Tomas Bradanovic

23 noviembre, 2009

Equidad, divino tesoro

Archivado en: gini — tombrad @ 9:59 pm


Estamos escribiendo nuestro primer paper para la revista de ingeniería de la universidad con Mario, Maritza y Pablo, y nos dividimos el trabajo quedando yo con Pablo a cargo del marco teórico, conclusiones, revisión de la literatura, etc. y Mario con Maritza en el modelo matemático, pensé que me las iba a llevar fácil, pero a medida que voy leyendo el asunto más se me complica. Para colmo es un asunto totalmente opuesto a mi manera de pensar: un modelo para determinar tarifas sociales cosa que yo -como buen libertario- pienso que es una estupidez, pero me ha servido mucho todo lo que he leído sobre economía del bienestar y creo que lo voy a usar también para otro paper que estoy escribiendo a velocidad geológica sobre la economía del agua ¿los terminaré algún día? veremos.

Bueno, revisando la literatura me encontré con un power point de introducción a la economía del bienestar donde sale un par de historias bien divertidas, aquí va una:

Un problema de la elección social

Imaginemos una sociedad formada por dos grupos étnicos: Los Ying y los Yang. Esta sociedad está tremendamente polarizada y se ha llegado a una situación en la que se plantea la elección entre estas dos alternativas:
1.Exterminar a los Yang.
2.No exterminarlos.

Los Ying son la mayoría y prefieren la alternativa 1, al contrario que los Yang. Muchísimas reglas de elección social que satisfacen propiedades razonables, como Borda o votación por parejas, situarían la opción 1 en primer lugar del ranking social. ¿Es esta elección moralmente aceptable?

Para la inmensa mayoría de nosotros, la respuesta es obviamente negativa. Al menos hay dos razones para ello:

1.Podemos pensar que la primera alternativa no es digna de ser tenida en cuenta (en algún sentido, es de una naturaleza ‘malvada’).

2.Pero incluso aunque aceptemos incluir tal alternativa en el cálculo ético, podemos también rechazar el genocidio de los Yang con un argumento sobre la intensidad de las preferencias: El enorme sufrimiento de los Yang no compensa el placer de los Ying.

Estos dos ejemplos ilustran una tensión:
1.La elección social basa sus juicios éticos únicamente en información ordinal acerca de las preferencias.

2.Ésta es una limitación importante desde un punto de vista normativo. Cuando elaboramos juicios éticos solemos usar información acerca de la intensidad de los gustos y deseos de la gente.�En vista de esto, el enfoque de la economía del bienestar

En vista de esto, el enfoque de la economía del bienestar ofrece un análisis normativo que sí tiene en cuenta tal información.
(Elección Social y Economía del Bienestar. Prof. Raúl López, UAM)

Traducido a palabras simples, existen criterios cualitativos, morales, preferencias, creencias, etc. que hacen que al momento de elegir entre dos opciones, no siempre escogemos la más eficiente, dicho en otras palabras, nuestra escala de valores o preferencias puede alterar el orden de la eficiencia económica.

