Tomas Bradanovic

2 diciembre, 2009

Vida y carrera

Archivado en: buena vida, carrera — tombrad @ 1:19 pm

Estaba hojeando el programa del módulo que empezamos a estudiar este viernes, llamado Dirección del Capital Humano. Como tiene un punto que se llama “planeamineto de vida y planeamiento de carrera” yo lo haré enseguida y así aprovecho de escribir mi entrada de hoy a este Templo del Ocio. Sin más trámites, aquí va:

Nunca me ha gustado trabajar. Hay unas pocas cosas a las que le tengo terror y son el miedo a las alturas, a tener obligaciones laborales y a las inyecciones. Otras personas le tienen miedo a la pobreza, al hambre o a la muerte, a mi nada de eso me asusta pero la idea de trabajar me provoca horribles pesadillas. Y no es chiste.

Solo dos veces en mis 54 años de accidentada vida lo he hecho, en 1975 durante tres meses hice la práctica de técnico electrónico en la industria IRT, era uno de los mejores trabajos que uno se pueda imaginar: el sueldo bueno, un bus nos pasaba a buscar y a dejar a la casa, trabajaban más de 1.500 mujeres, la mayoría solteras y casi todos los fines de semana hacían las famosas fiestas de toque a toque (toda la noche), nos daban desayuno, almuerzo y café todo de primera pero me enfurecía ver como había un comedor chiquito, aparte para los jefes, no me enojaba que tuvieran el privilegio, sino que yo no lo tuviese, y estuviera obligado a comer con los del montón. Jamás me imaginé que podría envejecer metido en eso como soñaba la mayoría de mis compañeros.
33 años después, el 2008, después de un año completo de cesantía y sin ver un solo peso, un gran amigo me ofreció ir a trabajar a la Municipalidad de Tacna, aguanté siete meses en otro trabajo poco menos que ideal, iba día por medio y lo pasábamos excelente en fiestas y comilonas, sin embargo en diciembre ya no aguantaba más y con dolor de mi alma preferí volver a la cesantía antes de seguir siendo un asalariado. Yo debo ser el compañero de trabajo ideal porque nunca he pensado en hacer carrera en ninguna parte.
Por eso he buscado durante toda mi vida la manera de vivir sin trabajar, he probado con muchas formas y algunas me resultaron pésimo como mis intentos de vendedor o de empresario, dos cosas para las que claramente no sirvo. Otras me han resultado bastante bien, en mis primeros años profesionales trabajé programando computadores y me fue tan bien que me permitió viajar y comprar mi primer auto, años después pasé a hacer proyectos de inversión pública donde tuve unos años muy buenos cuando compre la casa, auto, camioneta y casa rodante. Otra cosa en la que me ha ido bien es haciendo estudios y, al fin, así me las he arreglado para vivir durante tantos años sin tener que contraer las odiosas obligaciones laborales.
Lo bueno de vivir haciendo estudios y dando consejos es que pasa todo lo contrario que con los asalariados, que pierden valor a medida que envejecen, yo mientras más viejo voy juntando más clientes y más reputación, cada año tengo en reserva más clientes potenciales que el año anterior, en el peor de los años no acumulo ni uno, pero jamás pierdo. Veo en cambio a profesores que han hecho una larga carrera en la universidad y que por estar viejos les ofrecen plata para que se vayan, el problema es que si se van nadie les va a dar un trabajo, es su muerte en términos profesionales.
Lo malo es que puede pasar un año o más sin que nadie se interese en mis valiosos servicios y ahí es cuando vienen las vacas flacas, pero ya estoy acostumbrado, que le hace el agua al pescado. Creo que he llegado a acumular una buena cantidad de gente que me aprecia profesionalmente especialmente si tomamos en cuenta la sociedad tan credencialista en que vivo, mis credenciales académicas -para estos tiempos- son bien exiguas. Por eso tuve mucha suerte cuando don Pancho Alfred me llamó para que hiciera clases en la Escuela de Negocios, creo que ahí puedo mejorar bastante mi falta de credenciales.
Los que han trabajado en la universidad saben que un profesor hora es lo más bajo de la escala: el goma, que hace los trabajos difíciles por una remuneración simbólica. Pero los que no conocen la universidad a fondo, o sea la mayoría de la gente en la industria y los negocios, se impresionan con la idea de el profesor universitario, y creen que soy poco menos que la versión ariqueña de Igor Saavedra. Además tengo mi escritorio y puedo invitar allí a mis posibles clientes y pedirle a algún amigo que me llame por teléfono en medio de la conversación para aparecer como un tipo ocupado e importante, eso es marketing personal.
El MBA también ayuda, aparte que ha resultado interesante y he hecho muy buenos amigos, ahora puedo opinar de ciertas cosas sin que me digan “y quien soi vos patudo?”, así es como en mi comentario de La Estrella de hoy coloque una reflexión sobre como debería ser la estrategia regional de desarrollo, para eso estoy estudiando un MBA pues. Vivimos en un mundo credencialista y a mi nunca me ha preocupado mucho la mentira, no me produce conflictos morales ni nada de eso, miento todo el tiempo, encantado. Creo que la mentira y el alcohol son los dos lubricantes sociales más perfectos que existen.
Entonces, como la cuestión era “planteamiento de vida y planteamiento de carrera” el mío es simple: vivir sin tener que trabajar, mejorar mi marketing personal con algo de credencialismo y seguir en lo mismo hasta que la parca tome su guadaña y corte el hilo dorado de mi vida, entonces estiraré la pata, me pondrán el terno de palo y me irán a enterrar a algún hoyo de bajo presupuesto en el cementerio de Azapa para que muchos siglos después los arqueólogos me encuentren y me coloquen en una vitrina “el hombre de Chinchorro”. Ese es mi planteamiento de carrera, más o menos.

