
Parece que no es solo de Chile, en toda América Latina la mayor parte de la izquierda es caviar: izquierdistas si, jamás rotos. Miren ese economista chileno de aristocrático apellido, don Manuel Riesco con sus ideas que harían temblar a Fidel Castro, o recuerden al compañero Salvador Allende, el pije, uno de los grandes exponentes de el selecto club de los izquierdistas-nunca-rotos.
La verdad es que como alguna vez escribió Lafourcade, la única nobleza en Chile es la del Rey del Calzoncillo, o el Rey del Mote con huesillos, pero dime de lo que te jactas y te dire que te falta, casi todos tenemos aspiraciones de pertenecer a buena familia o, a lo menos, no provenir del rotaje, en Chile somos extremadamente aspiracionales.
En Perú le llaman cholear, en Chile es rotear y la gente de izquierda es la que más rotea, es una esquizofrenia bien curiosa, una personalidad dividida en “yo amo a los pobres a pesar de mi buena cuna”, lo más chistoso es que la buena cuna es normalmente ficticia ¿hay buena cuna en Chile?, es un sentimiento ingenuamente culposo, imitativo. Yo tuve muchos amigos del MIR en los setentas y todos roteaban, era increíble el clasismo de la ultra izquierda, podían emocionarse hasta las lágrimas trabajando en los campamentos pero jamás, personalmente, bajarían a hacerse amigos de un roto.
Los antecedentes familiares -que no pasan de ser un accidente biológico como el tamaño de la nariz o el color del pelo- son motivo de obsesión y orgullo para muchos de estos amigos del pueblo, Carlos Altamirano Orrego que llevaba la batuta acelerando el proceso durante la Unidad Popular insistía en que lo nombraran con ambos apellidos y cada vez que podía aclaraba que “a pesar de provenir de buena familia…” etc. Incluso mucho antes, en el siglo IXX, doña Juana Ross de Edwards era la mayor fortuna de Chile y la zarina de la beneficencia nacional, fue precursora de estos amigos del pueblo.
Yo creo que todo esto viene de la iglesia: jesuítas, salesianos y todos esos curas y monjas imbuídos del espíritu de caridad cristiana, en el valor de la limosna disfrazada de solidaridad, formaron en sus colegios pagados generaciones de amigos de los pobres. La formación de la iglesia fue muy eficiente en su veneno, al imbuirles el sentimiento de culpa a los niños por ser los privilegiados, existiendo tanto dolor en el mundo, los colegios de curas y monjas con sus patrocinios y sus excursiones a los barrios pobres, con sus profesores resentidos, furiosos fustigadores de los ricos son un fenómeno muy Latinoamericano.
De todo lo que escribo alguien podría creer que los izquierdistas-pero-no-rotos me caen mal. Nada de eso, por lo general son la gente más simpática y muchas veces los más inteligentes, tengo muchos más amigos progresistas que liberales, no son mala gente, solo fueron víctimas de un sistema social que ha ido mezclando el arribismo con el resentimiento durante siglos. Sus padres, igenuamente los mandaron a colegios de curas o monjas y allí les arruinaron la mente con el guilt complex, unos pocos evolucionan pero la mayoría se quedan pegados y se mueren con las ideas de todos iguales, pero yo más igual que todos.
¿Quien no conoce a uno de estos izquierdistas, discriminadores, excluyentes, miradores en menos? ¿quien no ha visto a un diputado o un SEREMI, que viene recién saliendo de la nada, ninguneando a un mozo en el restaurant, mientras se hace el chistoso?, yo los he visto montones de veces. Pero como dije, no es su culpa. Ser piojo resucitado es parte de nuestra genética, inclusive para los que nos jactamos de ser “puro pueblo” ¡a mi me carga el rotaje!.