Tomas Bradanovic

28 Noviembre, 2007

Si no es acidez es alergia.

Archivado en: comida — tombrad @ 11:18 pm

Varios años atrás me ofrecieron la posibilidad de un trabajo de computación en otra ciudad, la cosa es que vinieron tres tipos y una peruana muy bonita que era gerente del área y nos reunimos en Tacna a almorzar y conversar sobre el asunto. Yo no me puse corbata pero andaba lo suficientemente bien vestido como para sentirme incómodo, llega la carta y yo leo “corvina a lo macho” ¡este es mi plato! dije entusiasmado y pedí una.
Debí imaginarme que lo de “macho” era por el picante; tenía una capa de casi 2 centímetros de ají rocoto que era como comer brasas. Al principio dije “si me gusta el picante” -mentira, apenas lo soporto- y con cada bocado me empezaban a saltar las lágrimas y la transpiración me corría a chorros. La peruanita, muerta de la risa me miraba y decía “picante ¿eh?” y yo secándome las lágrimas le contestaba a cada rato “nooo, si está rico”. Lo peor es que la receta original no es tan picante, me tocó justo una innovación del chef. Obviamente jamás llegué a trabajar en nada, por lo menos salvé mi alma inmortal del pecado nefando y no llegué a convertirme en trabajador.

Varias veces me ha pasado que me ensarto con la comida pidiendo cosas que no conozco o confundido con los nombres. La excepción fué en Mendoza, donde una vez pedí un churrasco, y en lugar del sandwich que esperaba me trajeron un bistec que ocupaba todo el plato y de una pulgada de grueso, en mi vida había probado carne tan tierna y sabrosa, esa vez me equivoqué para mejor.

A París fuimos con mi primo Camilo en un viaje relámpago y a escondidas, en su pequeña motorhome Westfalia, me parece que esa vez compramos unas baguettes para almorzar y fuimos a comprar “paté” a un pequeño almacen ¿pero que paté? decía el franchute muy enojado, tenía como treinta clases distintas, era como si fueramos a comprar “comida”. Es muy raro, en Francia no conocí a una sola persona simpática, en cambio acá he conocido a un montón de franceses muy agradables. Cuando se los he comentado me dicen que es “el mal aire de París” que los pone de mal humor, pensar que uno se imagina que vivir allá es un paraíso. Algo parecido me pasó en Londres cuando pedi “a beer”, claro que el inglés mucho más educado solo parpadeó y puso cara de perplejo.

En Chiloé me tuve que acostumbrar a una de las comidas más asquerosas que jamás he probado: la sopa de navajuelas con luche. Las navajuelas tienen la consistencia y el sabor de un pedazo de caucho, pero lo peor es su aspecto: son idénticas a un feto con sus brazos, piernas, ojitos ¡es como comerse una guagua! me acuerdo y me da asco.

Yo le tengo asco a muy pocas cosas y he tenido que acostumbrarme a situaciones que harían vomitar a la mayoría de las personas: he comido legumbres con gusanos y otras cosas que mejor no menciono. Pero hay una cosa que realmente no soporto ver: el pan mojado. Es muy curioso porque yo puedo “sopear” a veces con el pan, pero no soporto ver que otra persona lo haga. De solo recordar a un tipo que deshacía migas de pan dentro de su taza de café con leche me pone enfermo.

La comida más copiosa de mi vida fué en Hong Kong, donde nuestro amigo Brittany Choi estaba muy apenado proque no pudo ir a recibirme al aeropuerto y me dejó botado un par de días en la ciudad sin un solo cuarto de hotel disponible. Para disculparse me llevó a almorzar al Food City de Kowloon, que es un distrito con cientos de restaurants.

Fuimos con toda la familia, unas 15 personas más o menos, empezamos a almorzar como a las 11:30 y a las 7 de la tarde todavía seguíamos comiendo. A los 9 platos perdí la cuenta y a cada rato pasaban con unos carritos con té y postres; después de cada plato un té o un postre. Comí tanto que los chinitos miraban y aplaudían ¡oshhh, tooo, tooo! decía asombrados .o al menos eso les entendía- En medio de la comida el Choi hace sonar la copa con una cuchara y se larga con un tremendo discurso en chino, todo el restaurant muerto de la risa, después escribió unos garabatos en una servilleta y me la entregó solemnemente con un abrazo.

