Leo en La Estrella del domingo una opinión muy interesante del ex rector de la Universidad de Tarapacá Emilio Rodriguez en su columna titulada “Genios sin guitarra” que, en lo fundamental dice:
“Las decisiones que deben tomar otros, son siempre fáciles para el que no las toma. Criticar, tener ideas y soluciones geniales en la comodidad del sofá o del escritorio, sin tener que someter esas genialidades a la evidencia… Opinar así es genial. Todos somos genios con ideas incontrastables. La pregunta frente a estos genios de la banalidad y de la demagogia, es saber cuántas veces han tocado la guitarra, en qué circunstancias, en qué niveles, frente a qué complejidad de problemas. Hablar y opinar no cuesta nada, cualquiera puede decir cualquier cosa, pero otra cosa, otra cosa es con guitarra.”
Yo discrepo de ese planteamiento que -francamente- no me gusta para nada, claro que otra cosa es con guitarra y ciertamente es mucho más fácil criticar que hacer, pero hay un pequeño detalle: los que hacen, tienen un sueldo que les permite alimentar a la familia, mandar los niños al colegio, echar combustible al auto, comprarse los ternos con corbata que usan y ese sueldo es pagado por los que critican. Afortunadamente que no todos piensan que otra cosa es con guitarra y que no se puede opinar al voleo porque bajo esa idea nadie sería responsable por los errores que comete. Cualquiera que reciba un cheque fiscal a fin de mes es pagado por esos genios de la banalidad, es su empleado, se alimenta gracias a ellos y -como mínimo- debe estar sujeto a sus críticas.
Yo me imagino al empleado de una empresa que echa a perder una máquina, o que pierde muchos clientes, o que hace un trato desastroso y su empresa pierde millones. Y cuando lo llaman a dar explicaciones dice “epa, epa un momento ¡otra cosa es con guitarra pues! usted es el dueño de la empresa pero no me puede criticar porque usted no estaba allí y no sabe lo difícil que es tomar decisiones”. Claro que es muy difícil y riesgosa cada decisión que se toma, pero para eso les pagan, especialmente a los altos funcionarios públicos -con espléndidos sueldos, aunque siempre dicen “en el mundo privado ganaría mucho más”- no equivocarse es parte de su trabajo.
En una empresa privada al que se equivoca lo echan, adquiere mala reputación profesional y después nadie lo contrata, los funcionarios públicos por lo general son inimputables ante las equivocaciones -basta mirar el transantiago o la reforma procesal penal entre otros grandes fiascos- entonces lógicamente, los que les pagamos el sueldo hacemos lo único que queda: reclamar para tratar que se desprestigien políticamente y no los nombren o elijan de nuevo.
Es asombroso como el aparato público ha ido construyendo en el tiempo barreras de impunidad en torno a su gestión, si se fijan bien ante cada denuncia de corrupción aparece la explicación de que es solo desorden administrativo y hasta inventaron un nuevo eufemismo que siempre nombran con el ceño fruncido “desprolijidades”, lo usan por igual en el gobierno y la oposición para tapar robos y negociaciones incompatibles, ahora se llaman desprolijidades.
Yo no soy moralista para nada y creo que cualquiera que tenga la oportunidad de robar tarde o temprano lo hace, la ocasión hace al ladrón y esto se produce desde los curas hasta los delincuentes profeionales. Pero creo que cuando a alguien lo descubren debe tener la decencia de aceptar las consecuencias, eso de pretender impunidad por las consecuencias de las decisiones equivocadas, exista o no mala fe, me parece un abuso. En la población Santiago -donde yo me crié- había un dicho: “los choros mueren callados”, no tratan de buscar explicaciones ni dar excusas Los errores siempre deben pagarse porque si no se repiten una y otra y otra vez.
La toma de decisiones tiene sus riesgos y por eso los que hacen esto son bien pagados, demasiado bien pagados tal vez pero que diablos, me imagino que si durante el rescate de los rehenes colombianos algo hubiese salido mal y todos los rehenes hubiesen muerto también habría sido la muerte política de Uribe, miren que curioso, los presidentes corren riesgos mientras que los burócratas que están al medio se blindan a todo evento.
Y hablando de equivocaciones, en momentos en que la inflación se dispara en Chile se aprobó la reforma previsional donde el fisco regala algo más de US$ 100.- mensuales a gente que no ha ahorrado un peso en su vida. Como bien me comentó la Fabiola esto presionará todavía más al gasto y subirá más la inflación, a Evo Morales, sin mayores estudios le entiendo que esté regalando bonos dignidad sin tener idea de las consecuencias, pero fué toda la clase política chilena -que se supone ilustrada- que por unanimidad aprobaron este regalo del fisco. Ya no tengo para que preocuparme por mi vejez, con esa plata demás vivo, todos los que ahorraron durante una vida de trabajo con bajos sueldos van a recibir algo parecido a lo que recibiré yo sin haber ahorrado un peso en mi vida. ¡Que viva el gobierno de los mendigos!
Bueno, bueno, otra cosa es con guitarra dicen por ahí, como yo no toco guitarra mejor me voy a dormir para no andar con sueño mañana en Tacna, nos vemos!