¿Se puede escribir en el blog con el televisor encendido? yo estoy tratando, me da flojera levantarne al escritorio porque la posición horizontal es la natural para mí, así es que tengo que aguantar la tele, que la Pilar mira ávidamente a mi lado. Acaba de terminar la tanda de comerciales y en este momento sigue una entrevista que ha durado casi toda la mañana, donde un modelo de Isla de Pascua reflexiona interminablemente sobre su último romance, horas y horas hablando de nada, me gustaría tener una cámara para filmar a la Pilar o al Tomás Jr. viendo tele.
Es un ejercicio fascinante tratar de sustraerse a un televisor encendido, el magnetismo es enorme. Sin embargo la tele no penetra tanto como se pensaba antes, es una adicción que no convence, por eso la gente se queda pegada y al mismo tiempo reclama por lo malo que son los contenidos. Igual como las pastillas para dormir parece que las personas usan la tele para anestesiarse y después se quejan porque es mala, tal como las pastillas para dormir o algunas drogas: primero las consumen y después se quejan de lo malas que son.
En fin, mejor vencer la flojera y levantarme, me espera en el escritorio la botella de Napoleon que me regalaron. Hace años un amigo que es químico me dijo que una tapita de destilado todos los días -en ayunas- hace muy bien, si es Napoleon debe hacer mejor así es que permiso: glu, glu, glu.
Bueno, tengo muchas cosas pendientes así es que las iré matando de a una, la primera será escribir la entrada del blog, cosa que no hice anoche por motivos de sueño atrasado, luego volver al Conservador de Bienes Raíces pasado las 13hrs, hacer un mail para mi amigo en Bolivia, leer algunas cosas que debo aprender, uff, menos mal que estoy desempleado, ¡como sería estar trabajando!
A propósito de mi entrada de ayer, tuve la agradable sorpresa de recibir la llamada telefónica de mis primos Alejandro y Cecilia desde Brasil, y la desagradable de saber que mi primo Ricardo se había muerto de cáncer en enero de este año, en fin, todos vamos para donde mismo.
Ricardo estuvo en Arica a mediados de los noventas donde lo pasamos muy bien aunque nos peleamos por la curiosa historia del gluckpfennig, el era casi tan supersticioso como yo y mientras el penique de la buena suerte estuvo en mi poder gané toda la plata que me permitió comprar y construír mi casa, entre varias otras cosas, después se me perdió y seguramente le estará dando la suerte a algún otro afortunado, tal como debe ser: el dinero debe circular.
Bueno mis amigos, como les dije hoy tengo muchas cosas que hacer así es que lo dejo hasta aquí nomás, solo pasaba para saludarlos, hasta mañana.