Tomas Bradanovic

16 mayo, 2010

Como malditos corderos

Archivado en: discriminacion, igualdad, libertad — tombrad @ 3:38 pm

Tengo a la mano el librito de Introducción a la Psicología de Werner Wollf, este libro tiene la ventaja que no es muy secuencial, puede abrirse cualquier página al azar y hay buenas posibilidades de encontrar algo interesante, por eso lo he releído varias veces. El capítulo destinado a la inteligencia abre de manera muy entretenida, miren esto:
Para los antiguos griegos las más altas virtudes del hombre eran ser “bueno y hermoso”; para los antiguos persas ser “veráz y valeroso”; para los teutones ser “fiel” y para nuestros contemporáneos , en ser “inteligente” (…) La palabra “inteligencia” se deriva del la latina intelligere, que significa literalmente “recolectar de entre” y abarca los conceptos de percepción, discernimiento, selección y establecimiento de relaciones. Originalmente “recolectar entre” significaba recolectar el buen grano de entre la maleza y abarcaba los siguientes actos: percibir el grano, diferenciar el grano de la cizaña, seleccionar el bueno y establecer relaciones mediante la selección.
De allí saqué lo que le citaba a Montecristo acerca de la discriminación, discriminar es propio de la inteligencia, consiste en distinguir, escoger, diferenciar lo que consideramos bueno de lo que consideramos malo. “Indiscriminado” por ejemplo, es un concepto que normalmente se refiere a una incapacidad más que a una virtud.
La no discriminación es un movimiento muy reciente, que aparece en la carta de las Naciones Unidas en 1945 como consecuencia de las atrocidades nazis contra los judíos “el respeto por los derechos humanos y las libertades fundamentales de todos los individuos sin distinción de raza, sexo, idioma o religión”. El régimen nazi causó muchos abusos mientras duró pero también dio pie a políticas estúpidas que nos persiguen hasta el día de hoy, basta pensar en el juicio de Nuremberg, los asesinatos ingleses post guerra y el actual movimiento hacia la no discriminación.
La discriminación es natural y legítima, todos tenemos perfecto derecho a discriminar a quien nos gusta y a quien nos disgusta y así lo hacemos todos los días (con especial entusiasmo los que se dicen “no discriminadores”), pedir que no discriminemos es tán ridículo como pedir que no pensemos o no tengamos opinión. Es divertido ver a los europeos o norteamericanos -que suelen ser la gente más discriminadora del planeta por su relativo status de riqueza material- recitando el discurso políticamente correcto que les enseñaron mientras en la vida real miran con desprecio a cualquiera que no sea de su clase o raza.
La no discriminación lleva a toda clase de deformaciones y leyes cosméticas que en la práctica nunca llegan a funcionar porque van contra la naturaleza de las personas. Todos tienden a agruparse según afinidad y no hay ley que pueda impedirlo.
La discriminación no implica abuso de ninguna manera, son dos cosas separadas. No tiene nada de malo que a alguien le desagraden los chinos, negros, gringos, judíos o lo que sea, está en su perfecto derecho, pero eso no debe en ningún caso afectar la igualdad de todos ante la ley -cosa que si pasa con las ridículas “discriminaciones positivas”- ni tampoco deberían aceptarse burlas, menoscabo o trato vejatorio de un grupo contra otro. A nivel individual eso se puede arreglar a bofetadas, pero las burlas o insultos de grupo son especialmente cobardes, por eso yo elimino enseguida cualquier comentario estúpido que insulte o tenga alguna connotación racista.
La no discriminación al ponerse de moda ha sido aprovechada por los delincuentes, es obvio que en la labor preventiva de la policía tienen que chequear a cualquiera que les parezca “sospechoso” por su aspecto. Me parece risible que un tipo con los tatuajes de la Mara Salvatrucha alegue que lo están discriminando cuando lo revisan, o que otro con el uniforme de flaite, rondando las casas de noche no le puedan siquiera pedir sus papeles y comprobar donde vive. En todo caso cualquier alegato de no discriminación en esos casos chocará siempre con la opinión de toda la gente capaz de encadenar causas y efectos.
La no discriminación en la educación es lo peor de todo, educarse es un proceso discriminador por naturaleza, donde los más capaces para algo deben separarse de los menos capaces, escoger el grano entre la cizaña. El problema es que si aparece algún idiota diciendo que todo el mundo debe tener un X grado de educación formal, solo se puede conseguir esa educación indiscriminada bajando al nivel de los peores alumnos, eso es algo en que los genios no pensaron. La educación formal no es para todos ni debiera serlo, hay millones de personas a las que no les interesa y pasan 12 años a un costo enorme en impuestos estudiando algo de lo que no sacan absolutamente nada.
Si fuésemos una sociedad de personas libres con el pensamiento crítico bien desarrollado y capaces de ver más allá de lo superficial, no nos daría miedo discriminar y nuestra natural discriminación rara vez llegaría a convertirse en abuso. Si pensáramos con libertad no endiosaríamos la educación formal ni miraríamos en menos a los que no se interesaron por obtenerla. Pero que hacer, el pensamiento igualador de los corderos se nos viene infiltrando desde hace muchos años.

