Tomas Bradanovic

19 agosto, 2009

Habemus perro!

Archivado en: gatos, perros — tombrad @ 7:00 pm


Más bien perra, luego del alevoso asesinato del Beppy estuve buscando un reemplazante para que nos cuide la casa, pensé en un labrador pero nadie quiso regalarme uno, ni soñar con comprarlo, tampoco encontré quien me regalara un pastor alemán, finalmente pensé que diablos, los quiltros como yo son lo más noble y abrí las postulaciones para quien quisiera regalarme un mixed. Así apareció la Tanya que se llama igual que la guerrillera que estuvo con el Ché Guevara durante su aventura en Bolivia.

Como pueden ver en la foto su ancestro es siberiano y tiene las pupilas desteñidas tan características de esos perros, ya es grande, tiene más de un año y es terriblemente tímida, nunca en su vida había salido a la calle y fué un show subirla al auto. Adentro se fue tiritando como una hoja, nunca había visto un perro tan miedoso, ni siquiera ladra, creo que como guardían resultará más inútil que cenicero de moto. Después se negó absolutamente a salir del auto, luego de casi una hora de intentar con todo, me aseguré que no me iba a morder y me la eché al hombro (es bastante grande). Ahora encontró su querencia junto a una silla y lleva horas ahí, es el único lugar donde se siente segura.
En fin, vuelta a comprar comida de perros. En mi familia siempre hemos convivido con perros y gatos, en los años sesenta mi mamá llegó a la casa de calle Gálvez en Santiago, justo al lado del Clarin , con un quiltro que tenía una gran mancha negra en el ojo, en esos años éramos muy amigos de una pareja de alemanes, al tipo le decíamos Beppy y estaba medio loco porque había peleado en la guerra, tenía pedazos de granada en la cabeza que de vez en cuando hacían corto circuito. El caso es que el Beppy nos estafó con plata y mi mamá prometió que al primer perro que tuviera le iba a poner ese nombre, dicho y hecho, nuestro perro llegó justo.
El Beppy resultó más loco que su homólogo, cuando se arrancaba a la calle corría desbocado por la mitad de la Alameda con nosotros detrás tratando de alcanzarlo. Las cosas empeoraron cuando nos mudamos a Recoleta, que en esos años ya era una calle de mucho tráfico, incluso en una de esas memorables arrancadas el Beppy tuvo sus quince minutos de fama, porque justo estaba un movil de Radio Portales, que en esos años era el medio más famoso del país, y salieron junto con nosotros a corretearlo, transmitiendo en vivo el alboroto que estaba causando entre las Vespas que en esos años estaban de moda.
Tuvo una larga vida, aunque no muy feliz porque a causa de su locura teníamos que mantenerlo confinado o amarrado, no había manera de soltarlo porque le venían los instintos suicidas, le encantaba correr enfrente de las microbuses en medio del tráfico, hasta que murió, muy viejo, de distemper. Después tuvimos un Collie que solo duró dos años y también le vino el distemper, donde vivíamos no era muy saludable y las teorías de Darwin se aplicaban a la perfección.
Entonces mi mamá llegó con un gato que le pusimos Marat-Sade, en esos años la obra de teatro de Peter Weiss hacía furor, hicimos un escamoteo en las finanzas familiares y nos fuimos a verla, lo que nos dejó muy impresionados, a los doce o trece años ya era un perfecto pedante. En esos años mis primos Camilo, Mario y Kenny llegaban a mi casa, se convirtieron en los hermanos que no había tenido y Marat-Sade era la fuente de nuestros experimentos, que mejor ni cuento para no enfurecer a algún amante de los animales.
Era un gato negro absolutamente oriental, un ninja que siempre caía parado como comprobamos experimentalmente, era el gato más famoso del barrio porque le hicimos una corbata de humitas roja y todos lo conocían. En un barrio de cogoteros y comegatos Marat-Sade era sumamente respetado.
A medida que pasaban los años primero se murió mi papá, luego mi mamá se fue al sur a vivir con mi hermana y también murió, poco a poco todas las divertidas historias y tradiciones que hicieron tan feliz mis años mozos se fueron borrando, me quedé sin familia y si no fuera por una vieja tía de la Pilar, que me metió a empujones a su casa -cosa que jamás habría hecho por propia voluntad- a estas alturas seguiría cantando el corrido ese que dice:
Solito Mejor Solito
que andar mal acompañado
asi no me comprometo
ni me dejan mal parado
hasta donde el cuerpo aguante
como gallito jugado

No quiero ofender a nadie
muy bien se porque lo digo
hay machos que de verdad
aguantan y son amigos
pero también hay catrines
que no sirven para testigos

Por eso nada me espanta
y nada me va agitar
yo vine solito al mundo
y no me puedo quejar
bendita la ley de dios
que no se puede cambiar

Pero la Tía Ester dispuso otra cosa y ahora tengo una familia completamente distinta, pero siempre algo queda. Y efectivamente, lo único que conservo de mi vida anterior es la costumbre de ponerle Beppy a cada perro que tengo y Marat-Sade a cada gato, esta vez era una perra y ya tenía nombre pero al próximo, ya saben.

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