Tomas Bradanovic

17 agosto, 2010

Filosofía griega

Archivado en: billetes falsos, consenso — tombrad @ 11:35 am

El falso consenso es una técnica de propaganda o guerra psicológica que aprovecha los medios de comunicación para colocar ideas u objetivos políticos como verdades indiscutibles en la opinión pública. Lo usan de manera amplia los activistas homosexules, políticos de todos colores, ambientalistas, curas, en fin, todos los que tienen interés en colocar y difundir su propia agenda en la gente.

Generalmente los falsos consensos se colocan de manera más o menos sutil, por ejemplo cuando los curas hablan de los valores tradicionales de nuestra sociedad, o los homosexuales hablan de la tolerancia como un valor que todos estaríamos obligados a compartir, o cuando alguien pretende que su particular visión de los derechos humanos es un estandar y quienes no lo comparten son unos bárbaros, en fin, siempre que ocupan alguna de estas frases se está armando un falso consenso. Como la opinión pública normal es -en promedio- bien ignorante y acepta con facilidad los argumentos de autoridad, el falso consenso tiene como objetivo separar a la gente normal de los raros. Durante los años de los militares se hablaba de los “chilenos bien nacidos”, en los años que siguieron se puso de moda ser “republicano”, ambos conceptos son parte del mismo embuste, solo que dirigido a públicos diferentes.
Pensaba en esta clase de propaganda cuando leí un artículo de Manuel Riesco en El Mostrador que empieza así: Existe disposición del gobierno y la oposición para incrementar los cargos a las mineras privadas por la explotación de recursos que pertenecen a la nación. Ello es muy positivo y refleja el amplio consenso nacional respecto que los cargos actuales son muy insuficientes.
Que lindo ejemplo de falso consenso, bien burdo pero me trajo a la memoria de otros más sofisticados que tantas veces nos tragamos sin que nos demos cuenta, especialmente cuando coinciden con nuestras propias ideas sobre algún asunto.
Lo que parece lógico está lleno de trampas, nada más fácil que engañarse con algo que a primera vista se ve como lógico y razonable, justo hoy recibí de Lilian una divertida historia que lo ilustra, la copiaré en extenso:
En la antigua Grecia (469-399 AC) Sócrates era ampliamente admirado por su sabiduría. Un día,uno de sus amigos llegó donde el corriendo muy excitado y le dijo “Socrates, ¿sabes de que me acabo de enterar acerca de Diógenes?”

“Espera un momento”, respondió Socrates, “antes que me digas nada tienes que pasar por una pequeña prueba del triple filtro”

“¿Triple filtro?” le preguntó el amigo.

“Si”, replicó Sócrates, “antes que me digas nada acerca de Diógenes, tomemos un momento para filtrar lo que vas a decirme. El primer filtro es la verdad ¿estás absolutamente seguro, sin asomo de duda, que lo que vas a decirme es verdad?”

“No”, dijo el amigo, “realmente es algo que no he visto personalmente, lo se de oídas”.

“Perfecto”, dijo Sócrates, “o sea que no sabes si es verdad o no. Probemos el segundo filtro, el filtro de la bondad ¿lo que vas a decirme sobre Diogenes es algo bueno?”

“Oh no”, replicó el amigo, “todo lo contrario”

“Así”, continuó Sócrates, “¿tu quieres decirme algo sobre Diogenes que puede ser malo, aunque no estás seguro si es verdad o no?”

El amigo asintió, un poco avergonzado. Sócrates continuó de la siguiente manera “sin embargo todavía podrías pasar porque hay un tercer filtro, el filtro de la utilidad ¿crees que lo que vas a decirme sobre Diogenes podría resultar útil para mi”

“Realmente, creo que no”

“Bien”, concluyó Sócrates, “si lo que vas a decirme no es Verdadero, Bueno ni Util, ¿para que te molestas en decírmelo?”

Así el amigo se retiró avergonzado. Este es un ejemplo de por que Sócrates fue tan gran filósofo y por que todos lo tenían en tan grande estima.

Eso también explica por que Sócrates nunca se enteró que su esposa le ponía los cuernos con Diogenes. Hasta mañana.

5 septiembre, 2008

Para sufrir nacimos

Archivado en: billetes falsos, problemas — tombrad @ 7:53 pm


Nunca me lo hubiera imaginado, la Tía Rica ahora paga con billetes falsos.

