Tomas Bradanovic

7 junio, 2008

Curiosidades del 7 de junio

Archivado en: arica, guerra del pacifico, peru — tombrad @ 6:08 pm

Hoy 7 de junio a muy pocos metros de mi casa hace 128 años se peleó una de las más sangrientas batallas de la Guerra del Pacífico, que en Chile se conoce como “asalto y toma del Morro de Arica” mientras que en Perú se llama “la batalla de Arica”. Para esa época Chile ya tenía el dominio del mar habiendo capturado el poderoso Huascar y se había posesionado también de Tarapacá.

Después de un debate entre tomar Tacna y Arica, donde había una poderosa fuerza militar de la confedración Perú Boliviana o intentar directamente la ocupación de Lima, se decidió por lo primero, para eliminar el potente ejército del sur. Así el 25 de febrero de 1880 desembarcaron 9.500 tropas chilenas en el puerto de Ilo sin encontrar resistencia.

El problema es que entre Ilo y Tacna, el objetivo de las tropas, hay un desierto por donde se consideraba prácticamente imposible mover un ejército con todos sus equipos, así es que la situación quedó en suspenso: ni las tropas de Tacna atacaron a los chilenos ni estos encontraban la manera de trasladarse para llegar a Tacna sin perder los hombres y equipos.

Dicen que esta marcha entre Ilo y Tacna fue la última y más agotadora misión de Rafael Sotomayor, tatarabuelo de mi prima Laurita Croqueville Sotomayor y en mi opinión el artífice de la victoria chilena. Tanto así que después de lograrlo luego de enormes sacrificios , Sotomayor cayó muerto en La Yarada . Se creía que cruzar el desierto sería imposible y los peruanos creían que la hipótesis más posible sería un desembarco desde el sur a la altura de Camarones.

Pero no fue así, el ejèrcito chileno finalmente cruzó el desierto y el 25 de mayo las avanzadas chilenas ya llegaban al Campo de la Alianza, donde se había concentrado toda la fuerza militar del ejército del sur del Perú más las tropas bolivianas, en total de 7.350 peruanos y 5.150 bolivianos. la Confederación del sur se jugó todo a una sola carta, concentrando sus fuerzas en Campo de la Alianza y dejando Arica compleamente desprotegida. Para el asalto del Morro Bolognesi contaba con unos 2.300 soldados, contra más de 5.000 chilenos.

La batalla de Campo de la Alianza en Tacna se peleó con fiereza y la Confedración fue derrotada por las tropas chilenas, desde ese momento la suerte de Arica quedó sellada. Pero había un ingeniero peruano Teodoro Elmore que en vista de la gran inferioridad numérica propuso un plan de rodear todas las posiciones de explosivos, que serían detonados desde una caseta ubicada en el hospital. Estos explosivos se calculaba que eliminarían la inferioridad de fusileros y darían una ventaja de 8 a 1 a los peruanos. Pero la suerte no estaba con ellos: apenas perdida Tacna Elmore fue capturado por una avanzada chilena cerca de Chacalluta y todo el plan quedó descubierto. No había otra salida que rendirse o morir peleando.

En el mando chileno las opiniones estaban divididas, porque muchos pensaban que tomar Arica en combate frontal tendría un costo enorme en vidas, así es que proponían sitiar la ciudad. Pero el sitio tenía un problema, las tropas chilenas necesitaban con urgencia el puerto de Arica para abastecerse por mar porque los pequeños valles no bastaban para alimentar a los casi 18.000 hombres que ya habían desembarcado en toda la zona, además estaba el peligro que las tropas que se desbandaron en Campo de Alianza se reorganizaran y atacaran por la retaguardia, aunque al final la mayoría se devolvieron para Bolivia dejando Arica liberada a su suerte.

La solución ideal era que Bolognesi se rindiera y se hicieron muchas tentativas y ofertas en ese sentido, todas fueron rechazadas, la más famosa fué cuando le contestó al mayor Salvo “Señor oficial, comunique usted al general Baquedano que tengo deberes sagrados y los cumpliré quemando el último cartucho”. Bolognesi comprendió que el sacrificio podría tener un valor decisivo en Perú tal como ocurrió con el de Arturo Prat en Chile. Ya no había nada más que hacer y el 7 de junio a las 4:30 AM empezó la marcha bordeando los cerros . El primer ataque fue al Fuerte Cuidadela, a pocos metros del patio de mi casa y duró aproximadamente una hora, murieron muchos por explosivos lo que enfureció a las tropas chilenas, muriendo prácticamente todos los defensores.

A las 5 AM el segundo batallón, con el comandante San Martín, jefe del asalto a la cabeza lideró el ataque al fuerte del este, en el camino al Morro, que cayó en solo 10 minutos de ataque frontal con fuertes bajas chilenas por los explosivos. En ese momento alguien gritó “¡Al Morro muchachos!” y el ataque militar se convirtió en una desordenada avalancha de soldados enfurecidos, dispuestos a no dejar prisioneros. El colmo de la furia se produjo en el Morro Gordo, donde cayó muerto el comandante San Martín y una enorme explosión hizo creer a los soldados chilenos que habían matado a todos los soldados del regimiento Lautaro. De allí en adelante el ataque se convirtió en carnicería sin orden ni control de los oficiales. A las 5:55 la plaza estaba tomada y se empezaba a subir la bandera chilena en la cima del Morro.

Muchas historias curiosas de este asalto, como la participación de extranjeros en ambos ejércitos. Un negro llamado John Lewis antes del asalto saltó al mar desde un barco chileno, nadando por las peligrosas aguas de Las Machas para llevar un mensaje al General Baquedano de parte del comandante del bloqueo chileno. El argentino Roque Saenz Peña cayó herido peleando para las tropas peruanas, años después llegaría a ser presidente de Argentina. En la Isla del Alacrán había un batallón peruano de torpedos al mando de Leoncio Prado con ingleses y un escandinavo.

Otra curiosidad es que Chile y Perú habían firmado la convención de Ginebra y hasta ese momento habían respetado las formalidades de la guerra: intercambio de heridos y todo eso, a partir del 7 de junio la guerra se brutaliza notablemente tanto por parte de las tropas chilenas como por los montoneros y tropas peruanas en la campaña de la sierra, luego de la ocupación de Lima.

