no he hecho mucho. Me estoy reponiendo de una semana agotadora y creo que pasaré un par de semanas sin hacer nada para recuperar mi equilibrio natural, de hecho, ya me dieron ganas de ir a dormir. Buenas noches.