Todo el mundo aplaudiendo y nunca me quisieron decir que decía en la servilleta (estaba en chino). La cosa es que la guardé por varios años hasta que en una noche de farra me acordé de mi amigo Kopin Yon Lau, que tenía una botillería en Santa María, le llevé el papel y le pedí que me lo tradujera. También se murió de la risa pero no me supo explicar bien, parece que me habían nombrado el paikwat wong, que er el rey de las bolas de chancho fritas o algo por el estilo. Nunca me lo pudieron traducir bien.

La comida japonesa, horrible, hay que estar enfermo de la cabeza para que a alguien realmente le guste el sushi y todas esas cosas increíblemente desabridas y crudas. A excepción del teriyaki, nada de lo que probé allá me gustó, ni siquiera el desabrido sake.

Mi plato favorito desde siempre han sido las pastas con salsa boloñesa, comería eso todos los días y mejor todavía con queso. Mi fruta preferida el plátano, mi querida suegra hace todos los días del año el mismo postre: un pote con plátano, yogurt y gelatina, creo que nunca me voy a cansar de comerlo. Como ven soy buen pobre.

Y todo esto de las comidas se me ocurrió a propósito de una tremenda acidez que me atacó hoy, es como si tuviera una garra apretándome el estómago por dentro. Puros nervios: si no es acidez es alergia.

21 Octubre, 2007

Que vivan las chelas

Archivado en: alcalde arica, cerveza, chelas, comida, ricardo ii, shakespeare — tombrad @ 6:54 pm

Fiel a mi programa de vacaciones, anoche me bajé el libro Ricardo II de Shakespeare que todavía no había leído, aunque lo había visto en la tele hace tiempo. El argumento parece que es uno de los motivos favoritos de W.S. un rey que pierde su poder. Primero orgulloso, déspota y rodeado de aduladores, hasta que lo botan y finalmente lo asesinan. Muy bueno. El Duque de York, que trató de mantenerse fiel a Ricardo hasta el final hablaba así de Inglaterra:

Este trono de reyes, esta isla coronada,
esta augusta tierra, esta sede de Marte,
este nuevo Edén, semiparaíso,
este bastión, que la naturaleza ha levantado
contra la peste y el brazo de la guerra,
esta estirpe afortunada, este mundo en pequeño,
esta gema engastada en mar de plata

Y como en cada uno de los escritos de Shakespeare hay una frase que después se ha hecho famosa, yo encontré esta:

Morir luchando es muerte matando muerte;
vivir temiéndola es vivir servilmente.

Yo había escuchado la variante, algo así como “el valiente muere solo una vez mientras que el cobarde, en su miedo, muere mil veces”. En fin, como siempre un agrado leer uno de estos libros, yo cada cierto tiempo repaso El Mercader de Venecia, que es el que más me gusta. La ilustración es de Isadore Seltzer (New York, 1975) en una edición de la obra de los años setenta y muestra la escena donde Ricardo al abdicar, pide un espejo. Como ven, mis autoasignadas vacaciones van viento en popa.

Y sigo pechando a mis amigos de Santiago, anoche nos tomamos un Pitcher en el ShopDog y me informé que el Rocket es de 2.6 litros, no es tanto pero tiene un efecto psicológico que hace parecer como si fuera más cerveza, ah, la foto del rocket es gracias a la involuntaria gentileza de http://www.dewback.cl . A propósito acabo de leer en el diario La Segunda algunos de los beneficios de las chelas, que copio a continuación:

1. Protege el sistema cardiovascular: La cerveza según varios estudios protege de accidentes cardiovasculares e incluso de infartos al miocardio, ya que aporta al organismo altas dosis de vitamina B, además reduce la coagulación sanguínea y aumenta los niveles de “colesterol bueno” (HDL) en hombres y mujeres.

2. Evita la retención de líquidos: La cerveza es mundialmente conocida por su alto poder diurético, esto debido a la baja concentración de sodio entre sus componentes, lo que le permite ser altamente depurativa. Por este motivo, es altamente recomendada para personas que tengan problemas con la retención de líquidos.

3. Rica en Fibras: Al incluir entre sus ingredientes a la cebada, aumenta el contenido fíbrico necesario para la dieta diaria de las personas, de hecho ingerida de manera moderada permite la absorción de glucosas y grasas.