De no haberse capturado al ingeniero Elmore, con las minas operativas, seguramente hubiese sido otra historia y hasta es posible que Bolognesi hubiese logrado mantener la plaza. El capitán de navío peruano Guillermo Moore nunca se perdonó el haber perdido su barco Independencia en el Combate Naval de Iquique y pidió un puesto que era la muerte segura, como comandante de las baterías del Morro, también murió defendiendo su posición.

Antes del desembarco chileno en Ilo Arica estuvo bloqueada por mar y se produjeron dos hechos curiosos. El comandante chileno del Huascar, Manuel Thompson dirigió un ataque inesperado, inútil e inexplicable contra el peruano Manco Capac que le costó la vida y serias averías al Huascar. Se cree que Thompson estaba desesperado por la inactividad y por no haber participado en ninguna de las hazañas de la guerra hasta ese momento. Otra acción notable fue del buque peruano Union, al mando del capitán Manuel Villavicencio, en un acto muy audaz rompió el bloqueo entrando al puerto de Arica frente a las narices de la flota chilena, entregando víveres muy necesarios a la plaza. No le fué tan bien cuando intentó salir pues fueron apresados a la altura de Chacalluta.

Es increíble que estas cosas pasaron hace solo un par de generaciones atrás, cuando chico me tocó ver desfilar a los veteranos del 79 en la Parada Militar ahora mismo veo los lugares donde fueron las batallas y no han cambiado casi nada, si alguno de los que peleó volviera reconocería el lugar enseguida: el desierto es persistente.

Existe una historia -yo no la creo mucho- sobre el hundimiento de un submarino peruano a la altura de Valparaíso. Así me la contó el hijo de un general peruano que anduvo por Arica y del que nos hicimos muy amigos. Eran los años 70 y todos los cursos de submarinistas, según mi amigo, terminaban co el ejercicio final de ir escondidos hasta la cuadra de Valparaíso, emerger y tomarse secretamente una fotografía. Justo en uno de esos ejercicios estaban probando unos nuevos equipos de sonar y se encontraron con el submarino que no quiso entregarse, finalmente lo hundieron con cargas de profundidad y nadie dijo nada. ¿Será verdad? a mi me parece un mito urbano, un submarino menos se habría notado yo creo, pero quien sabe, todo puede ser.

En fin, algunas viejas y nuevas anécdotas, buena parte de las historias las saqué del libro de Hernán Lagos La Batalla de Arica que tengo publicado en mi web infoarica.cl. En fin, hasta mañana.

6 febrero, 2008

Viva Chile mierda!

Archivado en: ejercito, guerra del pacifico — tombrad @ 11:51 pm

Leí pocos días atrás la pregunta de un gringo perplejo, que no podía entender el significado de la expresión ¡viva Chile mierda!, es decir entendía perfectamente la parte “viva Chile” pero no se explicaba que tiene que ver “mierda” en el asunto.

La verdad es que todas estas expresiones tienen su lógica -a propósito, nuestros vecinos tienen el equivalente ¡que viva el Perú carajo!- se trata de gritos de guerra que se usan en espectáculos deportivos y ocasiones por el estilo para levantar los ánimos de la gente.

Pensando de donde vendría una frase tan pintoresca como incongruente, se me ocurrió que debe ser probablemente de la guerra del Pacífico cuando se hacían cargas de bayoneta, y había que ir corriendo contra las balas a asaltar la trinchera enemiga, con un tipo llevando la bandera y otro tocando el clarín a la vanguardia, ese era el trabajo más peligroso aunque se peleaban por hacerlo. Entonces tenían que darse ánimos y embestían gritando y chivateando al estilo de los indios. Creo que esa es una buena explicación para el ¡viva Chile mierda! que, pensándolo bien es un grito bien extraño. Me imagino que el gringo lo trataba de asimilar a algo así como “God bless America, shit!” y no le veía pies ni cabeza.

Hay muchas tradiciones curiosas de la guerra del pacífico, por ejemplo lo de las banderas, los regimientos cuidaban mucho su bandera porque cuando la tomaba el enemigo por lo general significaba derrota y desbande, pero el mismo tiempo la bandera tenía que ir al frente así es que los portaestandartes -generalmente niños- eran el blanco de todas las balas. Por eso en los desfiles del ejército chileno, a diferencia de otros ejércitos que marchan con muchas banderas comunes y corrientes, lo primero que desfila son los tipos con estandartes de combate de cada regimiento, solo uno por regimiento en lugar del mar de banderas con que se desfila en otros países. Ese también es el sentido de tocar “Los viejos estandartes” que se trata de las banderas que estuvieron en las cargas y vuelven todas desteñidas y deshilachadas. En el museo del Morro de Arica, en un subterraneo se exhibe en una vitrina el estandarte de combate del 4to de Línea “Rancagua” con las estrellas de cada una de las batallas en que estuvo.

Otra rareza es la “germanización” de ejército chileno. Hasta la guerra del Pacífico el Ejército de Chile seguía el modelo francés en su organización, uniformes, métodos, etc. Pero cuando terminó la guerra (y también durante) los problemas de disciplina y desorganización eran enormes, así es que el presidente Santa María contrató en Alemania a Emilio Koerner, que no era un militar cualquiera, tercera antigüedad en la Academia Prusiana, precedido solamente por Hindenburg y por Meckel. Koerner finalmente se encariñó con Chile y se nacionalizó, fue incorporado al ejército chileno donde llegó hasta general de división. Algunas de sus declaraciones a la prensa alemana muestran que realmente le gustaba el país:

“Los chilenos nacen soldados. Los reclutas aprenden en un mes lo que los conscriptos europeos en un año”…”El servicio militar es la verdadera escuela del pueblo”…”Si yo no hubiera tenido el honor de ser alemán, habría querido tener el honor de ser chileno; yo llegué a Chile en 1885. Me encanté de tal modo con aquella tierra, que la considero mi segunda patria”.

Pero también Koerner fue muy criticado por su excesivo apego a los desfiles y maniobras de formación, alguna vez leí en un libro de historia que contaba como se aplicaba la pena reglamentaria de azotes en el ejercito chileno (castigo disciplinario): se formaba toda la compañía y la banda tocaba la “canción de Yungay” (un himno militar famoso en Chile) y eran azotados en la espalda hasta sacar sangre. A los palos le llamaban recibir el pago de Chile.

