Anoche me junté con mis amigos del glorioso Radio Club de Arica. Yo fuí radioaficionado en los años 80 (CE1-OFD) y aunque muy pocas veces hacía radio me gustaba ver como experimentaban con las antenas y equipos y -sobre todo- cuando nos juntábamos a conversar y tomar unas saludables piscolas en el club. Como los cometas, me aparezco por allá cada 100 años más o menos porque siempre es un gusto encontrarse con viejos amigos.
La radioafición ha cambiado enormemente con el paso del tiempo, antes un buen aficionado debía saber telegrafía y poder transmitir a una velocidad mínima de palabras por minuto porque en caso de emergencia es lo más fácil de emitir, ahora no creo que sirva de mucho porque son contados con los dedos de la mano los que saben el código Morse.
Conversábamos lo típico de estas organizaciones: el club se dividió y ahora se va a volver a dividir, mientras menos aficionados hay más se fragmentan igual que el Partido Obrero Revolucionario de la Historia de Maita. Hay mucha gente mayor en la radio como don Eliseo Vasquez que a sus ochenta y tantos sigue igualito que hace veinte, una enciclopedia viviente de los pueblos del interior. En fin, un buen rato conversando y recordando los tiempos aquellos.
Conversábamos sobre lo difícil que es imaginar el futuro, si alguien en los años setenta nos hubiese dicho que íbamos a vivir en un mundo donde todos tendrían un comunicador en el bolsillo como Dick Tracy ni lo hubiesemos soñado, ahora hasta los niños chicos tienen teléfono celular, las comunicaciones es una de los cambios más dramáticos que nos ha tocado vivir. Yo me acuerdo de la emoción de estar hablando por primera vez con alguien en Alaska o Japón, entendiéndonos apenas entre pitos y ruido de frituras, lo mismo que hoy podemos hacer nítidamente y sin problemas usando Skype o algún tipo de chat.
¿Que vendrá ahora? difícil saberlo porque cuando uno proyecta el futuro casi siempre se equivoca, probablemente en pocos años más cada uno de nosotros será fácilmente ubicable desde cualquier lugar del mundo bien sea por GPS o por la huella que van dejando los teléfonos celulares. Un número de identificación universal -algo así como una URL personal- es algo lógico y muy necesario aunque a muchos no les guste la idea y lo asocien con Nostradamus y tonteras por el estilo, en el fondo es exactamente lo mismo que nuestra combinación de nombres y apellidos, pero expresado por un número único, a medida que nos globalizamos esto se va haciendo indispensable.
Más allá de eso no tengo idea, pero seguro que vendrán muchas cosas que hoy ni imaginamos mientras que otras que creemos importantes van a pasar sin pena ni gloria. Recuerdo a fines de los setentas cuando nadie dudaba que la programación de computadoras iba a ser la profesión del futuro, algo que nadie ponía en duda era que a partir del año 2000 iba a haber un grupo muy pequeño y selecto de técnicos con capacidad para entenderse con los computadores, y que ellos iban a ser los profesionales más requeridos y mejor pagados del mundo. Ahora que estoy supervisando un proyecto de informática relativamente grande y veo a los pobres programadores trabajando como remeros de una galera, me doy cuenta de lo arriesgado que resulta hacer estos pronósticos futuristas.
En los noventas se pensó que la profesión del futuro iba a ser el diseño gráfico por computador, muy pocos dudaban que la publicidad por Internet sería el negocio más grande del siglo XXI y que las personas capaces de hacer diseños atractivos para Internet serían los nuevos superstar del arte publicitario, se hacían concursos de diseño donde competían bellísimas combinaciones de formas y colores. Pasó el tiempo sin embargo y todo el sueño de Internet como El Dorado de los publicistas se desinfló, el diseño en papel sigue siendo el único bien pagado mientras que para el diseño de sitios web compiten millones de artistas del hambre disputando lo poco que pueden ganar, cuando alguien les paga.
Me atrevería a decir que en los años que vienen los contenidos por Internet irán tomando valor, siempre y cuando se ajusten a las reglas de este nuevo medio: deben ser masivos, únicos, especializados y sobre todo contener mucha información que resulte útil para alguien. Cualquier colección masiva de contenidos puede resultar valiosa: todo sobre el Honda CRX, todo sobre la comida peruana, todo sobre Arica, la clave en estos casos es la palabra “todo” que debe ser lo más cercana posible a la totalidad del conocimiento disponible. Mientras más conocimiento, más valor. Esta idea es algo que intuí hace varios años y por eso dedico todos los días a escribir algo en este Templo del Ocio, se podría decir que estoy juntando un compendio de “todo sobre nada”, entre los dos blog debo llevar unas 2.500 entradas de trivialidades y mientras más le agregue mejor.
Durante mucho tiempo me han preguntado que se gana con eso, yo tengo experiencia práctica porque el año 2000 por primera vez alguien que leyó mi blog me ofreció un trabajo lo suficientemente relajado, que me dió para comer y tomar durante 7 largos años, la verdad es que todas mis lucas desde el 2000 han salido por contactos del blog así es que se podría decir que he ganado bastante con el asunto.
En Internet podríamos decir que la conexión equivale al hardware y los contenidos al software, a nosotros no nos interesan las conexiones, por más importantes que sean, sino los contenidos, tal como no nos interesa tanto las características técnicas de nuestro computador sino los programas que podemos ejecutar. Esto es algo de lo que poca gente tiene conciencia todavía, mucho menos en las oficinas del gobierno encargadas de “tecnología” o “innovación” donde la inteligencia no es muy abundante que digamos. Por eso los políticos se desgañitan alegando por el acceso y la banda ancha, cuando lo que en realidad importa es la generación de contenidos exitosos.