
Hace pocos día entregaron los resultados de la Prueba de Selección Universitaria y se repitió el tradicional etiquetado entre tontos e inteligentes que se viene repitiendo desde antes que yo fuera un jovencito, cuando en 1973 rendí lo que entonces se llamaba Prueba de Actitud Académica. Todos los años es un ritual más o menos parecido, cuando entrevistan en el diario a los “puntajes nacionales” y salen muchachos diciendo que piensan ser médicos, exhibiendo su promedio cercano al 7 en las notas de enseñanza media y todo eso, son los niños modelo.
23 diciembre, 2009
El estigma
Por otro lado están los porros, esos que les fue como el agujero porque el puntaje solo les alcanza para las carreras mal pagadas o sin estimación social. Después de esta prueba se les coloca una marca en la frente que puede ser una estrella dorada o un estigma vergonzoso, según cuantos puntos hayan sacado. A partir de este punto muchas veces se desarrolla la profecía auto cumplida, el que sacó bajo puntaje se convence que es un bruto y se dedica a marcar el paso por el resto de su vida, no solo en los estudios sino en todo lo demás que intenta, lo convencieron desde temprano que su papel era el de un mediocre. Por si algún muchachin que está empezando sus estudios superiores lee esto, le voy a contar un poco mis desventuras de donde podrían sacar ideas que tal vez les puedan servir.
Algunos nos hemos escapado del estigma, tomando las cosas con calma, haciendo un planeamiento de carrera de largo plazo y dando el tiempo para conseguir las propias metas. Recuerdo que la primera vez que di la prueba me fue más o menos igual que al Tomás Jr. y estuve un día o dos medio choqueado al comprobar que no era un Einstein como siempre había pensado. Después revisando mis opciones vi que no había modo de cumplir mi plan de estudiar ingeniería electrónica en la UTFSM ¡soy un sansano frustrado! ¿será por eso que a veces hablo contra la enseñanza en esa universidad? ¿estaré respirando por la herida? bah.
Bueno, la cosa es que por casualidad pasé por Inacap donde había un letrero que decía “Técnico Universitario en Electrónica”, entré a preguntar y justamente la carrera la daba la escuela de técnicos de la UTFSM, o sea que al menos podía ser un mini-me-sansano. Cuando uno tiene un plan, aunque las cosas no resulten, solas van apareciendo otras alternativas, todo se junta. Cuando terminé mi carrera de mini sansano tuve que hacer la práctica profesional: el mundo del trabajo me dejó tan horrorizado que decidí seguir estudiando sea como sea, entonces dí la prueba nuevamente.
Entré a ingeniería de ejecución electrónica (no existía la civil en Arica en esos años) y después de muchas aventuras, que incluyeron la vuelta al mundo cuando ya estaba terminando, saqué por fin mi titulucho. En esos años ya se había creado la carrera de ingeniería civil electrónica y entonces tuve que tomar una decisión estratégica importante: o seguía estudiando en la misma área o me dedicaba a ganar plata y experiencia en otras cosas. Para esos años ya no me interesaba la electrónica, en cambio la programación de computadores me estaba dando plata y me gustaba porque me abrió las puertas al mundo de la administración y los negocios, algo que normalmente a los ególatras ingenieros nos pesa no dominar.
Y así pasaron los años entre aventuras y desventuras, cesantía, grandes proyectos y mucha plata, empresario, comerciante, bancarrota y finalmente me fui encausando a los estudios y proyectos que me volvieron a dar bastante plata. Y así, años buenos, años malos, vacas gordas, vacas flacas. Muchas veces angustiado pero nunca frustrado o aburrido. Nunca me he arrepentido del planeamiento de carrera que siempre he tratado de seguir: evitar el trabajo asalariado como si fuera AIDS.
