La fiebre del oro mata la selva peruana from Jimmy Carrillo on Vimeo.
Curioseando en la web me encontré con este video reportaje sobre la fiebre el oro en Haypetue (o Huepetue, huella de tigre) donde anduve metido hace un par de meses atrás durante mi aventura en la selva.
Curioseando en la web me encontré con este video reportaje sobre la fiebre el oro en Haypetue (o Huepetue, huella de tigre) donde anduve metido hace un par de meses atrás durante mi aventura en la selva.
No me pareció un buen reportaje, superficial y sensacionalista tal como la mayoría de las cosas que se escriben sobre esa zona. La verdad es que Huaype no es tan insalubre, ni tan peligroso como muestran. Claro que es un lugar donde la ley es la que se dan los propios habitantes, pero la anarquía funciona bastante bien y no me cabe duda que cualquier campamento de Santiago, pueblo joven de Lima o alguna otra gran ciudad son mucho más peligrosos, lejos. Como en cualquier otro lugar del mundo, la mayoría de la gente allá es pacífica y solo se dedica a lo suyo, ya sea la minería o el comercio. A pesar de la aparente pobreza Huaype es un lugar muy próspero donde la gente lleva una vida sencilla e improvisada.
No ví ni un solo mendigo en la selva, a diferencia de las hordas que abundan en Tacna, toda la gente allá tiene algo que hacer y en qué ganarse la vida sin molestar a los demás. Obvio que habiendo tanta riqueza también existen bandas de depredadores, pero la gente se las ha arreglado espontáneamente para defenderse y vivir en paz. Hemos sido condicionados desde chicos a la idea que no podríamos existir sin estado ni policía, pero Huaype es una muestra que en comunidades pequeñas no ocurre así ¿la contaminación? es la misma que produciría la Barrik Gold si se instalara allá, probablemente menos. Pero en fin, es contra corriente, lugares así solo existen gracias a su inaccesibilidad, me alegro haber estado allí antes que desaparezca.
Que flojera, mejor los dejo con un texto de Borges que me vino a la cabeza leyendo el blog de Ari, aquí va:
Franz Kuhn atribuye a cierta enciclopedia china que se titula Emporio celestial de conocimientos benévolos. En sus remotas páginas está escrito que los animales se dividen en (a) pertenecientes al Emperador, (b) embalsamados, (c) amaestrados, (d) lechones, (e) sirenas, (f) fabulosos, (g) perros sueltos, (h) incluidos en esta clasificación, (i) que se agitan como locos, (j) innumerables, (k) dibujados con un pincel finísimo de pelo de camello, (1) etcétera, (m) que acaban de romper el jarrón, (n) que de lejos parecen moscas. El Instituto Bibliográfico de Bruselas también ejerce el caos: ha parcelado el universo en 1000 subdivisiones, de las cuales la 262 corresponde al Papa; la 282, a la Iglesia Católica Romana; la 263, al Día del Señor; la 268, a las escuelas dominicales; la 298, al mormonismo, y la 294, al brahmanismo, budismo, shintoísmo y taoísmo. No rehúsa las subdivisiones heterogéneas, verbigracia, la 179: “Crueldad con los animales. Protección de los animales. El duelo y el suicidio desde el punto de vista de la moral. Vicios y defectos varios. Virtudes y cualidades varias.”
El cuento se llama El Idioma Analítico de John Wilkins y creo que ilustra bien lo de los trucos que permiten reconocer a un autor. El cuento completo pueden leerlo AQUI, es cortito y muy bueno.