Y poco a poco voy volviendo a mis viejas rutinas. Hoy fuí a la playa El Laucho donde pude comprobar que la temporada ya está funcionando . Esta vez estaban todos los regulares de la comunidad playera: los Escauriaza, el loco Fuentes, Norman Reyes y familia, la hija de Gunther Surkhe (o como se escriba), el mono, el cangrejo, en fin, estaban todos.
En el Laucho uno se encuentra con mucha gente que no ve en el resto del año, como en la plaza de pueblo chico aprovecho de ponerme al día en los chismes que pasaron durante el invierno a los amigos de verano con los que me encuentro solo en la playa, en la baranda o sentado en el Tuto Beach -si me invitan- me entero de algunas de sus aventuras y desventuras.
Después me fuí a la Isla a terminar de releer Trilogía Sucia de La Habana, es un libro tan divertido y describe tan bien muchas cosas parecidas a las que me pasaron el 2007 que lo leo de a poquito, saboreando cada capítulo y aguantando mi natural glotonería por la lectura rápida. Con los libros igual que con la comida soy muy glotón, si engordaran a estas alturas yo sería como bola.
Pero no pude leer mucho rato porque tres gaviotas se colocaron a menos de un metro del auto y me distraían con lo que estaban haciendo. Que pajarracos más ociosos, nunca los había tenido tan cerca y tampoco les había prestado atención, pero esta vez me tuvieron como una hora medio hipnotizado con sus piruetas. Resulta que no hacían nada útil: no estaban buscando alimento, ni peleando ni nada pero me pareció que jugaban; se elevaban uno o dos metros, hacían alguna pirueta y volvían donde mismo. Volaban un poco para atrás, o se dejaban caer de costado y poco antes de pegar con el suelo enderezaban un ala y bajaban suavecito. Ni me había imaginado que unos pajarracos tan sin gracia podían pasarlo tan bien, porque no me cabe duda que se estaban divirtiendo. Después llegaron más autos y los pájaros se fueron con su show a otro lado. Lo que me quedó claro después de verlas es que el libro Juan Salvador Gaviota es un completo embuste, pensar que Richad Bach ganó una fortuna escribiendo esa porquería, pero en fin, así es la cosa.
Bueno, bueno, no puedo decir que esté tranquilo y sin problemas, siempre hay una o varias piedras en el zapato, pero podría estar peor, poder ir a la playa y a la isla de nuevo me arregla bastante el panorama que ya se estaba poniendo un poco brígido. Que diablos, si los únicos que no tienen problemas son los que están muertos. Chao nomás, hasta mañana.