Lo importante no es si las cosas se dan bien o mal, lo que vale es tener una estrategia, una idea clara de lo que uno quiere y lo que uno desprecia. ¿Podría ser que trabaje con un salario un par de años? claro, la necesidad tiene cara de hereje y parrafaseando al potato el hambre es más fuerte. Pero lo importante es tener claro que eso no me gusta y que estoy dispuesto a tomar riesgos y sacrificarme para evitarlo mientras pueda.
Muchas veces me he preguntado por que todas las cosas, parece que solas se me fueron dando, no es nada sobrenatural, es lo lógico si uno tiene una dirección y no se aparta de eso. Recuerdo que cuando recién había salido de la universidad, un gran amigo mío era gerente de una empresa de comunicaciones local y me dijo que como el se iba a otro lado por que no postulaba para su puesto, era un trabajo seguro y muy bueno, hasta preparé un currículum. Pero cuando llegó el momento de presentarse pensé que ese no era mi plan, me fui de vacaciones a Santiago para evitar la tentación y no me presenté. Los que supieron el asunto me dijeron que era un loco irresponsable dejando pasar la oportunidad, ahora que lo miro en el tiempo me doy cuenta que esa fue una de mis mejores decisiones estratégicas ¿que habría sido de mí vestido de corbata todos los días aplastando las nalgas frente a un escritorio?. No quiero ni imaginarlo.
Nunca he tratado de influenciar en las decisiones del Tomás Jr, ya debe saber lo que hace y sobre todo empezar a pagar el precio de sus equivocaciones, con padres protectores un tipo no aprende jamás nada porque la experiencia es la mejor escuela. Pero si algo le puedo recomendar es que se haga un planteamiento de carrera a 5, 10 y 20 años, aunque las cosas no resulten que siga siempre con esas ideas, entonces se dará cuenta que empiezan a pasar cosas que parecen casualidades pero no lo son, es lo más natural. Y claro, si algún mozalbete imberbe -o no tanto- lee esto y piensa que le puede servir le recomiendo que lo aplique, pensar estrategicamente es el secreto, no para que las cosas salgan bien -eso es imposible- sino para hacer las cosas a nuestra pinta: my way or the hard way.
2 diciembre, 2009
Vida y carrera
Estaba hojeando el programa del módulo que empezamos a estudiar este viernes, llamado Dirección del Capital Humano. Como tiene un punto que se llama “planeamineto de vida y planeamiento de carrera” yo lo haré enseguida y así aprovecho de escribir mi entrada de hoy a este Templo del Ocio. Sin más trámites, aquí va:
Nunca me ha gustado trabajar. Hay unas pocas cosas a las que le tengo terror y son el miedo a las alturas, a tener obligaciones laborales y a las inyecciones. Otras personas le tienen miedo a la pobreza, al hambre o a la muerte, a mi nada de eso me asusta pero la idea de trabajar me provoca horribles pesadillas. Y no es chiste.
Solo dos veces en mis 54 años de accidentada vida lo he hecho, en 1975 durante tres meses hice la práctica de técnico electrónico en la industria IRT, era uno de los mejores trabajos que uno se pueda imaginar: el sueldo bueno, un bus nos pasaba a buscar y a dejar a la casa, trabajaban más de 1.500 mujeres, la mayoría solteras y casi todos los fines de semana hacían las famosas fiestas de toque a toque (toda la noche), nos daban desayuno, almuerzo y café todo de primera pero me enfurecía ver como había un comedor chiquito, aparte para los jefes, no me enojaba que tuvieran el privilegio, sino que yo no lo tuviese, y estuviera obligado a comer con los del montón. Jamás me imaginé que podría envejecer metido en eso como soñaba la mayoría de mis compañeros.
33 años después, el 2008, después de un año completo de cesantía y sin ver un solo peso, un gran amigo me ofreció ir a trabajar a la Municipalidad de Tacna, aguanté siete meses en otro trabajo poco menos que ideal, iba día por medio y lo pasábamos excelente en fiestas y comilonas, sin embargo en diciembre ya no aguantaba más y con dolor de mi alma preferí volver a la cesantía antes de seguir siendo un asalariado. Yo debo ser el compañero de trabajo ideal porque nunca he pensado en hacer carrera en ninguna parte.