“Este castigo después se suprimió porque resultaba contraproducente, los tipos encallecidos no le tenían miedo al dolor físico e iban felices al castigo, después eran recibidos como héroes entre sus compañeros y eso echaba a perder la disciplina en general y creaba caudillos sin respeto por nada”.

En fin, historias, tradiciones y rarezas militares, el ejército está lleno de ellas y todo a propósito del famoso e incongruente viva Chile mierda.

Viva Chile mierda!

Archivado en: ejercito, guerra del pacifico — tombrad @ 11:51 pm

Leí pocos días atrás la pregunta de un gringo perplejo, que no podía entender el significado de la expresión ¡viva Chile mierda!, es decir entendía perfectamente la parte “viva Chile” pero no se explicaba que tiene que ver “mierda” en el asunto.

La verdad es que todas estas expresiones tienen su lógica -a propósito, nuestros vecinos tienen el equivalente ¡que viva el Perú carajo!- se trata de gritos de guerra que se usan en espectáculos deportivos y ocasiones por el estilo para levantar los ánimos de la gente.

Pensando de donde vendría una frase tan pintoresca como incongruente, se me ocurrió que debe ser probablemente de la guerra del Pacífico cuando se hacían cargas de bayoneta, y había que ir corriendo contra las balas a asaltar la trinchera enemiga, con un tipo llevando la bandera y otro tocando el clarín a la vanguardia, ese era el trabajo más peligroso aunque se peleaban por hacerlo. Entonces tenían que darse ánimos y embestían gritando y chivateando al estilo de los indios. Creo que esa es una buena explicación para el ¡viva Chile mierda! que, pensándolo bien es un grito bien extraño. Me imagino que el gringo lo trataba de asimilar a algo así como “God bless America, shit!” y no le veía pies ni cabeza.

Hay muchas tradiciones curiosas de la guerra del pacífico, por ejemplo lo de las banderas, los regimientos cuidaban mucho su bandera porque cuando la tomaba el enemigo por lo general significaba derrota y desbande, pero el mismo tiempo la bandera tenía que ir al frente así es que los portaestandartes -generalmente niños- eran el blanco de todas las balas. Por eso en los desfiles del ejército chileno, a diferencia de otros ejércitos que marchan con muchas banderas comunes y corrientes, lo primero que desfila son los tipos con estandartes de combate de cada regimiento, solo uno por regimiento en lugar del mar de banderas con que se desfila en otros países. Ese también es el sentido de tocar “Los viejos estandartes” que se trata de las banderas que estuvieron en las cargas y vuelven todas desteñidas y deshilachadas. En el museo del Morro de Arica, en un subterraneo se exhibe en una vitrina el estandarte de combate del 4to de Línea “Rancagua” con las estrellas de cada una de las batallas en que estuvo.

Otra rareza es la “germanización” de ejército chileno. Hasta la guerra del Pacífico el Ejército de Chile seguía el modelo francés en su organización, uniformes, métodos, etc. Pero cuando terminó la guerra (y también durante) los problemas de disciplina y desorganización eran enormes, así es que el presidente Santa María contrató en Alemania a Emilio Koerner, que no era un militar cualquiera, tercera antigüedad en la Academia Prusiana, precedido solamente por Hindenburg y por Meckel. Koerner finalmente se encariñó con Chile y se nacionalizó, fue incorporado al ejército chileno donde llegó hasta general de división. Algunas de sus declaraciones a la prensa alemana muestran que realmente le gustaba el país:

“Los chilenos nacen soldados. Los reclutas aprenden en un mes lo que los conscriptos europeos en un año”…”El servicio militar es la verdadera escuela del pueblo”…”Si yo no hubiera tenido el honor de ser alemán, habría querido tener el honor de ser chileno; yo llegué a Chile en 1885. Me encanté de tal modo con aquella tierra, que la considero mi segunda patria”.

Pero también Koerner fue muy criticado por su excesivo apego a los desfiles y maniobras de formación, alguna vez leí en un libro de historia que contaba como se aplicaba la pena reglamentaria de azotes en el ejercito chileno (castigo disciplinario): se formaba toda la compañía y la banda tocaba la “canción de Yungay” (un himno militar famoso en Chile) y eran azotados en la espalda hasta sacar sangre. A los palos le llamaban recibir el pago de Chile.

“Este castigo después se suprimió porque resultaba contraproducente, los tipos encallecidos no le tenían miedo al dolor físico e iban felices al castigo, después eran recibidos como héroes entre sus compañeros y eso echaba a perder la disciplina en general y creaba caudillos sin respeto por nada”.

En fin, historias, tradiciones y rarezas militares, el ejército está lleno de ellas y todo a propósito del famoso e incongruente viva Chile mierda.

3 enero, 2008

La Guerra del Pacífico

Archivado en: guerra del pacifico — tombrad @ 10:52 am

Miren esta foto, me la mandó Medardo, un abogado santiaguino y muestra una de las curiosidades de Arica: la Casa de la Respuesta, donde el coronel peruano Bolognesi rehusó rendirse, con la bandera peruana, mientras que al fondo, en la cima del morro, aparece la bandera chilena. La curiosidad es que las dos banderas, antes enemigas en la guerra, hoy se miran todo el año, gracias a una martingala diplomática que enojó mucho a algunos ultra nacionalistas en Arica. Pero en Arica esos son escasos, tenemos un contacto tan cercano y durante tantos años con Perú que a la mayoría de la gente esas peleas le parecen ridículas y muy anacrónicas.

En estos días las relaciones con Perú y Bolivia son excelentes. Alan García ha sido muy inteligente al declarar que la competencia con Chile debe ser económica y no militar, me alegro por eso, aunque al paso que van, nos podrían alcanzar y sobrepasar en un par de años, pero es mucho mejor eso que andar haciendo inútiles fintas de guerra. Evo Morales también resultó mucho más realista que la mayoría de sus antecesores en la relación con Chile, con lo que por lo menos, en el lado diplomático y militar da bastante seguridad a ambos países.

Al revisar lo que fue la Guerra del Pacífico existen distintas tendencias: en un extremo están los que la presentan como una guerra entre una parte noble, valiente contra otros infames y cobardes, el nombre de los buenos y los malos cambia según el país pero es una forma estúpidamente simplificada de presentar la historia. Los nacionalistas extremos -tal como los nazis en el pasado- usan esos tontos cuentos como herramienta para obtener provecho.

