Tomas Bradanovic

12 enero, 2009

Slow city

Archivado en: chinchorro — tombrad @ 2:31 pm


El clima y la geografía deben modelar bastante el modo de ser de las personas. Me cuenta mi amigo Juan que hoy en Nueva York hay 10 grados celcius bajo cero y que cada ciertos días hay que levantarse muy temprano para sacar las costras de hielo que se acumulan en el auto, este invierno la sola cuenta del gas para calefacción es alrededor de US$ 300 ¿como trabajará la gente en esas condiciones? hay que tener mucho punch para vivir allá y ni me imagino como será más al norte, en Canadá o Alaska por ejemplo.

Seguramente por eso la gente de Puno, los judíos del Perú, son tan buenos para el trabajo, en el altiplano hay lugares tremendamente desolados y frios durante casi todo el año, donde el que no se mueve muere congelado. Pensar que yo me deprimo en los días grises de invierno cuando no sale el sol en Arica y corre un viento helado a la gélida temperatura de 11 grados celcius. Leyendo la Enciclopedia de Arica del doctor Renato Aguirre, me encuentro con algunos hechos que dan claves para nuestra manera de ser. 

En la época de los Chinchorro, unos 8.000 años antes de Cristo la vida ya era fácil en Arica por su condición de oasis donde había alimentos silvestres durante todo el año, para que hablar de la pesca que siempre fué abundante gracias a la Corriente de Humboldt. Los primitivos habitantes de Arica tenían mucho tiempo libre y no desarrollaron grandes construcciones, ni complicada tecnología simplemente porque no la necesitaban. ¿Para que querían construcciones en un lugar donde hasta hoy se puede dormir a la interperie sin problemas durante todo el año? ¿para que si el alimento era tan abundante que no era necesario almacenarlo? ¿para que necesitaban carros con ruedas si no había que trasladar nada y bastaba agacharse para recoger mariscos en las playas?.
Arica ya debe haber sido aburrida hace más de 10 mil años y como los Chinchorro no tenían nada que hacer se deben haber pasado el tiempo especulando y haciendo cosas inútiles como las momias. Yo no creo que hayan tenido una religión muy elaborada porque no hay evidencia de grandes rituales, probablemente las momias se hacían por diversión, para matar el tiempo y para decorar las “casas” poniendo la momia del muertito en algún lugar de honor. Esa es la antiquísima vocación de Arica: lugar de los ociosos, paraíso de los vagos. Y no seré yo el que vaya contra nuestras rancias tradiciones.
Tal como nuestros antiquísimos conciudadanos se pasaban el día momificando a su parentela muerta yo me dedico a algo similarmente inútil que es a escribir este blog, donde voy contando cada día las naderías que me pasan por la cabeza, el blog es como una versión moderna de las momias de Chinchorro, un inútil Templo del Ocio, donde se le rinde culto diario y devoto al far niente y se desenmascara a los fariseos que hablan acerca de la nobleza del trabajo y estupideces por el estilo.
Como buen ariqueño neto yo aprecio la vagancia, la divagación y las especulaciones inútiles ¡que cosa más noble pasar un buen rato al lado de la ventana mirando a la Playa Chinchorro!. En fin, creo que hay algo más noble todavía y es lo que voy a hacer enseguida: me iré a dormir una siesta a la casa rodante en la playa, hasta luego.

17 julio, 2008

Otra decisión equivocada

Archivado en: chinchorro — tombrad @ 9:33 pm


Arica es la ciudad más rara de Chile, no cabe duda de eso. La reciente noticia de que serían desguasados los dos muelles existentes en Chinchorro por orden de la Gobernación Marítima demuestra que vivimos en uno de los lugares más insólitos del planeta. La explicación del Capitán de Puerto fue que “se trata de construcciones abandonadas, que presentan serios riesgos de seguridad” si es por eso habría que botar buena parte de la infraestructura turística de Arica.

En Arica si algo está malo no se ordena arreglarlo, por el contrario, se derriba. Porque preservar no está en la cultura ariqueña, hay que botar, demoler, derrumbar. Una vez escuché a un importante arquitecto ariqueño que decía “si pudiera, pasaría una motoniveladora por todo el casco antiguo para construirlo de nuevo”. Menos mal que no puede.

Los viejos muelles de pescadores en todo el mundo se reciclan para instalar restaurants cuando cumplen su vida útil, ¿puede haber algo más rico que comer con las olas rompiendo bajo los pies?, lástima que en Arica esto no podría ser porque la misma Gobernación Marítima prohibió hace años la venta de bebidas alcoholicas en territorio de su jurisdicción. Los que conocimos Arica en los años noventa recordamos que la Playa Las Machas fué un atractivo turístico de gran importancia, lleno de restaurants rústicos al estilo de los chiringuitos de España, pero a algún Capitán de Puerto se le debe haber ocurrido que eso era un peligro y voló de una plumada con todo un sector lleno de actividad económica. Gracias a esa decisión hoy la playa se ha convertido en el lugar desolado, favorito para ir a tomar en la vía pública y es donde se han producido los peores accidentes que se recuerden.

Tengo mucho respeto y admiración por la Armada de Chile y se que cumplen una labor de primera importancia especialmente en Arica al cuidado de nuestra frontera marítima, pero definitivamente hay asuntos para los que parecen no estar preparados. Me ha tocado ver personalmente cuando hay accidentes en la playa y se producen las vacilaciones entre Carabineros, Servicios de Rescate y Marinos por temor a crear conflictos de competencia, eso no tiene ningún sentido, la Marina para el mar, para lo que han sido excelentemente preparados y es su misión fundamental.

Pero como no se va a cambiar la ley de un día para otro y las Capitanías de Puerto seguirán teniendo jurisdicción reglamentaria sobre el borde costero por muchos años, lo lógico sería apelar a la buena voluntad y al buen criterio para que actúen con discresión y usen moderadamente sus facultades legales. Lo que se hizo en Chinchorro hace varios años al restringir las concesiones fue un golpe mortal al turismo, lo que se hace ahora ordenando el desguase de dos muelles, por obras de asignación directa, mediante un curioso sistema de pago en especies y sin ninguna de las garantías formales de una licitación pública me parece un error. ¿Que pasará si el trabajo queda mal hecho y los ejecutores dejan el fondo lleno de peligrosos espigones de fierro?, sospecho que, una vez más, terminaría pagando Moya.

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