Por eso he buscado durante toda mi vida la manera de vivir sin trabajar, he probado con muchas formas y algunas me resultaron pésimo como mis intentos de vendedor o de empresario, dos cosas para las que claramente no sirvo. Otras me han resultado bastante bien, en mis primeros años profesionales trabajé programando computadores y me fue tan bien que me permitió viajar y comprar mi primer auto, años después pasé a hacer proyectos de inversión pública donde tuve unos años muy buenos cuando compre la casa, auto, camioneta y casa rodante. Otra cosa en la que me ha ido bien es haciendo estudios y, al fin, así me las he arreglado para vivir durante tantos años sin tener que contraer las odiosas obligaciones laborales.
Lo bueno de vivir haciendo estudios y dando consejos es que pasa todo lo contrario que con los asalariados, que pierden valor a medida que envejecen, yo mientras más viejo voy juntando más clientes y más reputación, cada año tengo en reserva más clientes potenciales que el año anterior, en el peor de los años no acumulo ni uno, pero jamás pierdo. Veo en cambio a profesores que han hecho una larga carrera en la universidad y que por estar viejos les ofrecen plata para que se vayan, el problema es que si se van nadie les va a dar un trabajo, es su muerte en términos profesionales.
Lo malo es que puede pasar un año o más sin que nadie se interese en mis valiosos servicios y ahí es cuando vienen las vacas flacas, pero ya estoy acostumbrado, que le hace el agua al pescado. Creo que he llegado a acumular una buena cantidad de gente que me aprecia profesionalmente especialmente si tomamos en cuenta la sociedad tan credencialista en que vivo, mis credenciales académicas -para estos tiempos- son bien exiguas. Por eso tuve mucha suerte cuando don Pancho Alfred me llamó para que hiciera clases en la Escuela de Negocios, creo que ahí puedo mejorar bastante mi falta de credenciales.
Los que han trabajado en la universidad saben que un profesor hora es lo más bajo de la escala: el goma, que hace los trabajos difíciles por una remuneración simbólica. Pero los que no conocen la universidad a fondo, o sea la mayoría de la gente en la industria y los negocios, se impresionan con la idea de el profesor universitario, y creen que soy poco menos que la versión ariqueña de Igor Saavedra. Además tengo mi escritorio y puedo invitar allí a mis posibles clientes y pedirle a algún amigo que me llame por teléfono en medio de la conversación para aparecer como un tipo ocupado e importante, eso es marketing personal.
El MBA también ayuda, aparte que ha resultado interesante y he hecho muy buenos amigos, ahora puedo opinar de ciertas cosas sin que me digan “y quien soi vos patudo?”, así es como en mi comentario de La Estrella de hoy coloque una reflexión sobre como debería ser la estrategia regional de desarrollo, para eso estoy estudiando un MBA pues. Vivimos en un mundo credencialista y a mi nunca me ha preocupado mucho la mentira, no me produce conflictos morales ni nada de eso, miento todo el tiempo, encantado. Creo que la mentira y el alcohol son los dos lubricantes sociales más perfectos que existen.
Entonces, como la cuestión era “planteamiento de vida y planteamiento de carrera” el mío es simple: vivir sin tener que trabajar, mejorar mi marketing personal con algo de credencialismo y seguir en lo mismo hasta que la parca tome su guadaña y corte el hilo dorado de mi vida, entonces estiraré la pata, me pondrán el terno de palo y me irán a enterrar a algún hoyo de bajo presupuesto en el cementerio de Azapa para que muchos siglos después los arqueólogos me encuentren y me coloquen en una vitrina “el hombre de Chinchorro”. Ese es mi planteamiento de carrera, más o menos.