24 octubre, 2009

El inútil de la familia

Archivado en: buena vida, estudios, sacrificio — tombrad @ 9:27 pm


Otro duro día de clases, desde las 8:30 AM, mañana y tarde, la vida nos exige sacrificios. A propósito el -excelente- profesor de marketing estratégico (Alexis Gutierrez, seco) nos contaba de varias personas que conoce en Santiago que han hecho gran carrera, una fortuna y sin embargo no se sienten satisfechos, toda la vida trabajando como burros de carga, sacrificando a su familia y muchas aspiraciones personales. Contaba el caso de algunos altos ejecutivos que finalmente colapsan, dejan todo de lado y se dedican a la beneficencia o cosas por el estilo.

Pensaba entonces que tal vez yo tomé el camino abreviado, odio los sacrificios y siempre he colocado antes que todo mi satisfacción personal, solo hago lo que me gusta, o lo que me interesa. Claro que así no llego a ninguna parte y probablemente nunca voy a juntar plata ni a destacarme en nada, el perfecto don nadie o como le decían a Joaquin Edwards Bello el inútil de la familia, ese es el costo, pero toda moneda tiene dos caras: que yo recuerde desde hace muchos años dejé de sentirme insatisfecho, claro que a veces ando preocupado como todo el mundo, pero tengo esa felicidad negativa de desear que todo siga igual como ahora. Con que nada cambie yo sería feliz como una lombriz. No quiero más ni menos de nada, debe ser la filosofía china de mi tocayo que me está contagiando: buena suerte, mala suerte ¿quien sabe?.
A todo esto creo que no había comentado como me gusta estar estudiando, claro que es una porquería levantarse temprano, pero he disfrutado cada una de las clases, no tengo la presión de pensar en que voy a trabajar ni nada de eso, pero estoy aprendiendo cosas que me interesan mucho. En verdad yo siempre tuve una especie de esquizofrenia entre la ingeniería y las humanidades, con el paso del tiempo me interesa más el comportamiento de las personas que las fórmulas y los modelos matemáticos, es mucho más entretenido. Es medio ridículo ponerme a estudiar a mi edad, pero -a diferencia del pregrado cuando vivía angustiado por las notas- ahora lo paso bomba, no es chiste. Cuando yo sea Presidente del Mundo voy a becar a todos los viejos para que estudien una nueva carrera, seguro que ahí se les terminan las depresiones y los achaques.
Ayer viernes en la mañana estaba durmiendo siesta en la casa rodante y me golpean la puerta, era mi amiga Mila Bulic que se vino de Nueva York a vivir a Arica y hacía varios meses que no nos veíamos, estaba paseando por la playa con la perra dálmata de sus vecinos. Mila lleva tres años viviendo en aburrilandia, cambió un gran trabajo en Standard and Poors, en el 55 de Water Street (los que conocen el lugar sabrán la diferencia) por una casita en la población tierras blancas, frente a la playa Chinchorro. Rudy, su marido, era personal trainer y también ganaba muy buena plata, ahora tiene un pequeño gimnasio en la casa y da clases particulares a una fracción de lo que ganaba antes.
Bueno, lo que les quería comentar fue la sorpresa que tuve al verla, como dije hacía harto tiempo que no nos juntábamos y me sorprendió su cambio físico y psicológico. Recordé cuando recién llegó a Chile, con sobrepeso, crispada, de mal humor -yo soy bien sensitivo a las expresiones y el lenguaje corporal- con una enfermedad cardiaca seria, en fin, era la imagen del agotamiento. Ayer vi a otra persona, relajada, en buena forma, contenta. Creo que si cualquiera de estos día se le ocurre volver a Nueva York, recordará el tiempo que pasó en Arica como la buena vida. Me encantó verla tan bien.
También pude comprobar una vez más que tengo sex appeal con los perros, la perrita dálmata que Mila estaba paseando se tiró furiosa a morderme, Mila la contuvo y me explicó que le tenía furia a las personas porque la mantenían encerrada. La cosa es que le estiré la mano y después de titubear por unos segundos me empezó a oler y pasar la lengua, en menos de un minuto ya éramos amigos íntimos. Tengo muy buen feeling con los perros, no así con los caballos. Me acerco a un caballo y en seguida se pone a corcovear ¿que será? seguramente que huelen el miedo.
En fin, ya estoy cansado y mejor me voy a dormir. Tal vez mañana nos juntemos en la parcela del pueblo con mi amigo Viera y con Franco, otro gran amigo que viene de Lima. Como ven, la vida nos exige sacrificios.

