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La baja de popularidad del presidente Piñera no fue estrepitosa, pero si importante y muestra que la buena suerte no dura para siempre, hay que ayudarla un poquito y parece que eso es algo que en el gobierno no quieren hacer. Carlos Larraín, el aristocrático presidente de Renovación Nacional -que me cae muy bien- culpó a la oposición de haber enlodado el nombre de Piñera, vinculándolo a la sorprendente elección en la Asociación de Fútbol, se equivoca don Carlos, igual que don Otto cuando pilló a su señora haciendo el amor con su amigo Fritz en el sillón: vender el sillón no soluciona nada.
Pero no se equivoca del todo, es claro que la popularidad de Piñera se resintió por culpa de la elección, pero los opositores tuvieron poco o nada que ver con el asunto, es el propio sentido común de la gente quienes sumamos 2+2 y concluímos que se trató de una vendetta personal armada por el presidente. ¿Por qué? Las razones están a la vista: el desaire de Bielsa, la rivalidad con Maine Nicholls y sobre todo los intereses económicos del propio Piñera en Colo-Colo, el principal club de fútbol de Chile.
Es increíble que alguien con una reputación de inteligente como es Piñera -o al menos de exitoso- no se haya dado cuenta del tremendo error de juicio que está cometiendo. ¿Por qué sigue dueño de acciones de Colo-Colo y junto con su consuegro mantienen el control del club? Yo presumo que su manera de pensar es más o menos así: los hinchas del fútbol son fanáticos, si controlo el principal club de fútbol tendré a unos cuantos millones de fanáticos que me apoyarán.
Ese argumento que parece tan lógico, tiene un enorme error de concepto, porque los hinchas son fanáticos del equipo y por lo general aborrecen a los dueños del club deportivo, a quienes ven -con bastante razón casi siempre- como una banda de mafiosos, ladrones de cuello y corbata que se aprovechan de la hinchada. O sea en lugar de comprar popularidad se compró odio y desprestigio. Si tuviera una pizca de sentido común debería desprenderse de todo lo que lo ligue al Colo-Colo de inmediato. Pero quien va a convencerlo.
Leo en Wikipedia que cuando un general desfilaba victorioso por las calles de Roma, tras él un siervo se encargaba de decirle al oído “memento mori” (recuerda que eres mortal) para recordarle las limitaciones de la naturaleza humana, con el fin de impedir que incurriese en la soberbia y pretendiese, a la manera de un dios omnipotente, usar su poder ignorando las limitaciones impuestas por la ley y la costumbre.
Durante el absolutismo, los reyes por derecho divino siempre tenían en su corte un bufón, un tipo generalmente deforme, enano o sumamente feo que tenía dos funciones principales: la obvia era hacer reir al rey pero además era el único que le podía decir en su cara los reales errores y estupideces que cometía, el bufón podía decirle al rey lo que quisiera sin cometer nunca el desacato. Shackespeare escribió mucho sobre este importante papel del bufón, como cuando le dice al rey Lear “no debiste haber envejecido antes de llegar a ser sabio”, cosa que a cualquier otro le hubiese costado la cabeza.
El propio Hamlet se hace el loco y juega a ser el bufón de su padrastro y en su monólogo conversa con el cráneo de Yorick, un bufón con el que se divertía cuando niño. No es coincidencia que las preguntas más intrigantes y dolorosas de su vida se las haga a la calavera de su bufón.
Es increíble la falta que hacen los bufones en nuestros tiempos, presidentes y reyezuelos se rodean de una corte de aprovechadores que simulan ser incondicionales, pero no encontramos la figura del bufón, nadie se atreve a decirle a Piñera que está cometiendo una estupidez o un acto de locura -como advertía el bufón al rey Lear- porque toda la camarilla tiene privilegios y altos sueldos que cuidar.
Hoy casi no llama la atención cuando un funcionario público muestra fidelidad casi perruna hacia sus superiores, una cantidad de alabanzas exageradas, incondicionales y ridículas. Todos lo consideran normal, como si parte de las obligaciones del trabajo fueran la alabanza exagerada e hipócrita, al fin y al cabo están cuidando su chamba, todos saben que se trata más o menos de una charada.
Cuando yo estudiaba en la universidad solíamos decir en broma que si a alguien le empieza a ir bien lo primero que se consigue es un goma, que hace todos los trabajos desagradables por él y si le va muy bien agrega un perkins que es una especie de amigo comprado, quien entre sus deberes lo acompaña a tomar, le enciende el cigarro, le asegura que el éxito no lo ha cambiado para nada, escucha sus problemas y sobre todo le consigue minas.
Un goma y un perkins son los símbolos de status de cualquier tipo con éxito. Lo chistoso es que el goma normalmente termina traicionando al exitoso, mientras hace el trabajo callado y con cierto resentimiento le va quitando poco a poco el piso. Eso es algo que lo hemos visto con los años entre nuestros compañeros se cumple con una precisión casi matemática. Yo no tengo vocación de poder, ni de goma ni de perkins pero si de bufón, habría sido feliz en la edad media trabajando de bufón.