4. Previene la Osteoporosis y retrasa la Menopausia: Según el estudio “Efecto del consumo de cerveza sobre masa ósea en mujeres sanas”, realizada por científicos de la Universidad de Extremadura, España, se logró determinar que aumenta la masa ósea por la alta concentración de flavonoides que contiene, los que tienen un gran efecto estrogénico en la mujer, por lo tanto, ayuda en el retraso de hasta dos años en la aparición de la menopausia y en la protección ósea.

5. Combate las enfermedades neurodegenerativas: Según un estudio llevado a cabo en la Universidad de Alcalá de Henares en España, la cerveza contiene silicio, un mineral que actúa sobre el aluminio, un metal neurotóxico que incide directamente en el avance del Mal de Alzheimer y en la demencia.

6. Protege de enfermedades inflamatorias: El lúpulo, uno de los ingredientes principales de la cerveza y que le otorga el amargor característico a la bebida, contiene múltiples beneficios para la salud humana, ya que regula la actividad antibacteriana y antiinflamatoria y, por lo tanto, ayuda a prevenir de las enfermedades propias del envejecimiento.

7. Retrasa la oxidación natural: A través de la vida se desarrolla un equilibrio entre los oxidantes y antioxidantes que actúan en el cuerpo humano, sin embargo, a mayor edad son los oxidantes los que priman, por este motivo, el consumo moderado de cerveza, según un estudio llevado a cabo en la Universidad de Valencia, acelera la acción antioxidante lo que permite el retraso del envejecimiento celular y aumenta la capacidad anticancerígeno.

8. Ayuda en la prevención de úlcera gástrica: El consumo moderado de cerveza podría disminuir en un 17% el riesgo de infección por “Helicobacter Pylori” declarado por la Organización Mundial de la Salud como agente cancerígeno implicado en enfermedades como la úlcera gastroduodenal y el cáncer gástrico.

9. No Engorda: El mito extendido de que la cerveza engorda debe ir disminuyendo, ya que es una de las bebidas con menor aporte calórico, sólo 42 calorías por 100 ml (ver recuadro), muy por debajo del vino que llega a 82 calorías y el Whisky que aporta 245 calorías por cada 100 ml. Incluso en países como Italia, se conoce como “panza di vino”, en relación con su alto contenido en calorías.

En fin, me emocioné al leer las bondades de ese noble brevaje ¡que viva la cerveza!, ya me dió sed. Hoy fuimos a almorzar al Mata-Rangui y el menú estaba excelente: una sopa marinera -casi una paila- y de segundo cabrilla frita con ensalada chilena y arroz, todo por escasos $ 3.000 (US$ 6.00) le pusimos adicionalmente una empanado de mariscos y el infaltable “tecito frío”, al final con alrededor de 10 lucas comimos bien y abundantemente. Esto de los menús es increíble, sale más barato ir a un restaurant que cocinar en la casa, más encima bien servido y bien atendido.

Después hicimos algo que yo no conocía en los muchos años que llevo en Arica: un paseo en lancha por la bahía, espectacularmente entretenido, dimos vuelta por el dique seco hundido de Koteski, el muelle al servicio del Perú, nos atravesamos con un delfín que solo ví yo (¿sería imaginario?) y le dimos vuelta a un gran buque que estaba cargando petróleo boliviano para Petrobrás, frente a la playa Chinchorro. Allí ya estábamos lejos de la costa y cortando olas bastante fuertes, encima de las boyas que sostenían el buque los lobos marinos con sus 5 o 6 esposas (que envidia) tomando el sol.

Seguimos dando la vuelta por el molo de atraque y pasamos frente a los Zodiac con cabina usados por los marinos para patrullar de noche. Hay también un hangar donde la marina guarda su patrullera Hi-Tech lista para perseguir a los malos. En fin, creo que es un paseo imperdible y son los $ 1.000.- (US$ 2.00) mejor gastados para un turista. Muy bueno.

En fin, entre comer, pasear y dormir siesta se me ha pasado el día. Creo que me buscaré otro libro para bajar, mañana les cuento.

5 Junio, 2007

El buen bitute

Archivado en: comida — tombrad @ 12:56 am

Para variar me puse a escribir un encargo, se me pasó la hora y me pilla un nuevo día sin haber escrito mi tontería diaria. Y mañana tendré la desagradable necesidad de levantarme temprano así es que tengo que poner algo rapidito nomás ¿de que escribo entonces?, ya sé, en la entrada anterior escribí de hambre así es que ahora voy a escribir de comida.