Y uno de los principales disruptores de la eficiencia económica es la preferencia por la equidad, que en términos simples se puede expresar más o menos así: en cuanto a la distribución del ingreso o de la riqueza, esta es mejor mientras esté distribuida de una manera más igualitaria.
La medida de la desigualdad parece un asunto simple, sin embargo tiene bastantes complicaciones. Una forma es simple de medir sería observar la concentración o dispersión absolutas, como cuando los políticos dicen que el 5% más rico tiene 220 veces más que el 5% más pobre, cosa que indigna a los que no entienden mucho del asunto ni les interesa pensar un poco.
La Cepal se ha especializado en promover el índice de Gini bajo -que mide la desigualdad- como una medida “socialmente correcta” de distribución del ingreso. Es tal vez el ejemplo más fuerte de la ideología igualitarista basada en cálculos cuantitativos, o sea de economía de bienestar. Porque esa es la idea fundamental detrás de la economía del bienestar, la creencia que ciertos principios ideológicos se pueden validar cuantitativamente.. A todo esto encontré un trabajo muy bueno y claro de la Cepal sobre la desigualdad y su medición, lo pueden ver AQUI.
He leído varios trabajos que tratan de validar cuantitativamente la idea que un coeficiente de Gini bajo tiene efectos sociales beneficiosos, hasta donde he podido leer me han parecido todos un fraude, particularmente un trabajo argentino que trataba de demostrar que un coeficiente de Gini bajo era condición para disparar el crecimiento económico, todos con esa falta de rigor, tan característica de muchos economístas, que cuando les conviene confunden correlación con causdalidad, que extrapolan información incompleta de la manera más grosera y saltan alegremente a conclusióes que en el fondo son solo ideología.
¿Por qué tantos economistas tendrán ese complejo, ese fetichismo por las matemáticas? ¿por qué no son capaces de reconocer que mucho de lo que dicen haber “probado estadísticamente” no es otra cosa que una cobertura bien desprolija de sus preferencias ideológicas?. Yo creo que las escalas de preferencias personales no son asuntos que puedan ser probados cuantitativamente, tal como escribió Arrow en Social Choice and Individual Values (1951) diciendo que no valía la pena cuantificar preferencias personales, pues es una tarea que no tenía significado relevante ni utilidad individual.
Por ejemplo, pensemos un poco que tanto valor puede tener la preferencia por la equidad, que es una especie de sacramento en el credo de políticos y economístas con preferencia por alguna forma de socialismo. Veamos algo de la historia real en Chile y el mundo sobre el valor de la equidad.
Leo en La extrema riqueza en Chile: la evolución del coeficiente de Gini en Chile revela que el grado de inequidad ha tenido fuertes variaciones en los últimos cincuenta años. Depende esencialmente de las políticas de los gobiernos. Fue relativamente moderado en los años de Ibáñez y Frei padre; se logró el mejor resultado durante Allende; alcanzó los peores niveles durante la dictadura y se ha mantenido muy negativo en todos los años de la concertación. (Departamento de Economía, Universidad de Chile). O sea, si tuvimos el mejor coeficiente de gini durante Allende y hoy día -aparte de un par de chiflados- a nadie se le ocurriría que deberíamos volver a esa situación, es como para pensar que algo anda mal con la idea de poner la igualdad como índice de bienestar social.

A nivel latino americano Perú tiene un índice de Gini bastante más igualitario que Chile, sin embargo la inmigración de peruanos a Chile es enorme, no existen datos del índice de Gini de Cuba, pero probablemente debiera dar resultados muy igualitarios, igual que Venezuela, lo que no evita que multitudes se quieren arrancar de Cuba y Venezuela vive en un quiebre social enorme ¿eso es bienestar?.

Para que hablamos del mundo, donde Uruguay y Portugal están al lado de Estados Unidos, entre muchos otros ejemplos que desafían cualquier idea “normal” de lo que es el bienestar y las preferencias de las personas. La explicación de estos resultados ilógicos es muy simple: la igualdad del ingreso no puede ser tomado como una medida de “algo bueno”, ese es el error por la sencilla razón que cuando los países están en graves problemas económicos todos tienden a ser igualmente pobres, lo que da una distribución del ingreso muy igualitaria. Eso es nivelar hacia abajo y los que consideran que la desigualdad de la distribución del ingreso es “mala” tienen solo un argumento lógico: la envidia.

Mucho mejor medida es el ingreso per cápita ajustado a paridad de poder de compra, un alto ingreso per cápita es siempre bueno, porque la riqueza que se genera crea más riqueza, toda gran fortuna da mucho trabajo, bien sea directamente -haciendo negocios- o indirectamente -con la plata en el banco que hace negocios por ellos- pero eso es algo que los envidiosos jamás podrán soportar, simplemente les duele demasiado saber que algunos tiene más plata, no pueden soportarlo.

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