
Es un tema de moda entre unos señores barbudos dedicados a la política o a la sociología cuando hablan de los problemas financieros en USA o Europa, o de la gente de izquierda que teorizan largamente por la falla estructural que ha producido un sistema basado en la competencia en lugar de la cooperación.
En verdad es todo lo contrario, se trata de la crisis del populismo político que ha venido permeando las ideas de la gente desde hace más de un siglo en forma de estados de bienestar dedicados a repartir beneficios quitándole -supuestamente- a los más ricos para darle a los pobres. Al menos esa ha sido la teoría.
No hay país del mundo que no se haya contaminado con la idea de tener beneficios a cambio de nada, en Europa es la locura: Grecia, España, Portugal, Italia ¡hasta los ordenados alemanes y los flemáticos ingleses! todos creen haber encontrado la piedra filosofal del gobierno benefactor. USA trató de mantenerse lejos de esas ideas durante varios años, pero igual cayeron en la tentación de un gobierno que beneficie a los más pobres, como vimos con la reciente reforma de salud que promueve coberturas ampliadas “gratuitas”. Cuando llega el gobierno ofreciendo algo gratuíto es hora de arrancar, las ofertas gratis suelen ser las más caras.
La ecuación es sencilla: más bienestar del gobierno produce directamente más cesantía -actual o futura- porque la plata para el bienestar es sacada de la economía real de lo que se usa para producir riqueza. Es algo que toda persona pobre conoce: si vivimos gastando más de la riqueza que producimos nos iremos comiendo el capital hasta que se termine.
En el libro El Dinero de J. K. Galbraith revisa la historia económica de la humanidad y como los gobiernos han manejado el problema financiero de prestar y pedir prestado a lo largo del tiempo. Galbraith menciona las necesidades de guerra como las grandes distorsionadoras del manejo normal de las finanzas de los países: cuando estamos en guerra nuestras necesidades más vitales están amenazadas y no vacilamos en quemar un finísimo piano Steinway si con eso nos podemos mantener abrigados en la noche y cocinar algo de alimento, en guerra las prioridades cambian.
El problema es que a medida que hemos ido acumulando prosperidad nuestro umbral de lo inaceptable sube y sube, estamos cada día menos dispuestos a hacer sacrificios y llegamos a considerar que el bienestar entregado por el estado es un derecho natural que debe costearse a cualquier precio, incuso quemando el piano. Por eso a la gente común le interesa mucho más el bienestar que el crecimiento: piensan que el crecimiento solo favorece a los ricos mientras que el bienestar los favorecerá a ellos a costa de los ricos.
Los políticos se dieron cuenta hace tiempo de este cambio en la manera de pensar de las personas y como a ellos lo que les interesa fundamentalmente es acceder y mantenerse en el poder simplemente interpretan los deseos de los votantes, aunque tengan claro la ruina sostenida que esto significa. Así el problema fundamental no es de los políticos sino más bien de los votantes, encandilados por el espejismo del bienestar estatal, pidiendo cada vez “más estado” como graficó Eduardo Frei con su desafortunada frase de campaña.
Más estado es lo que tuvo Grecia, para que hablamos de Venezuela o Cuba. Ya ni siquiera es socialismo, es nada más que populismo para llegar y mantenerse en el poder con el apoyo de los tontos e ignorantes que siempre han sido mayoría absoluta. Más estado benefactor es lo que hemos tenido durante más de un siglo y lo que nos está llevando a colapsos financieros sucesivos. Los populistas que viven de esto le echan la culpa “al capitalismo” reflotando las ideas de Marx de las contradicciones internas, que cualquiera que entienda algo de economía puede darse cuenta que fueron erróneas.
Pero igual que Bart Simpson cuando dice “yo no fui” desvían la culpa a un tercero para seguir engañando a los tontos y mantenerlos votando por ellos. Echarle la culpa a los demás funciona durante cierto tiempo. Homero Simpson actúa de manera estúpida pero siempre por alguna casualidad de sale con la suya y todo termina bien, por eso la serie es tan popular, encarna el sueño subliminal de mucha gente: vivir estúpidamente y tener éxito. Bueno, obviamente eso solo ocurre en la tele, en la vida real los tontos con éxito y los que se ganan la lotería son mucho menos comunes que lo que parece. Lo normal es que las decisiones equivocadas se pagan caro y lo malo es que las consecuencias las pagan por igual los que se equivocaron y los que no.