La muerte de Alvaro Bardón más que entristecerme me asustó. Que diablos, si todos nos tenemos que morir tarde o temprano, pero Bardón era un bicho raro -y por lo mismo bien valioso- porque fue uno de los pocos que se mantenía defendiendo las ideas libertarias en un país donde todos parecen dispuestos a entregar más de su libertad individual a cambio de promesas de seguridad y prosperidad a costo cero.
Eso es lo que más me asusta, en Chile cada vez menos gente quiere ser libre para disponer de lo suyo con mínima intervención del estado, han caído en el cuento, creen que cediendo un poquito de lo suyo al estado, este les regalará muchos beneficios. Solo un poquito ¿que es un punto del IVA comparado con una mejor educación? Así decía Frei en su momento, los ingenuos le creyeron, la gente se lo tragaba, tal como se ha tragado cada uno de los experimentos asistencialistas desde hace casi 20 años.
Es el autoengaño de pensar que “los otros” pagarán la cuenta, los ricos, los empresarios chupasangre, los sofofos. Claro, son tan cándidos que no se dan cuenta que esos otros son los que les dan trabajo, entonces cuando las empresas cierran o llevan su plata a otra parte, reclaman indignados exigiendo al estado que “genere fuentes de trabajo”… como si pudiera. Bardón lo dijo una vez “el pequeño empresario es un empleado de los empleados públicos”.
Todos quieren vivir del estado, cuando los que administran el estado viven -a cuerpo de rey- a costillas de todos. ¿Por que creen que cada vez que se acercan las elecciones Arica se llena de idealistas que llegan como gallinazos, de todas partes, buscando un cargo de diputado o senador?. Nos quejamos de los políticos que son la institución más desprestigiada en Chile, pero al mismo tiempo la mayoría de los chilenos mantiene la ilusión de almorzar gratis a costillas del fisco. Que contradicción más grande.
Si alguien se queja de los políticos y al mismo tiempo quiere más estado entonces es tan gil que merece que lo despojen, pero ¿también lo merecemos los que si nos damos cuenta del engaño?. Ese es el problema, los que queremos un estado mínimo estamos acorralados, son casi 20 años que los políticos de izquierda y derecha vienen machacando las mismas mentiras y nos tienen bajo la peor dictadura: la de los resentidos y los tontos pillos. En las elecciones somos libres para elegir entre los corruptos o los sinverguenzas.
El asunto es bien claro, lo raro es que casi nadie se da cuenta. A los políticos profesionales les conviene un estado grande con altos impuestos, así se arreglan ellos, su familia y sus amigos, por eso usan el resentimiento contra los militares para engañar a los que quieren ser engañados, igual que cuando una mina fea y simplona se enamora del tipo que le dice que es linda e inteligente.
Son casi 20 años de campaña implacable contra la libertad individual, tienen toda la plata y todos los medios, están en la izquierda pero también en la derecha. Las leyes laborales que destruyeron las mafias sindicales ¿quien las defiende?, la ley minera que permite a Chile tener miles de empleos productivos bien pagados, a diferencia de las castas sindicales de Codelco con sus aristocracias familiares que se reparten los puestos hereditariamente, ¿no les gusta la ley minera? ¡miren a Bolivia entonces, que tiene las mayores reservas de litio y hierro en el mundo y andan muertos de hambre! Eso es lo que quieren parece.
Los que creemos que la libertad es mucho más importante que el igualitarismo parece como que estuvieramos asustados ¿adonde está la voz de los arquitectos del milagro económico chileno? ¿adonde están los libros, los artículos, las entrevistas para enfrentar a los igualitarios?. Chile va para abajo por culpa de los sinverguenzas, que son muchos y con intereses muy poderosos: casi todos los políticos, muchos curas y masones, muchos clubes y centros de estudios con amplia cobertura de prensa. Ya llevamos casi 20 años y han hecho una labor destructora enorme en el país y sobre todo en la opinión pública más influenciable ¿como nadie los enfrenta?.