Estaba hojeando el programa del módulo que empezamos a estudiar este viernes, llamado Dirección del Capital Humano. Como tiene un punto que se llama “planeamineto de vida y planeamiento de carrera” yo lo haré enseguida y así aprovecho de escribir mi entrada de hoy a este Templo del Ocio. Sin más trámites, aquí va:
Nunca me ha gustado trabajar. Hay unas pocas cosas a las que le tengo terror y son el miedo a las alturas, a tener obligaciones laborales y a las inyecciones. Otras personas le tienen miedo a la pobreza, al hambre o a la muerte, a mi nada de eso me asusta pero la idea de trabajar me provoca horribles pesadillas. Y no es chiste.
Solo dos veces en mis 54 años de accidentada vida lo he hecho, en 1975 durante tres meses hice la práctica de técnico electrónico en la industria IRT, era uno de los mejores trabajos que uno se pueda imaginar: el sueldo bueno, un bus nos pasaba a buscar y a dejar a la casa, trabajaban más de 1.500 mujeres, la mayoría solteras y casi todos los fines de semana hacían las famosas fiestas de toque a toque (toda la noche), nos daban desayuno, almuerzo y café todo de primera pero me enfurecía ver como había un comedor chiquito, aparte para los jefes, no me enojaba que tuvieran el privilegio, sino que yo no lo tuviese, y estuviera obligado a comer con los del montón. Jamás me imaginé que podría envejecer metido en eso como soñaba la mayoría de mis compañeros.
33 años después, el 2008, después de un año completo de cesantía y sin ver un solo peso, un gran amigo me ofreció ir a trabajar a la Municipalidad de Tacna, aguanté siete meses en otro trabajo poco menos que ideal, iba día por medio y lo pasábamos excelente en fiestas y comilonas, sin embargo en diciembre ya no aguantaba más y con dolor de mi alma preferí volver a la cesantía antes de seguir siendo un asalariado. Yo debo ser el compañero de trabajo ideal porque nunca he pensado en hacer carrera en ninguna parte.
Por eso he buscado durante toda mi vida la manera de vivir sin trabajar, he probado con muchas formas y algunas me resultaron pésimo como mis intentos de vendedor o de empresario, dos cosas para las que claramente no sirvo. Otras me han resultado bastante bien, en mis primeros años profesionales trabajé programando computadores y me fue tan bien que me permitió viajar y comprar mi primer auto, años después pasé a hacer proyectos de inversión pública donde tuve unos años muy buenos cuando compre la casa, auto, camioneta y casa rodante. Otra cosa en la que me ha ido bien es haciendo estudios y, al fin, así me las he arreglado para vivir durante tantos años sin tener que contraer las odiosas obligaciones laborales.
Lo bueno de vivir haciendo estudios y dando consejos es que pasa todo lo contrario que con los asalariados, que pierden valor a medida que envejecen, yo mientras más viejo voy juntando más clientes y más reputación, cada año tengo en reserva más clientes potenciales que el año anterior, en el peor de los años no acumulo ni uno, pero jamás pierdo. Veo en cambio a profesores que han hecho una larga carrera en la universidad y que por estar viejos les ofrecen plata para que se vayan, el problema es que si se van nadie les va a dar un trabajo, es su muerte en términos profesionales.
Lo malo es que puede pasar un año o más sin que nadie se interese en mis valiosos servicios y ahí es cuando vienen las vacas flacas, pero ya estoy acostumbrado, que le hace el agua al pescado. Creo que he llegado a acumular una buena cantidad de gente que me aprecia profesionalmente especialmente si tomamos en cuenta la sociedad tan credencialista en que vivo, mis credenciales académicas -para estos tiempos- son bien exiguas. Por eso tuve mucha suerte cuando don Pancho Alfred me llamó para que hiciera clases en la Escuela de Negocios, creo que ahí puedo mejorar bastante mi falta de credenciales.
Los que han trabajado en la universidad saben que un profesor hora es lo más bajo de la escala: el goma, que hace los trabajos difíciles por una remuneración simbólica. Pero los que no conocen la universidad a fondo, o sea la mayoría de la gente en la industria y los negocios, se impresionan con la idea de el profesor universitario, y creen que soy poco menos que la versión ariqueña de Igor Saavedra. Además tengo mi escritorio y puedo invitar allí a mis posibles clientes y pedirle a algún amigo que me llame por teléfono en medio de la conversación para aparecer como un tipo ocupado e importante, eso es marketing personal.
El MBA también ayuda, aparte que ha resultado interesante y he hecho muy buenos amigos, ahora puedo opinar de ciertas cosas sin que me digan “y quien soi vos patudo?”, así es como en mi comentario de La Estrella de hoy coloque una reflexión sobre como debería ser la estrategia regional de desarrollo, para eso estoy estudiando un MBA pues. Vivimos en un mundo credencialista y a mi nunca me ha preocupado mucho la mentira, no me produce conflictos morales ni nada de eso, miento todo el tiempo, encantado. Creo que la mentira y el alcohol son los dos lubricantes sociales más perfectos que existen.
Entonces, como la cuestión era “planteamiento de vida y planteamiento de carrera” el mío es simple: vivir sin tener que trabajar, mejorar mi marketing personal con algo de credencialismo y seguir en lo mismo hasta que la parca tome su guadaña y corte el hilo dorado de mi vida, entonces estiraré la pata, me pondrán el terno de palo y me irán a enterrar a algún hoyo de bajo presupuesto en el cementerio de Azapa para que muchos siglos después los arqueólogos me encuentren y me coloquen en una vitrina “el hombre de Chinchorro”. Ese es mi planteamiento de carrera, más o menos.