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Dicen que en política se vota con el estómago y que, más que por cuestiones de ideología, la gente apoya o ataca a los políticos por simpatías o antipatías personales. Yo estoy de acuerdo con eso y cuando finalmente estire la pata y me hagan la autopsia, al abrirme el estómago, lo que saldrá será algo más o menos así:
Los seis políticos que me caen bien (los buenos):
Raúl Alcaíno y José Piñera: porque Alcaíno es modesto, apagado, eficiente y solucionador de problemas, un típico ingeniero civil, además es de los pocos que piensa que la política es un asunto serio. José Piñera, creo que es el chileno más inteligente que hemos tenido, autor de la única innovación chilena de nivel mundial y la arquitectura de detalle de buena parte de nuestra milagrosa transformación económica. Cualquiera de los dos es mi carta para presidente de Chile.
Jorge Schaulson: es sencillo, habla claro y no transa, tiene pensamiento independiente sin medir las consecuencias. Ricardo Lagos Weber: el negativo de su padre, no es mesiánico ni presumido, habla como cualquier persona común, izquierda ligth, de la variante simpática. Gabriel Valdés: caballero, llegó a la edad en que puede decir lo que se le ocurra pero eso no lo ha ensorbecido como a otros, que a esa edad les da por creerse sumos pontífices. Tomás Moulian: buen intelectual, escribe bien y sin anteojeras, fue un adelantado en los años 80.
Los tres me caen especialmente mal (los malos):
Oscar Landarretche Moreno, Marco Enriquez Ominami, Pepe Auth. hijitos de su papá que nunca le han ganado a nadie, atorrantes y presumidos al cuete, lo digo sobre su actuación política y sin ánimo de ofender por si acaso. Ah mejor no sigo, dejémoslo en que me caen mal nomás. Aunque Enriquez parece el menos saco de plomo de los tres.
Los muchos otros me caen mal (los feos):
Todos los demás diputados, senadores, militantes y dirigentes políticos. A la a la mayoría los encuentro bien tontos, tipos que están allí por esas casualidades de la suerte que ni ellos se lo explican, tratando de hacer su papel de autoridades sin que se note mucho que son unos pobres diablos. Otros pocos son trepadores, hipócritas y mafiosos, también hay uno que otro delincuente de cuello blanco.
Ah, pero hay dos mujeres que las encuentro adorables a pesar de su siutiquería y sus tontas ideas políticas: Isabel Allende (la escritora) y Monserrat Nicolás. Por más que trato de enojarme con las tonteras que escriben no hay caso, me caen bien por inteligentes y desfachatadas.
Y antes que se me olvide, no puedo dejar pasar a otro que me cae bien, el maximun egolatrum Fernando Flores que -dentro de su rotería, sus ideas desubicadas y repletas de clichés- creo que vale mucho más que cualquier otro que haya pasado por el senado porque tuvo más entusiasmo y buenas intenciones que todos los honorables juntos. Creo que fue una pérdida para el senado y para la región de Arica.
En fin, ahí está el vaciado de mi estómago político, lo que explica por que habitualmente he anulado mi voto. Mejor pasemos a otra cosa.
Para no salir completamente del tema, que curiosa la irrupción de Brigitte Bardot en política, la ex musa de Robert Vadim apareció declarando que “alguien se tiene que preocupar de los animales” anunciando su candidatura para presidenta de Francia. En verdad es que desde hace muchos años BB viene protestando contra la matanza de focas y en toda clase de causas de protección de animales. Es muy raro ese amor enfermizo que empieza con las mascotas y después se extiende hacia los animales salvajes, dándole características de seres humanos. Yo jamás he entendido a la gente que piensa así.
Los animales no son iguales a los seres humanos porque nosotros competimos y nos alimentamos de ellos, no es una evolución del pensamiento igualar a los animales con las personas, creo que es una especie de enfermedad mental que lleva a muchos problemas y contradicciones. No veo nada de malo en mimar a una mascota, pero a esos activistas de los derechos animales sin duda que les falta un tornillo.
El verdadero atentado contra los derechos humanos es el aspecto actual de Brigitte Bardot, que a los 75 años no envejeció con gracia. Recuerdo cuando que chico me colé escondido al cine Recoleta a ver Y Dios Creó a la Mujer, película que me dio alimento espiritual durante varios años. Ah, bueno. En fin.