Cuando puedo me hago un tiempito para ver en la tele el programa “sin reservas” de Anthony Bourdain, lo encuentro muy simpático y justo ayer que lo ví le escuché una línea que me quedó dando vueltas, era algo así como “comer nos hace volver a la infancia”.

Debe ser cierto porque hasta el día de hoy disfruto de algunos alimentos que eran platos de fiesta cuando yo era chico. Partiendo por los espaguettis con salsa de tomate, que son un plato que me gusta tanto, pero tanto, que le traspasé genéticamente el gusto al Tomás Jr. que también es un fanático de ese plato.

Cuando yo era chico mi mamá trabajaba y casi siempre almorzábamos un sandwich o una empanada en una fuente de soda que estaba en Copiapó con San Isidro, frente al trabajo. Pero los fines de semana se cocinaba en la casa y el plato de los domingos eran siempre tallerines con salsa, con diferentes aditivos según como estuviera el bolsillo. A veces también comíamos arroz graneado con salsa de tomates y algo, pero no era lo mismo.

Desde esos años los espaguettis han sido mi plato favorito y los he comido de todas las formas posibes. Cuando era gerente de la importadora de mi primo Horacio, en Zona Franca, arrendábamos una casa y cada vez que el pelado venía preparaba su especialidad: unos tallerines al horno con queso fundido y leche que quedaban espectaculares. En esos años llegué a pesar 89 kilos, era una bolita de grasa.

Varios años atrás vinieron Piera y Anna, dos amigas de Piazenza (Italia) que vieron mi página, me escribieron y yabadaba, en fin, la cosa es que las llevaba a comer donde don Floro, pero un día Anna estaba de cumpleaños y me dijo “vamos al restaurante más caro de Arica”. Y nos fuimos al Maracuyá donde cada uno pidió un plato distinto de fettucinis y los compartimos como buenos italianos. Terminamos más doblados que un churro por las botellas de vino que tomamos, peor quedó Anna cuando recibió la cuenta.

Pero no solo de tallarines vive el hombre: la única comida decente que probé en Japón fue un Teriyaki en el restaurant del Hotel Imperial en Tokio, el resto la encontré francamente asquerosa partiendo por el suchi y todos sus derivados.

En Hong Kong mi amigo Brittany Choi, que era nuestro embarcador nos invitó a mi y a mi amigo Antonio a Food City a comer un banquete “a lo chino”, no los conté pero fueron más de 10 platos para cada uno, empezamos a las 7 de la tarde y pasado la 1 AM todavía estábamos comiendo. Cada dos o tres platos pasaban unos carritos con postres y té.

Los chinos y Antonio se quedaban boquiabiertos y aplaudían mirándome comer. Al final de la comida, todos curados, Choi me hizo un discurso en chino y todos los que estaban en el restaurant se pusieron a aplaudir, me entregó una servilleta llena de esos garabatos de su escritura y no me quisieron decir que significaba. Cuando volví a Arica finalmente encontré un chino que me lo tradujo: era un diploma para el Paiqwat Won: el rey de las bolitas de chancho fritas. Debo haber comido unas 40 por parte baja.

Aunque no soy bueno para los ceviches, el mejor que he probado en mi vida lo preparó mi amigo el Franco Bertolone, estaba impresionante, bueno, por algo se pasó un año estudiando en el Cordon Bleu. Otra comida que me impresionó fue una guatia en la parcela del Doctor Aguirre para un 18 de septiembre, nunca había comido una tan bien hecha. Y eso que yo soy perito en guatias.

En Santiago recuerdo un soberbio paquete de pescado que me comí en El Canto del Agua, cuando el guatón Pavlovic todavía estaba vivo. Yo iba con un japones que le tenía mala y Pavlovic (el dueño del restaurant) se sentó en la mesa y empezó a molestar y molestar al pobre japones, no se como no le pegó pero estaba desesperado. Ahí me vengué de toda la mala onda que le tenía.

De las comilonas donde Pratti y en la parcela del pueblo no me puedo quejar, todo rico, tampoco voy a hablar de eso porque ya lo he puesto cientos de veces. Y mejor no sigo escribiendo de comidas porque me da hambre. Y eso que no sabía de que iba a escribir

Blog de WordPress.com.