También están los que presentan el asunto como un simple negocio de los salitreros ingleses que usaron a los gobiernos corruptos como títeres para ganar más plata. Eso es igualmente burdo y un insulto a la memoria de los valientes que dejaron los huesos peleando por los intereses de sus respectivos países. Pensar que Anibal Pinto, Rafael Sotomayor o los gobernantes de Perú y Bolivia eran simples títeres de intereses extranjeros es otra estupidez e ignorancia.

La realidad es mucho más compleja que esas simplificaciones para consumo del populacho. Claro que hubo valientes y cobardes, traiciones, intereses económicos, pero fue cosa que ocurrió en todos los bandos y los intereses fueron nacionales, no solo de un grupo de capitalistas como tontamente se hace aparecer. Así es como trabaja la propaganda y como se desfigura la historia, lo hemos visto muchas veces incluso en hechos muy recientes, a los pocos años ya aparecen “historiadores” interesados presentando versiones simplificadas y falsas para provecho de sus propias causas personales. Mucha gente ha hecho carrera a costa de presentar estas caricaturas supuestamente objetivas de lo que fué la cosa.

La Guerra del Pacífico no es un asunto para esconder bajo la alfombra, es bueno conocerla y admirar a mucha gente excepcional de esa época. Pero ya ha pasado suficiente tiempo como para olvidarse de las revanchas reconociendo el patriotismo de mucha gente que peleó entonces, civiles y militares: Sotomayor, Pinto, Prat, en Chile; Bolognesi, Grau en Perú, Abaroa en Bolivia, deberían ser ejemplos -entre muchos otros- para todos los países involucrados.

Otra foto interesante es esta que muestra el sector de los cañones en su emplazamiento original con el parque de antenas de radio y la televisión abierta al fondo. En fin, un buen tema para conocer y revisar, especialmente para mi que vivo justo encima de donde se produjo una de las batallas más sangrientas.

Para la noche de año nuevo, cuando pasé a buscar a Chuck me convidó una cerveza belga Tripel Karmeliet, de tres granos y doble fermentación en botella. En Santiago, años atrás probé unas cervezas belgas en el Gatopardo y me gustaron, pero tengo que decir una herejía: ¡a la Tripel le encontré gusto a chicha! en fin, ya lo dije, pueden apedrearme los fanáticos de la cerveza belga pero es verdad, tiene realmente gusto a chicha similar al de la cerveza artesanal que hacen en el HBH de Santiago. Cada botellita de esas debe costar una pequeña fortuna y según los especialistas es una de las más finas cervezas del mundo, pero tiene gusto a chicha, y que jué.

La Guerra del Pacífico

Archivado en: guerra del pacifico — tombrad @ 10:52 am

Miren esta foto, me la mandó Medardo, un abogado santiaguino y muestra una de las curiosidades de Arica: la Casa de la Respuesta, donde el coronel peruano Bolognesi rehusó rendirse, con la bandera peruana, mientras que al fondo, en la cima del morro, aparece la bandera chilena. La curiosidad es que las dos banderas, antes enemigas en la guerra, hoy se miran todo el año, gracias a una martingala diplomática que enojó mucho a algunos ultra nacionalistas en Arica. Pero en Arica esos son escasos, tenemos un contacto tan cercano y durante tantos años con Perú que a la mayoría de la gente esas peleas le parecen ridículas y muy anacrónicas.

En estos días las relaciones con Perú y Bolivia son excelentes. Alan García ha sido muy inteligente al declarar que la competencia con Chile debe ser económica y no militar, me alegro por eso, aunque al paso que van, nos podrían alcanzar y sobrepasar en un par de años, pero es mucho mejor eso que andar haciendo inútiles fintas de guerra. Evo Morales también resultó mucho más realista que la mayoría de sus antecesores en la relación con Chile, con lo que por lo menos, en el lado diplomático y militar da bastante seguridad a ambos países.

Al revisar lo que fue la Guerra del Pacífico existen distintas tendencias: en un extremo están los que la presentan como una guerra entre una parte noble, valiente contra otros infames y cobardes, el nombre de los buenos y los malos cambia según el país pero es una forma estúpidamente simplificada de presentar la historia. Los nacionalistas extremos -tal como los nazis en el pasado- usan esos tontos cuentos como herramienta para obtener provecho.

También están los que presentan el asunto como un simple negocio de los salitreros ingleses que usaron a los gobiernos corruptos como títeres para ganar más plata. Eso es igualmente burdo y un insulto a la memoria de los valientes que dejaron los huesos peleando por los intereses de sus respectivos países. Pensar que Anibal Pinto, Rafael Sotomayor o los gobernantes de Perú y Bolivia eran simples títeres de intereses extranjeros es otra estupidez e ignorancia.

La realidad es mucho más compleja que esas simplificaciones para consumo del populacho. Claro que hubo valientes y cobardes, traiciones, intereses económicos, pero fue cosa que ocurrió en todos los bandos y los intereses fueron nacionales, no solo de un grupo de capitalistas como tontamente se hace aparecer. Así es como trabaja la propaganda y como se desfigura la historia, lo hemos visto muchas veces incluso en hechos muy recientes, a los pocos años ya aparecen “historiadores” interesados presentando versiones simplificadas y falsas para provecho de sus propias causas personales. Mucha gente ha hecho carrera a costa de presentar estas caricaturas supuestamente objetivas de lo que fué la cosa.

La Guerra del Pacífico no es un asunto para esconder bajo la alfombra, es bueno conocerla y admirar a mucha gente excepcional de esa época. Pero ya ha pasado suficiente tiempo como para olvidarse de las revanchas reconociendo el patriotismo de mucha gente que peleó entonces, civiles y militares: Sotomayor, Pinto, Prat, en Chile; Bolognesi, Grau en Perú, Abaroa en Bolivia, deberían ser ejemplos -entre muchos otros- para todos los países involucrados.

Otra foto interesante es esta que muestra el sector de los cañones en su emplazamiento original con el parque de antenas de radio y la televisión abierta al fondo. En fin, un buen tema para conocer y revisar, especialmente para mi que vivo justo encima de donde se produjo una de las batallas más sangrientas.

