Por esas jugarretas del lenguaje la palabra ilusión tiene dos sentidos opuestos. Se asocia la ilusión a los novios, enamorados o recién casados que se hacen grandes expectativas acerca del porvenir, incluso hay un anillo que antiguamente se regalaba para indicar una especie de pre-compromiso. Tal vez todavía unos pocos mamones lo hagan.
Pero lo chistoso es que el otro significado de ilusión es lo contrario, “Concepto, imagen o representación sin verdadera realidad, sugeridos por la imaginación o causados por engaño de los sentidos”.
No deja de ser divertido que a veces tenemos una ilusión del primer tipo mientras que en realidad lo que ocurre es una ilusión de las otras, cuantas veces una cara angelical nos hace pensar que una persona tiene el alma de un ángel o una apariencia fea nos produce antipatía y rechazo solo por presencia. Vivimos en un mundo de ilusiones. Es increíble la cantidad de romances, amistades y hasta matrimonios que se basan en una extensión de falsas expectativas en base a la apariencia fñisica.
Pero las ilusiones buenas son el motor de nuestras ambiciones. cuando yo estudiaba en Ancud y me pasaba las tardes viendo llover, en mi triste condición de completo loser, echaba a correr mi imaginación y me ilusionaba con que entraba a la Universidad, me titulaba de ingeniero electrónico, me iba a vivir a Arica y me compraba una citroneta (¡recuerden que esto era en los setentas!). O que después de sacar mi título volvía a vivir a Ancud como jefe de algún servicio público, me convertía en el rey de las minas -esas para las que yo entonces era transparente- y me hacía amigo de los ricachones de esos años como los Ortloff, los Kompatsky o el Chalo Sanzana.
No tenía ninguna posibilidad de entrar a la universidad o sacar un título por la situación de plata en que estábamos, pero me la pasaba soñando despierto y haciéndome ilusiones, gracias a la imaginación no me conformé con mi suerte como era lo más lógico. Así fué como algunas ilusiones se hicieron realidad aunque la mayoría de manera muy distinta a lo que yo pensaba en esa época.
Nunca tuve una citroneta y me demoré muchos más años de lo que me hubiera imaginado en titularme de ingeniero. Mi sueño de la citroneta lo usaba en los días de más depresión: me imaginaba que estaba en MI citroneta, en la cima del Morro con un trago, escuchando música y mirando las luces de la ciudad, esa fue una de las cosas que nunca hice realidad porque me daría verguenza ir a pararme solo en la punta del cerro. Mi sentido del ridículo me lo impidió cuando pude hacerlo.
Las ilusiones son el consuelo del pobre, cuando uno anda pato se pone a pensar que la tortilla de vuelve, y que las cosas empiezan a resultar, que los buenos negocios llegan y en la imaginación empezamos a gastarnos la plata, claro que en la realidad las ilusiones nunca se cumplen tal cual, siempre llegan por algún desvío y las cosas que uno más desea casi nunca llega a tenerlas. Muchas veces es una suerte porque cuando uno tiene algo que ha deseado mucho, simpre le espera una desilusión. Esa si que es una ley: cuando las ilusiones se hacen realidad nunca son tan lindas como cuando uno se las imaginaba.
En fin, puras ilusiones, esperanzas y desengaños, las apariencias engañan, aunque se me olvida a cada rato:Mi única ilusión es dominar la mundo, me conformo con poquita cosa. Mejor me dejo de escribit tonteras y me voy a dormir, bye.
P.D. se me olvidaba el slideshow, a propósito una vez que tuve la ilusión de comprarme un terrenito en el maravilloso pueblito de Belen, esto fué cuando viajamos a conocerlo.