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¿Que pasó con los boleros? que música más linda y con grandes compositores, una columna de Fredy Gambetta me trajo a la memoria los boleros que tanto me gustan: Contigo en la Distancia; Total; Tu me acostumbraste; Angustia; Noche de ronda; Cuando ya no me quieras; Reloj; Solamente una vez; Sabor a mi; Quiéreme mucho; Usted, ah que cantidad de buenas canciones y para que decir los cantantes: Leo Marini; Agustín Lara; Cuco Sanchez; Lucho Gatica; Pedro Vargas.
¿Que pasó con toda esa música? El último gran compositor de boleros fue Armando Manzanero y de allí nadie más. En los noventas el insoportable Luis Miguel grabó una serie de boleros famosos y después de eso nunca más se supo. Para mi los boleros son la música clásica de América Latina -bueno, también está el tango- pero la ambición de mi vida ha sido siempre tener un repertorio de boleros que pueda tocar en el piano, es la música que me encanta. Exijo que vuelvan los boleros y que aparezcan nuevos compositores de esa bellísima música. Para que decir que la canción de Un viejo amor, cantada por Pedro Vargas es la novena sinfonía del género, nada menos. A todo esto ¿será un bolero? parece que no.
Mejor sigamos con el capital humano. Estuve escuchando una entrevista a José Piñera en Radio Agricultura
que pueden escuchar AQUI, acerca de las AFP y la educación, lo que me da pie para escribir la segunda parte de este asunto, aquí voy:
Ya dijimos que el trabajo y el estudio son actividades desagradables que generalmente deben ser recompensadas. Esa es la lección cero de capital humano: los trabajadores y estudiantes -en condiciones normales- buscarán minimizar su esfuerzo, trabajando o estudiando lo menos posible. Por eso es más o menos normal que en lugar de capital humano lo que se tiene es lastre humano.
¿Como convertir entonces este lastre en capital? Mañana tengo una reunión en el colegio que voy a asesorar y me enfrento exactamente con ese problema. Tengo un grupo de profesores que me dan la impresión que ser buenas personas, no creo que sea difícil motivarlos, pero mi objetivo es que obtengan mejores resultados. Yo les voy a pedir que mejoren sus resultados y ellos tendrán que pedirlo a sus alumnos, cualquier eslabón que falle romperá toda la cadena. Nada depende de una sola persona sino de una cadena que puede romperse en cualquier punto.
Creo que el problema del recurso humano no es individual sino un asunto social, depende del comportamiento sincronizado de todos y por eso la metáfora de
“todos remando para el mismo lado” es bastante exacta. En un colegio o cualquier empresa, siempre existe
la tragedia de los comunes donde la maximización del resultado individual va contra el resultado social. Por eso es tan difícil convertir el lastre humano en capital humano, hay que tratar de convencer a todos para que acepten perder un poco en el corto plazo para -supuestamente- ganar a la larga.
No solo hay que convencer a los profesores sino que además a los alumnos y los padres: basta con que un peldaño falle y toda la escala se va al diablo. ¿Y como se puede conseguir esta sincronía para que todos acepten sacrificarse? Yo creo que hay que mirar que tienen diferente los colegios o empresas de mejor desempeño: reputación, mística, auto motivación, en fin, valor de marca.
Existen emociones básicas que son las más fuertes, mucha gente extraordinaria ha crecido gracias al resentimiento, la envidia o complejos de inferioridad de clase, todos queremos distinguirnos pero no todos lo hacemos de la misma manera. Lo que diferencia colegios buenos de los malos es la manera de distinguirse, lo que se considera sweet: En un colegio malo se destaca el esceptico, individualista y desconfiado que no se deja engrupir con facilidad. En los colegios buenos se destacan los tipos más confiados y sociales. Mientras el escéptico se arranca de la competencia porque piensa que es inútil, los sociales buscan competir y medirse.
Las dos actitudes son racionales y no dependen de las personas sino de su percepción de lo que pueden obtener del sistema, los individualistas y los sociales son así porque perciben que así conviene ser y por lo general no se equivocan. En los colegios malos ocurre algo parecido al transantiago donde conviene no pagar pasaje y el que paga es un tonto penalizado por partida doble: debe pagar por él y financiar a los que no pagan; mientras que el que viaja gratis se beneficia doblemente: recibe el servicio y no paga.
En los colegios buenos en cambio ocurre como en los buses europeos, donde todos están convencidos que mientras más sean los que pagan, los pasajes se mantendrán baratos, así aceptan un sacrificio personal soportable a cambio de un beneficio mayor que esperan recibir a largo plazo.
Pero no es solo una cuestión de motivación, porque los beneficios percibidos además tienen que ser reales. Pensemos por ejemplo en un colegio municipalizado, que está escaso de matrícula donde los profesores no pueden dejar alumnos repitiendo de curso ni expulsar a nadie, porque eso los dejaría sin alumnos ¿que motivación pueden tener alumnos y profesores para esforzarse, si saben que todos van a pasar hagan lo que hagan? Es como pedirle a la gente que viaja sin pagar en el Transantiago que compre su pasaje, apelando a sus buenos sentimientos. Absurdo porque si no ganan nada pagando no lo harán.
Podemos motivar a los alumnos de colegios municipalizados hasta cierto punto, pero cuando se dan cuenta que la motivación no les entrega ningún beneficio adicional porque no están aprendiendo lo que necesitan, o porque el colegio pasa en huelga, o porque todos pasan de curso igual, hagan lo que hagan ¿para que van a sacrificarse? Lo racional es el mínimo esfuerzo.
No es solo motivación lo que se necesita, también tiene que existir marca y los beneficios percibidos deben verse en la realidad. Eso se ve muy claro en los pocos colegios buenos que existen, pero el problema es como pasar de malo a bueno, esa es la cuestión.