Para la noche de año nuevo, cuando pasé a buscar a Chuck me convidó una cerveza belga Tripel Karmeliet, de tres granos y doble fermentación en botella. En Santiago, años atrás probé unas cervezas belgas en el Gatopardo y me gustaron, pero tengo que decir una herejía: ¡a la Tripel le encontré gusto a chicha! en fin, ya lo dije, pueden apedrearme los fanáticos de la cerveza belga pero es verdad, tiene realmente gusto a chicha similar al de la cerveza artesanal que hacen en el HBH de Santiago. Cada botellita de esas debe costar una pequeña fortuna y según los especialistas es una de las más finas cervezas del mundo, pero tiene gusto a chicha, y que jué.

7 junio, 2007

>Guerra del Pacífico

Archivado en: guerra del pacifico — tombrad @ 7:52 pm

>¡Que manera de hacer frío! con una temperatura de unos 15 grados celcius y todo el día nublado me parece estar viviendo en Siberia. Todos están en la cama, con doble enredón y tapados hasta las orejas, mientras que mi querida suegra y una tía viejísima que vive con nosotros reniegan que el clima ya no es como antes. Todos los años dicen lo mismo, desde que las conozco.

Para pasar la depresión que me traen estos días nublados me puse a leer el segundo libro de la Historia de la Guerra del Pacífico de Gonzalo Bulnes, es un libro increíble porque está escrito por un contemporáneo que conoció y fue amigo personal de muchos de los protagonistas. Tal vez no sea tan científico como la Historia de Chile de Francisco Encina (me la leí completa, los 40 y tantos libros) pero es mucho más entretenida.

Bueno, es una historia repleta de opiniones y detalles poco conocidos, acerca de la pequeña historia que es la que a mi más me gusta. Me entero por ejemplo que Domingo Santa María, que era el segundo hombre en el gobierno chileno de esos años -sucesor de Anibal Pinto en la presidencia- era un convencido de la política boliviana. Esta consistía en que Bolivia se aliara a Chile a cambio de darles una salida al mar por territorio peruano, a la altura de Moquegua.

Esto habría constituído una enorme traición de parte de Bolivia, puesto que Peru entró a la guerra para defenderlos en Antofagasta y las tropas bolivianas apenas combatieron. Pero así describe Gonzalo Bulnes la idea detrás de la política boliviana de Santa María:

“Un pais, mediterrheo, sin costas propias, desenvolviéndose a semejanza de la Suiza. Creia que colocada Bolivia en esa disyuntiva no depondria las armas hasta ser aniquilada. Por consiguiente habia que esperar que Bolivia fuese perpetuamente el aliado del Peru en la reivindicacion de Tarapacá, i que Chile tendria que vivir combatiendo contra las irrupciones de los dos paises i en especial de Bolivia que lucharia por su existencia.”

Pero Bulnes añadía su opinión:

“No era moral esa politica que se basaba en la traicion i tampoco conveniente para Chile. Esto en cuanto a su fondo. Juzgtindola en relacion con la época era una ilusion, que como los espejismos del desierto”.

También habla de los problemas en el Ejército Chileno, donde el corazón de abuelita del General Erasmo Escala permitía toda clase de abusos: los oficiales abusaban de las licencias para volver al sur y la disciplina era un enorme problema. Los abusos de los soldados quedaban impunes por la actitud bonachona del General Escala.

Además de pelear contra los enemigos, en Santiago había una guerra paralela por la prensa liderada por Benjamín Vicuña Mackena y todos los políticos que buscaban el poder en las próximas elecciones. Sotomayor escribe

“Cada oficial, hace un romance de los combates. Lo envia a la prensa i muchos se hacen heroes por sus propias alabanzas. De aqui nace, escribia Santa Maria, que el soldado está soberbio i el Jefe desprestijiado”

Todos estos chismes, amplificados por la prensa eran parte de la campaña presidencial que estaba en camino. Así, el Comandante en Jefe Erasmo Escala se convirtió en un problema porque era incapaz de mantener la disciplina en el ejército. Anibal Pinto escribía “Nuestras tropas se han convencido tan bien que son hombres de guerra, que cuando no tienen al enemigo enfrente se pelean entre sí”. Sotomayor escribía “se va al sur el que quiere” y así sucesivamente.

Finalmente los roces entre Escala y el ministro en campaña Rafael Sotomayor explotaron. Escala fué a Santiago a presentar su renuncia con elástico, seguro que sus amigos políticos y el pueblo no lo permitirían, pero se llevó la desagradable sorpresa que le dijeron “bueno” y allí terminó su actuación en la guerra, lo mató el ego.

Luego de asegurar Pisagua, Dolores y recobrarse del descalabro de Tarapacá, las tropas chilenas se embarcaron hacia el norte para las próximas batallas en Tacna y Arica. Aunque con todos los problemas de indisciplina en el ejército, la aventura se veía muy dudosa. Saavedra le escribía así a Sotomayor

“Marzo 26. Aqui se abrigan dudas i temores sobre el resultado de la campaña sobre Arica i Tacna i la jeneralidad mira como prudente no pasar adelante de Moquegua o de puntos que nos pongan en fácil comunicacion con el mar.*

El resto es historia conocida: las más sangrientas batallas se produjeron en las cercanías de Tacna (Campo de la Alianza, probablemente la última en que las fuerzas estuvieron equiparadas) y el Asalto y Toma del Morro de Arica, ambas fueron verdaderas carnicerías para los dos bandos.

Luego de ganar en Campo de la Alianza y mientras se planeaba el Asalto del Morro de Arica en la playa de la Yarada, muere el ministro Rafal Sotomayor, víctima de un colapso, él fue el verdadero conductor de la guerra y uno de nuestros mayores héroes tanto por su capacidad como por su extraordinario carácter.

En Asalto y Toma del Morro de Arica escribí algunas anécdotas de la batalla. Y si quieren escuchar el más bello himno de una ciudad chilena, escrito por don Pedro Ariel Olea a quien tuve el gusto de conocer, hagan clic aquí.

Guerra del Pacífico

Archivado en: guerra del pacifico — tombrad @ 7:52 pm

¡Que manera de hacer frío! con una temperatura de unos 15 grados celcius y todo el día nublado me parece estar viviendo en Siberia. Todos están en la cama, con doble enredón y tapados hasta las orejas, mientras que mi querida suegra y una tía viejísima que vive con nosotros reniegan que el clima ya no es como antes. Todos los años dicen lo mismo, desde que las conozco.