27 marzo, 2010

Libertad, igualdad

Archivado en: igualdad, libertad — tombrad @ 10:31 am


Los hombres libres no son iguales, los hombres iguales no son libres

Leo esta buena frase en el blog de Jerry Pournelle y me deprime un poco ver como crece la sensación en USA de ser un país tomado por los igualitarios, un lugar cada día menos competitivo y donde la palabra “crisis” se aplica para casi todos los sectores de su economía. Bah, ya vendrá la reacción conservadora, parece que Obama será mucho más incompetente de lo que supuse al principio.
Lo malo de muchos derechistas es esa fijación fanática con los asuntos religiosos, es muy extraño que la derecha tenga ideas afines con la religión y la intolerancia, un peso que arrastran desde hace años, cuando en la derecha se atrincheraban las oligarquías conservadoras, los dueños del billete grande, herederos, que cargaban con el peso de mantener los fueros y privilegios tradicionales de la familia. Eso existió hasta los setentas, mientras los oligarcas pudieron contener o integrar, vía casamiento o como fuera a los nuevos ricos.
El problema, al menos en Chile, es que a partir de los ochentas la cosa se puso mucho más competitiva, y lo peor es que a la oligarquía tradicional le empezó a aparecer la competencia desleal en forma de futbolistas o comerciantes audaces que se enriquecieron en muy poco tiempo. A esos no había como integrarlos, como hicieron en el pasado con los inmigrantes judíos, árabes, alemanes que hicieron su plata con trabajo duro. Los pocos oligarcas verdaderos que van quedando se atrincheran en una religión intransigente o en expresiones de clasismo que resultan cada vez más decadentes. Mal que mal Chile siempre fué un país de aspiracionales y el respeto por los apellidos es prácticamente desconocido por estos lados, donde la plata es la que manda.
Yo creo que los oligarcas de derecha no tienen razón de ser, son tan contradictorios como los anarquistas de izquierda, mucho más entendible me parece que esos tipos se coloquen a la izquierda como buenos pichones de los colegios jesuítas, llenos de complejos de culpa y envidias. Economistas como Manuel Riesco o políticos como Carlos Altamirano, me parecen mucho más consistentes que los oligarcas de derecha, el lugar de los ricachones debe estar a la izquierda, porque ellos son los que mejor les cuidan sus intereses.
Un verdadero derechista prefiere la libertad, un verdadero izquierdista prefiere la igualdad, las dos se contraponen y ninguna se puede alcanzar de manera perfecta, solo podemos vivir más “corridos” hacia uno u otro lado. La libertad le conviene a los que confían en sus propias capacidades y no le tienen miedo a la competencia, también le conviene a los que, como yo, no tienen ambiciones pero aspiran a que nadie se meta con sus asuntos.
La igualdad le conviene a los underdogs, esos que tienen la expectativa que perderán en cualquier competencia, entonces recurren a un tercero para que los proteja y los nivele, noten que esto no tiene nada que ver con ser pobre, un riquísimo heredero puede ser un underdog (mi papá por ejemplo, que perdió toda la fortuna de mi abuelo) mientras que alguien muy pobre puede ser competitivo, vean a Steve Jobs nomás, ejemplos de ambos tipos hay miles, la cosa es que el que no se siente capaz de manejarse por si solo es facilmente seducido por la idea de un tercero que le quite a los ricos para darle a los pobres, la heramienta igualadora por excelencia.
Ya que lo mencioné el caso de mi papá es notable porque heredó una gran fortuna sin tener vocación de millonario, cuando yo lo conocí (mis padres se re-juntaron cuando yo tenía 13 años) ya estaba arruinado y decía, medio en broma, medio en serio, que habían cien maneras agradables de perder la plata: los vicios, el lujo, caballos, mujeres, casino, viajar por el mundo, etc. pero el había escogido la más estúpida: hacer malos negocios.
En Chiloé, en los setentas, le quedaban dos barracas y dos aserraderos, pero siempre tuvo al hombre de confianza que le manejaba los negocios, era un tipo de apellido Barría que le robaba a manos llenas, vendía madera para su bolsillo, nunca pasaba cuentas de nada. Por lo que yo recuerdo le gustaba leer y fumar una pipa tras otra, a veces discutíamos de política, es lo único que recuerdo haber conversado con él, no era nada comunicativo y yo tampoco así es que nos llevábamos con una mutua y más o menos cordial indiferencia.
Tengo que creer en la genética porque yo soy idéntico, por lo menos en cuanto a personalidad. También desprecio el dinero, le hago el quite al trabajo y seguramente moriré arruinado igual que él -es el sino de los Bradanovic- como dijo una vez Walfried, el hijo de mi medio hermano Edmundo.
Bah, pero había empezado a escribir de política y me fui por cualquier otro lado, mejor lo dejo hasta aquí nomás porque ya estoy empezando a escribir tonteras. Hasta mañana.

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