La historia es la siguiente: la señora de un buen amigo fue a empeñar unos anillos de platino y brillantes para cubrir un apuro económico, luego, al ir a depositár la plata en el banco le dicen que uno de los billetes (el que se muestra en la foto) era falso. Volvieron a reclamar y le tuvieron retenido el billete tres días, luego el jefe se los devolvió bien timbrado como FALSO con la típica respuesta del burrócrata: que no se podía hacer nada y que ella debió haberse dado cuenta en el momento de recibir el billete.

¿Que se puede hacer ante un caso así? yo habría puesto una denuncia en el Ministerio Público contra la Dirección de Crédito Prendario por estar distribuyendo billetes falsos, lo que obviamente es un delito. Se supone que una institución del estado no puede hacerse la desentendida después de pagar con un billete falso, porque con eso incentiva a que la gente siga haciendo circular el billete ¿como no obligan a sus cajeros a revisar los billetes que usan para pagar? ¿como es posible que respondan “perdiste nomás por no darte cuenta” ante el reclamo?, esa es una actitud de delincuente más que de funcionarios del estado. Que rabia, los burócratas endiosados detrás de su ventanilla, abusando de la más minúcula parcelita de poder.

Conversaba con una amiga con intenciones de ir a un psicólogo y me preguntó que pensaba de la idea. Me hizo recordar mis años negros -que ahora recuerdo con simpática nostalgia- cuando yo era muy infeliz, claro que en ese tiempo no me hacía maldita gracia. Entonces pensaba todos los días que tenía que cambiar mi personalidad y mejorar mis defectos, entonces creía que había una manera correcta de ser y estaba muy lejos de como yo era, me quebraba la cabeza pensando como arreglar tantas cosas que tenía falladas. Tenía grandes ambiciones y me desesperaba porque no era capaz de conseguir nada de lo que ambicionaba.

Demás está decir que no tenía un peso en el bolsillo y miraba con desesperación la idea de llevar para siempre una vida de pobre, ni hablar de ir a un psicólogo, primero tenía que conseguir para comer y pagar el arriendo. Creo que si hubiese tenido plata feliz hubiese ido, es grande la tentación de ir y pagarle a alguien para que nos dé la receta que solucionará nuestros problemas.Pero no creo que exista ninguna receta para esos problemas y los psicólogos pueden ser muy útiles, pero para las personas que están realmente enfermas de la cabeza, por lo que yo he visto, respecto de los problemas comunes ellos también tienen montones, tal como todos nosotros, y a veces peores, mal nos pueden dar alguna receta.

Los problemas: siempre tenemos muchos y si no los tenemos los inventamos, esos son los peores pero creo que nadie puede solucionarlos, tal como cuando tenemos más insomnio mientras mas tratamos de dormir, algunos problemas se vuelven incontrolables mientras más tratamos de controlarlos. Hay que dejarlos nomás, hacernos la idea que los problemas son inevitables mientras estemos vivos y acotumbrarnos a la idea de vivir con ellos. Seguramente la gente se suicida cuando no acepta la idea de vivir con problemas, pero igual se les puede sacar algún provecho, al final los problemas o nos tumban o nos fortalecen.

¿Que hacer cuando las cosas no salen como esperamos? aguantar nomás, igual cuando estamos atrapados en una situación insoportable, cuando tenemos más ambición que logros, cuando nos humillan o nos tratan mal, agachar la cabeza y seguir para adelante: no que no mata nos hace fuertes, dicen. Tolerar las frustraciones es una de las cosas más útiles y valiosas que podemos aprender, la cárcel está repleta de tipos incapaces de soportar la frustración. Bueno, eso uno lo dice después, cuando lo peor ya ha pasado pero creo que es lo mejor saberlo cuando la está pasando mal. De algún modo las cosas siempre se arreglan llegado el momento.

Mirando para atrás yo recuerdo casi puros malos momentos, lo malo persiste mucho más en la memoria, mientras que lo bueno se olvida rapidito y de manera natural, hay que hacer un esfuerzo para rcscatarlo, en cambio mucho después que ha pasado algo desagradable le seguimos dando vuelta, al diablo con todo, si al final vamos a estirar la pata y nadie se va a acordar de lo que ahora nos parece tan importante. Por eso yo describo acá cada buen momento que he pasado, cosa que no se me olvide a la hora de hacer el inventario.

Hoy tuve un buen día, debería estar saltando en una pata porque me están resultando cosas que he ambicionado por mucho tiempo, sin embargo estoy como si nada. Si me hubiera pasado una desgracia, aunque fuera chiquitita, estaría muy deprimido. Parece que es normal eso de que para sufrir nacimos.

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