Para pasar la depresión que me traen estos días nublados me puse a leer el segundo libro de la Historia de la Guerra del Pacífico de Gonzalo Bulnes, es un libro increíble porque está escrito por un contemporáneo que conoció y fue amigo personal de muchos de los protagonistas. Tal vez no sea tan científico como la Historia de Chile de Francisco Encina (me la leí completa, los 40 y tantos libros) pero es mucho más entretenida.

Bueno, es una historia repleta de opiniones y detalles poco conocidos, acerca de la pequeña historia que es la que a mi más me gusta. Me entero por ejemplo que Domingo Santa María, que era el segundo hombre en el gobierno chileno de esos años -sucesor de Anibal Pinto en la presidencia- era un convencido de la política boliviana. Esta consistía en que Bolivia se aliara a Chile a cambio de darles una salida al mar por territorio peruano, a la altura de Moquegua.

Esto habría constituído una enorme traición de parte de Bolivia, puesto que Peru entró a la guerra para defenderlos en Antofagasta y las tropas bolivianas apenas combatieron. Pero así describe Gonzalo Bulnes la idea detrás de la política boliviana de Santa María:

“Un pais, mediterrheo, sin costas propias, desenvolviéndose a semejanza de la Suiza. Creia que colocada Bolivia en esa disyuntiva no depondria las armas hasta ser aniquilada. Por consiguiente habia que esperar que Bolivia fuese perpetuamente el aliado del Peru en la reivindicacion de Tarapacá, i que Chile tendria que vivir combatiendo contra las irrupciones de los dos paises i en especial de Bolivia que lucharia por su existencia.”

Pero Bulnes añadía su opinión:

“No era moral esa politica que se basaba en la traicion i tampoco conveniente para Chile. Esto en cuanto a su fondo. Juzgtindola en relacion con la época era una ilusion, que como los espejismos del desierto”.

También habla de los problemas en el Ejército Chileno, donde el corazón de abuelita del General Erasmo Escala permitía toda clase de abusos: los oficiales abusaban de las licencias para volver al sur y la disciplina era un enorme problema. Los abusos de los soldados quedaban impunes por la actitud bonachona del General Escala.

Además de pelear contra los enemigos, en Santiago había una guerra paralela por la prensa liderada por Benjamín Vicuña Mackena y todos los políticos que buscaban el poder en las próximas elecciones. Sotomayor escribe

“Cada oficial, hace un romance de los combates. Lo envia a la prensa i muchos se hacen heroes por sus propias alabanzas. De aqui nace, escribia Santa Maria, que el soldado está soberbio i el Jefe desprestijiado”

Todos estos chismes, amplificados por la prensa eran parte de la campaña presidencial que estaba en camino. Así, el Comandante en Jefe Erasmo Escala se convirtió en un problema porque era incapaz de mantener la disciplina en el ejército. Anibal Pinto escribía “Nuestras tropas se han convencido tan bien que son hombres de guerra, que cuando no tienen al enemigo enfrente se pelean entre sí”. Sotomayor escribía “se va al sur el que quiere” y así sucesivamente.

Finalmente los roces entre Escala y el ministro en campaña Rafael Sotomayor explotaron. Escala fué a Santiago a presentar su renuncia con elástico, seguro que sus amigos políticos y el pueblo no lo permitirían, pero se llevó la desagradable sorpresa que le dijeron “bueno” y allí terminó su actuación en la guerra, lo mató el ego.

Luego de asegurar Pisagua, Dolores y recobrarse del descalabro de Tarapacá, las tropas chilenas se embarcaron hacia el norte para las próximas batallas en Tacna y Arica. Aunque con todos los problemas de indisciplina en el ejército, la aventura se veía muy dudosa. Saavedra le escribía así a Sotomayor

“Marzo 26. Aqui se abrigan dudas i temores sobre el resultado de la campaña sobre Arica i Tacna i la jeneralidad mira como prudente no pasar adelante de Moquegua o de puntos que nos pongan en fácil comunicacion con el mar.*

El resto es historia conocida: las más sangrientas batallas se produjeron en las cercanías de Tacna (Campo de la Alianza, probablemente la última en que las fuerzas estuvieron equiparadas) y el Asalto y Toma del Morro de Arica, ambas fueron verdaderas carnicerías para los dos bandos.

Luego de ganar en Campo de la Alianza y mientras se planeaba el Asalto del Morro de Arica en la playa de la Yarada, muere el ministro Rafal Sotomayor, víctima de un colapso, él fue el verdadero conductor de la guerra y uno de nuestros mayores héroes tanto por su capacidad como por su extraordinario carácter.

En Asalto y Toma del Morro de Arica escribí algunas anécdotas de la batalla. Y si quieren escuchar el más bello himno de una ciudad chilena, escrito por don Pedro Ariel Olea a quien tuve el gusto de conocer, hagan clic aquí.

6 mayo, 2007

>Había que echarle para cargar con bayoneta

Archivado en: guerra del pacifico — tombrad @ 11:55 pm

>No quiero entrar en peleas interminables, pero antenoche conversaba con mi amigo Ivan que me decía que Chile no debía tener fuerzas armadas, tal como no tiene Costa Rica. Se que hay mucha gente que piensa que todas las guerras son malas y hacen de esto un juego de pacíficos buenos atacados por villanos malos. Respeto su opinión pero no la comparto.

Mi idea es distinta y aunque se aparte de lo políticamente correcto igual lo voy a poner porque para eso tengo el blog, para poner mis opiniones. Yo no soy pacifista, lo que no quiere decir que crea conveniente tomar todo lo que uno quiera usando la fuerza. Sin embargo creo que la guerra es un mecanismo legítimo de defensa de los propios intereses bajo circunstancias extremas.

Yo creo que todo el bienestar y paz que disfruto en estos momentos, sentado, escribiendo -con los pies arriba del escritorio- cualquier cosa que se me ocurra no es algo gratis. Es algo que se ha conseguido gracias a muchos que se han venido matando desde hace muchos años en guerras desde muy antiguos tiempos.

Todos somos en algún grado cobardes, pero hay distintas clases de cobardía. Uno se puede acobardar en una situación peligrosa donde corre peligro de muerte y salir arrancando, es bien comprensible. Pero hay otra clase de cobardes que se arrancan antes de dar ninguna pelea. Ese fue el caso de Chamberlain, que estaba dispuesto a cualquier cosa simplemente porque tenía miedo de entrar a una guerra con Hitler.

