Tomas Bradanovic

28 octubre, 2008

Yo sé más que mi mecánico

Archivado en: chasquilla, maestro, mecanico — tombrad @ 12:05 pm


Comprobado, yo se más que Chimaja. Hoy por fin encontré al maldito mecánico después de perseguirlo por más de un mes, mientras trataba de hacer partír el auto y no podía, buscaba un cortocircuito pero en realidad es el carburador que quedó mal armado, se lo dije una y otra y otra vez hasta que me hizo caso y partió. 

Finalmente le pagué el arreglo de los frenos, nos despedimos y me llevaba el auto muy tranquilo cuando al pisar el pedal del freno antes de una bajada muy empinada se me fue al fondo. No hay caso, estoy condenado a seguir pasando malos ratos.

El maestro chasquilla es el gran patrimonio de América Latina, a veces hay unos pocos muy buenos que saben de todo y son baratos, pero también hay millones de tipos que no tienen idea de lo que hacen, ni siquiera aprenden echando a perder y en la mitad del arreglo, cuando se dan cuenta que les quedó grande, se esconden o arruinan una y otra cosa dejando todo peor que cuando la recibieron. Así me pasó con el Richi Urbina, el peor de todos los maestros chasquillas que he conocido, que me cambió el motor a mi camioneta. Si hiciera una lista de todos los desastres, engaños y chambonadas que hizo y cuanto me costaron me vuelvo loco. Bah, mejor me olvido, a lo hecho, pecho.

¿Que hacer en estos casos? son como los desastres naturales, más o menos inevitables. La alternativa es ir a talleres “serios” donde cobran diez veces más caro y por lo general son igual de incompetentes. Para colmo nos atiende un tipo arrogante, mejor sigo probando con los chasquilla, total, a veces le he apuntado.

Una amiga me contaba que el fin de semana tuvo su día negro y parece que me anduvo contagiando. Yo ando por el borde de un día depresivo, de esos que te caen encima como una frazada negra: todo mal, miramos para adelante y no hay ningún futuro, luego miramos para atrás y vemos una cadena de golpes de la mala suerte, tratamos de pensar en algo bueno y nos encontramos con una mala cara, que diablos. Cada pequeño contratiempo se va sumando a nuestra percepción que estamos en un día malo, todo se alínea para que nos sintamos peor.

Como los ciclos económicos, seguimos adelante con altos y bajos, como no me van a pasar desgracias a mí si hasta Ricardo Claro con todos sus millones se murió, por lo menos yo todavía estoy vivo. Ya pasará todo lo malo y beberemos leche y miel en el paraíso musulman agasajados por siete mil vírgenes, Insh Allah. Por mientras sigo esperando que Chimaja me arregle el auto de una vez por todas.

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