
Arica es la ciudad más rara de Chile, no cabe duda de eso. La reciente noticia de que serían desguasados los dos muelles existentes en Chinchorro por orden de la Gobernación Marítima demuestra que vivimos en uno de los lugares más insólitos del planeta. La explicación del Capitán de Puerto fue que “se trata de construcciones abandonadas, que presentan serios riesgos de seguridad” si es por eso habría que botar buena parte de la infraestructura turística de Arica.
En Arica si algo está malo no se ordena arreglarlo, por el contrario, se derriba. Porque preservar no está en la cultura ariqueña, hay que botar, demoler, derrumbar. Una vez escuché a un importante arquitecto ariqueño que decía “si pudiera, pasaría una motoniveladora por todo el casco antiguo para construirlo de nuevo”. Menos mal que no puede.
Los viejos muelles de pescadores en todo el mundo se reciclan para instalar restaurants cuando cumplen su vida útil, ¿puede haber algo más rico que comer con las olas rompiendo bajo los pies?, lástima que en Arica esto no podría ser porque la misma Gobernación Marítima prohibió hace años la venta de bebidas alcoholicas en territorio de su jurisdicción. Los que conocimos Arica en los años noventa recordamos que la Playa Las Machas fué un atractivo turístico de gran importancia, lleno de restaurants rústicos al estilo de los chiringuitos de España, pero a algún Capitán de Puerto se le debe haber ocurrido que eso era un peligro y voló de una plumada con todo un sector lleno de actividad económica. Gracias a esa decisión hoy la playa se ha convertido en el lugar desolado, favorito para ir a tomar en la vía pública y es donde se han producido los peores accidentes que se recuerden.
Tengo mucho respeto y admiración por la Armada de Chile y se que cumplen una labor de primera importancia especialmente en Arica al cuidado de nuestra frontera marítima, pero definitivamente hay asuntos para los que parecen no estar preparados. Me ha tocado ver personalmente cuando hay accidentes en la playa y se producen las vacilaciones entre Carabineros, Servicios de Rescate y Marinos por temor a crear conflictos de competencia, eso no tiene ningún sentido, la Marina para el mar, para lo que han sido excelentemente preparados y es su misión fundamental.
Pero como no se va a cambiar la ley de un día para otro y las Capitanías de Puerto seguirán teniendo jurisdicción reglamentaria sobre el borde costero por muchos años, lo lógico sería apelar a la buena voluntad y al buen criterio para que actúen con discresión y usen moderadamente sus facultades legales. Lo que se hizo en Chinchorro hace varios años al restringir las concesiones fue un golpe mortal al turismo, lo que se hace ahora ordenando el desguase de dos muelles, por obras de asignación directa, mediante un curioso sistema de pago en especies y sin ninguna de las garantías formales de una licitación pública me parece un error. ¿Que pasará si el trabajo queda mal hecho y los ejecutores dejan el fondo lleno de peligrosos espigones de fierro?, sospecho que, una vez más, terminaría pagando Moya.