Gracias a que Churchill y Roosvelt no se acobardaron es que el nazismo no se apoderó del mundo, fué hace menos de un siglo que estuvimos a punto de caer en un régimen global de fanáticos racistas y lo que nos salvó de estar esclavizados por ellos ahora mismo fue una guerra.

Tampoco me hubiera hecho maldita gracia vivir gobernado por tipos como Stalin o que algún imbecil fanático musulmán o de la religión que sea tenga poder para decirme lo que debo y no debo hacer en el nombre de Allah, Shiva, Jeovah o quien sea.

Gracias a muchas guerras es que yo ahora vivo tranquilo, pero esa tranquilidad nunca es gratis, ni un regalo. La paz hay que cuidarla primero intentando mantener las mejores relaciones con todos y segundo asegurándose de tener los mejores medios para defenderse. Ambas cosas van de la mano.

Si don Diego Portales hubiese sido un pacifista, seguramente Chile no existiría y seríamos parte de la Confedración Perú-Boliviana del Mariscal Santa Cruz. La verdad es que no estuvimos muy lejos de eso en su momento.

Tampoco soy de esos chauvinistas que creen que por ser chilenos somos mejores que cualquier otro país , eso es una estupidez, el que lea un poco de historia sabe que todos los países tienen sus grandezas, miserias y que cuando se llega al caso de guerra simplemente defienden sus respectivos intereses nacionales, como es su deber.

La verdad es que admiro las guerras, y por supuesto a la gente que le ha tocado pelear en ellas, incluso a los cobardes. Más que nada a los cobardes que han sido capaces de cumplir a pesar del susto, esos han sido los mejores de todos.

Dejo entonces mi admiración para todos los que pelearon en la Guerra del Pacífico: peruanos, bolivianos y chilenos, había que echarle para cargar con bayoneta.

Había que echarle para cargar con bayoneta

Archivado en: guerra del pacifico — tombrad @ 11:55 pm

No quiero entrar en peleas interminables, pero antenoche conversaba con mi amigo Ivan que me decía que Chile no debía tener fuerzas armadas, tal como no tiene Costa Rica. Se que hay mucha gente que piensa que todas las guerras son malas y hacen de esto un juego de pacíficos buenos atacados por villanos malos. Respeto su opinión pero no la comparto.

Mi idea es distinta y aunque se aparte de lo políticamente correcto igual lo voy a poner porque para eso tengo el blog, para poner mis opiniones. Yo no soy pacifista, lo que no quiere decir que crea conveniente tomar todo lo que uno quiera usando la fuerza. Sin embargo creo que la guerra es un mecanismo legítimo de defensa de los propios intereses bajo circunstancias extremas.

Yo creo que todo el bienestar y paz que disfruto en estos momentos, sentado, escribiendo -con los pies arriba del escritorio- cualquier cosa que se me ocurra no es algo gratis. Es algo que se ha conseguido gracias a muchos que se han venido matando desde hace muchos años en guerras desde muy antiguos tiempos.

Todos somos en algún grado cobardes, pero hay distintas clases de cobardía. Uno se puede acobardar en una situación peligrosa donde corre peligro de muerte y salir arrancando, es bien comprensible. Pero hay otra clase de cobardes que se arrancan antes de dar ninguna pelea. Ese fue el caso de Chamberlain, que estaba dispuesto a cualquier cosa simplemente porque tenía miedo de entrar a una guerra con Hitler.

Gracias a que Churchill y Roosvelt no se acobardaron es que el nazismo no se apoderó del mundo, fué hace menos de un siglo que estuvimos a punto de caer en un régimen global de fanáticos racistas y lo que nos salvó de estar esclavizados por ellos ahora mismo fue una guerra.

Tampoco me hubiera hecho maldita gracia vivir gobernado por tipos como Stalin o que algún imbecil fanático musulmán o de la religión que sea tenga poder para decirme lo que debo y no debo hacer en el nombre de Allah, Shiva, Jeovah o quien sea.

Gracias a muchas guerras es que yo ahora vivo tranquilo, pero esa tranquilidad nunca es gratis, ni un regalo. La paz hay que cuidarla primero intentando mantener las mejores relaciones con todos y segundo asegurándose de tener los mejores medios para defenderse. Ambas cosas van de la mano.

Si don Diego Portales hubiese sido un pacifista, seguramente Chile no existiría y seríamos parte de la Confedración Perú-Boliviana del Mariscal Santa Cruz. La verdad es que no estuvimos muy lejos de eso en su momento.

Tampoco soy de esos chauvinistas que creen que por ser chilenos somos mejores que cualquier otro país , eso es una estupidez, el que lea un poco de historia sabe que todos los países tienen sus grandezas, miserias y que cuando se llega al caso de guerra simplemente defienden sus respectivos intereses nacionales, como es su deber.

La verdad es que admiro las guerras, y por supuesto a la gente que le ha tocado pelear en ellas, incluso a los cobardes. Más que nada a los cobardes que han sido capaces de cumplir a pesar del susto, esos han sido los mejores de todos.

Dejo entonces mi admiración para todos los que pelearon en la Guerra del Pacífico: peruanos, bolivianos y chilenos, había que echarle para cargar con bayoneta.

El gran teatro de la historia

Archivado en: guerra del pacifico — tombrad @ 1:09 pm

Anoche me preparaba para escribir mi habitual entrada cuando recibí un llamado telefónico: era Gabriel Abusleme que estaba en La Estrella de Arica, preparando su columna de los domingos, la sorpresa es que andaba con Iván Seisdedos a quien no veía desde hace muchos años y me llamaba para invitarme a comer.

El deber ante todo, pensé de inmediato, y considerando que estoy en período de vacas flacas partí de inmediato a vitaminizarme y mineralizarme a expensas de mis amigos.

Resulta que Iván quería proponerme un trabajo, cosa que rechazé con la indignación que corresponde, pero como la invitación siguió en pie nos fuimos al Dimango y después al Casino.

Para quienes no conocen a los personajes mencionados no se imaginan lo divertido que puede ser pasar un rato con ellos: la colección de anécdotas, historias y cosas raras de la política nacional que tienen entre los dos es enorme. Lástima que la mayoría, si no todas, son impublicables. El asunto es que me divertí mucho.

