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¿Como me pude equivocar? en la entrada anterior coloqué que estaba leyendo The Sun Also Rises (Fiesta) de Hemingway, claro que no, lo que estoy leyendo en realidad es otra novela que se llama Al otro lado del río, entre los árboles, ¡que título más malo! Bueno la novela tampoco es de las mejores que escribió.
No se si les he contado pero yo soy una especie de fanático de trivia de ese escritor, he leído casi todo lo que escribió y también muchísimo acerca de su vida personal. Esta novela que me faltaba leer la escribió después de un largo silencio, en 1950 y se trata de un coronel viejo, acabado a los 51 años (¡diablos, yo tengo 56!) que está a punto de morirse y se va a Venecia a cazar patos en el último carpe diem de su vida.
Hemingway escribió sus mejores libros entre las dos guerra mundiales: Fiesta era sobre la amistad, un tema que se trató después muchas veces por otros escritores, Muerte en la tarde sobre las corridas de toros, Adiós a las armas, de la primera guerra mundial, Las verdes colinas de Africa, Tener o no tener, La quinta columna y el que lo hizo más famoso: Por quien doblan las campanas.
Los últimos cuatro fueron novelas políticas más o menos antifacistas. Después de las campanas ya era un escritor rico y famoso, aunque no le encuentro maldita gracia a ese libro, es de lo más empalagoso y flojo que escribió en su vida.
Trabajó como corresponsal en la Segunda Guerra Mundial y curiosamente no escribió ni un libro sobre eso. Parece que se dedicó a hacer lo que tanto criticaba a los corresponsales: pasar borracho y mantenerse en lugar seguro, intercalado con unos cuantos alardes de valentía para hacerse reputación.
En 1950 escribió la novela que estoy leyendo y aunque la encontré bastante mal construida tiene un despliegue de todos los trucos que hacen entretenido leerlo, el tipo conocía su oficio a la perfección y uno nunca se aburrirá de leer algo suyo ni lo dejará en la mitad como pasa con otros escritores. Puede ser fanfarrón, mentiroso, truculento o lo que sea, pero nadie lo podría acusar de aburrido.
Para esos años Hemingway ya estaba alcohólico y acabado como escritor. En su carrera escribió tres libros autobiográficos: Adiós a las armas, París era una fiesta y Tener y no tener, en este último se retrata tal como era cuando vivía en Cuba: alcohólico perdido, paranoico con el FBI y siempre tratando de interpretar su personaje heroico que describió con detalle en casi todos sus libros. Adoraba a los hispanos y se decía cubano, fue buen amigo de Fidel Castro sin embargo también estaba consciente de que el no era hispano y que siempre hubo un abismo de distancia entre lo que era y lo que pretendía ser.
Acabado y todo se las arregló para ganar el premio Nobel. La revista Life le encargó que escribiera un relato corto y lo que salió fue el extraordinario El viejo y el mar, que debe ser el más auténtico -o el único auténtico- de sus libros, con eso se gano el Pulitzer y después el Nobel: dos al hilo.
Antes de suicidarse de un escopetazo, el 2 de julio de 1961, ocurrió la magia por última vez: escribió París era una fiesta, una novela también autobiográfica de sus años de juventud que es mi libro favorito de todos los que ha escrito y también uno de los mejores de todo lo que he leído.
Los libros de Hemingway me entretienen pero también me gusta el escritor como persona, tiene esa desesperación por la vida que a mi me parece absurda pero igual la admiro. Era un tremendo embustero que sutilmente fue creando un personaje heroico y modesto en torno a si mismo, que no tenía mucho que ver con la realidad, pero trató de parecer como le hubiese gustado ser ¿quien no? Si de eso se trata la personalidad ¿no?. Leo en Wikipedia:
Ernest Hemingway relató sus experiencias en la guerra a Arthur Mizener, profesor de literatura de la Universidad de Cornell, a quién confesó: “He hecho el cálculo con mucho cuidado y puedo decir con precisión que he matado a 122 prisioneros alemanes”. “Uno de esos alemanes era un joven soldado que intentaba huir en bicicleta y que tenía más o menos la edad de mi hijo Patrick”, contó. Patrick había nacido en 1928, de modo que la víctima debía tener 16 o 17 años. El escritor le cuenta a Mizener que le “disparó a la espalda con un M1″. La bala, de calibre 30, le dio en el hígado.
Pero en otra misiva enviada a su editor, Charles Scribner, en agosto de 1949 – cuatro años después de finalizada la Segunda Guerra-, relató: “Una vez maté a un kraut de los SS particularmente descarado. Cuando le advertí que lo mataría si no abandonaba sus propósitos de fuga, el tipo me respondió: Tú no me matarás. Porque tienes miedo de hacerlo y porque perteneces a una raza de bastardos degenerados. Y además, sería una violación de la Convención de Ginebra. Te equivocas, hermano, le dije. Y disparé tres veces, apuntando a su estómago. Cuando cayó, le disparé a la cabeza. El cerebro le salió por la boca o por la nariz, creo”.
Le encantaba contar cosas así, supongo que era una forma muy elaborada de presumir porque se cuidaba siempre de no parecer un valentón. En fin, toda esta larga explicación era para explicar que me había confundido con el nombre del libro, y la novela con el horrible título Al otro lado del río, entre los árboles todavía no la termino, pero me falta poquito.