16 noviembre, 2008

Mi talento

Archivado en: buena vida, parcela, ponchera — tombrad @ 7:20 am


¡Qué descansada vida
la del que huye el mundanal ruïdo
y sigue la escondida
senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!

Eso fue lo que hizo nuestro amigo Carlos Fuentes, que dejó por un momento sus conferencias internacionales -más de 500 a la fecha- y se vino para Arica a comer un curanto que hicieron en su honor en la Parcela del Pueblo. Carlos es uno de los mejores asesores de empresa que hay en Chile y nos contaba que su tema actual es la gestión del talento. También estaba en la mesa el físico Tito Torres así es que talento había de sobra. Que bonita tarde, llena de amistad y recuerdos. Claro que yo los conozco hace solo hace unos 25 años, ellos se conocen casi el doble.

Choros maltones, almejas, lapas, chorizo, carne, pollo, todo cocinado en vino con bastante ají rocoto y aceite de oliva de la casa, que maravilla, tiempo que no me comía un curanto tan rico. Para que hablar de las cantidades de vino y cerveza. Bueno, bueno, no todo van a ser tragedias, también hay un momento para pasarlo bien. Las fotos pueden verlas AQUI.
A propósito de la mala gestión del talento creo que ese es uno de los problemas grandes que tenemos: la gente equivocada en el lugar equivocado. Tengo un amigo que es excelente artista, pintor de primera pero trabaja como actuario de Tribunales, imagínense la doble vida y con que ganas hará su trabajo. Conozco artistas en cambio que lo harían mucho mejor en una oficina. Creo que nadie es completamente inútil, bueno, puede que yo sea la excepción, pero casi todos tienen un talento especial para algo, el asunto es que rara vez trabajamos en las cosas que hacemos mejor.
Así es como vemos a un tipo fundamentalmente distraído como yo, haciendo un trabajo que requiere orden y concentración, o a gente metódica y con inclinación a la rutina tratando de hacer un trabajo que necesita creatividad, por eso el trabajo es una maldición bíblica, excepto cuando una organización se preocupa de identificar el potencial de las personas y los coloca adonde pueden rendir mejor. De otro modo todos se andan dando cabezasos tratando de hacer bien cosas para las que no tienen talento, lamentable, pero pasa en casi todas partes.
En fin, parece que mi talento es para probar colchones, con lo que me gusta dormir pasaría todo el día acostado. Hoy amanecí más flojo que de costumbre, no escribo más, hasta mañana.

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