Para los que llegan al blog buscando información sobre la Guerra del Pacífico, les tengo buenas noticias: Ovidio de Ferrari, el músico ariqueño, me cuenta que es bisnieto de Filomena Valenzuela Goyanechea y me mandará información inédita para publicar en la web. Mucha gente no tiene idea sobre la historia de las cantineras que combatieron en esa guerra, no solo ayudando a las tropas sino que peleando a la par con los soldados. Filomena Valenzuela participó en la mayoría de las batallas importantes de la campaña de Tarapacá, finalmente se estableció en Iquique donde murió en los años 20.

Un mail de Laurita Croqueville, viuda de Bonilla, también me recordó que Rafael Sotomayor, el Ministro de Guerra en Campaña, fue tatarabuelo de Laurita y para mi es un gran orgullo tener este parentesco -aunque muy indirecto- con el artífice de la victoria chilena en esa guerra. Rafael Sotomayor fue el civil que dirigió al Ejército Chileno durante el desembarco de Pisagua, y murió en plena campaña en la playa peruana de La Yarada muy cerca de Arica.

Sotomayor fue un modelo de los grandes chilenos de esos tiempos: sobrio, honrado y con un concepto exagerado del deber, que al final lo llevó a la tumba, tuvo que pelear contra un montón de militares ineptos, intrigantes, políticos y periodistas sinverguenzas, escaladores y locos como Vicuña Mackenna. Es una de mis figuras chilenas favoritas de la Guerra del Pacífico. Laurita también me manda este pps con proverbios de diferentes culturas. A mi me gustó este “El que teme de sufrir, sufre de temor” ¿que tal?.

En Arica vivimos sobre el gran teatro de la historia, lleno de recuerdos de la Guerra del Pacífico donde Chile, Perú y Bolivia dieron la feroz pelea hace poco más de 100 años, está lleno de recuerdos de sacrificio y cada país tiene su recuerdo heroico: Chile en Iquique, Perú en Arica y Bolivia en Calama.

Uno de los episodios más extraordinarios fue la retirada a pie de las tropas peruano-bolivianas desde Tarapacá hasta Arica y mi amigo Grimaldo, ex paracaidista de la U.S. Army y apasionado de la historia militar quiere repetir la marcha a pie, recorriendo cada uno de los lugares de las batallas, desde Pisagua hasta Arica.

Yo me comprometí a acompañarlo en los tramos más fáciles: Pisagua-Dolores y luego Codpa-Arica, a ver si no me acobardo en último momento, pero espero poder hacerlo el próximo año. Tendré entonces una aventura extraordinaria para contarles, siempre y cuando no tire para la cola.en el último momento. Para entrenarme, este año si que voy a Las Peñas, sin falta.

El gran teatro de la historia

Archivado en: guerra del pacifico — tombrad @ 1:09 pm

Anoche me preparaba para escribir mi habitual entrada cuando recibí un llamado telefónico: era Gabriel Abusleme que estaba en La Estrella de Arica, preparando su columna de los domingos, la sorpresa es que andaba con Iván Seisdedos a quien no veía desde hace muchos años y me llamaba para invitarme a comer.

El deber ante todo, pensé de inmediato, y considerando que estoy en período de vacas flacas partí de inmediato a vitaminizarme y mineralizarme a expensas de mis amigos.

Resulta que Iván quería proponerme un trabajo, cosa que rechazé con la indignación que corresponde, pero como la invitación siguió en pie nos fuimos al Dimango y después al Casino.

Para quienes no conocen a los personajes mencionados no se imaginan lo divertido que puede ser pasar un rato con ellos: la colección de anécdotas, historias y cosas raras de la política nacional que tienen entre los dos es enorme. Lástima que la mayoría, si no todas, son impublicables. El asunto es que me divertí mucho.

Para los que llegan al blog buscando información sobre la Guerra del Pacífico, les tengo buenas noticias: Ovidio de Ferrari, el músico ariqueño, me cuenta que es bisnieto de Filomena Valenzuela Goyanechea y me mandará información inédita para publicar en la web. Mucha gente no tiene idea sobre la historia de las cantineras que combatieron en esa guerra, no solo ayudando a las tropas sino que peleando a la par con los soldados. Filomena Valenzuela participó en la mayoría de las batallas importantes de la campaña de Tarapacá, finalmente se estableció en Iquique donde murió en los años 20.

Un mail de Laurita Croqueville, viuda de Bonilla, también me recordó que Rafael Sotomayor, el Ministro de Guerra en Campaña, fue tatarabuelo de Laurita y para mi es un gran orgullo tener este parentesco -aunque muy indirecto- con el artífice de la victoria chilena en esa guerra. Rafael Sotomayor fue el civil que dirigió al Ejército Chileno durante el desembarco de Pisagua, y murió en plena campaña en la playa peruana de La Yarada muy cerca de Arica.

Sotomayor fue un modelo de los grandes chilenos de esos tiempos: sobrio, honrado y con un concepto exagerado del deber, que al final lo llevó a la tumba, tuvo que pelear contra un montón de militares ineptos, intrigantes, políticos y periodistas sinverguenzas, escaladores y locos como Vicuña Mackenna. Es una de mis figuras chilenas favoritas de la Guerra del Pacífico. Laurita también me manda este pps con proverbios de diferentes culturas. A mi me gustó este “El que teme de sufrir, sufre de temor” ¿que tal?.

En Arica vivimos sobre el gran teatro de la historia, lleno de recuerdos de la Guerra del Pacífico donde Chile, Perú y Bolivia dieron la feroz pelea hace poco más de 100 años, está lleno de recuerdos de sacrificio y cada país tiene su recuerdo heroico: Chile en Iquique, Perú en Arica y Bolivia en Calama.

Uno de los episodios más extraordinarios fue la retirada a pie de las tropas peruano-bolivianas desde Tarapacá hasta Arica y mi amigo Grimaldo, ex paracaidista de la U.S. Army y apasionado de la historia militar quiere repetir la marcha a pie, recorriendo cada uno de los lugares de las batallas, desde Pisagua hasta Arica.

Yo me comprometí a acompañarlo en los tramos más fáciles: Pisagua-Dolores y luego Codpa-Arica, a ver si no me acobardo en último momento, pero espero poder hacerlo el próximo año. Tendré entonces una aventura extraordinaria para contarles, siempre y cuando no tire para la cola.en el último momento. Para entrenarme, este año si que voy a Las Peñas, sin falta.

Tema WordPress Classic. Blog de WordPress.com.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.