Tomas Bradanovic

14 julio, 2010

El Sabio

Archivado en: incentivos, monopolios, tao — tombrad @ 10:58 am


Brilla el sol, se abrieron las nubes y por lo menos tendré un rato de buen humor antes que se vuelva a nublar y me vengan los monos. Mientras hay sol todo el mundo me cae bien, cuando el cielo se pone gris ratón empiezo a hablar de los tontos, giles, tarados, burros, solo miren mis antradas de los dos días anteriores, son un buen informe meteorológico de Arica.

Estoy leyendo un libro con artículos del economista ruso Evsei Liberman, escritos en los años 60, sobre la conveniencia de introducir incentivos en la planificación económica, se llama Plan y Beneficio en la Economía Soviética y sugiere, entre muchos rodeos, que los resultados podrían ser mejores si las empresas se beneficiaran con primas cuando mejoran su desempeño. Hoy parece una discusión ridícula pero es interesante que no hace tantos años en algunos países se discutía tímidamente algo que hoy parece tan evidente.
Los incentivos son nuestro combustible, siempre estamos buscando lo que más nos conviene y todos nos movemos en base a cuestiones bien primitivas: miedo, resentimiento y ambición determinan casi todo lo que hacemos o no hacemos. También está la comodidad, el mínimo esfuerzo parece ser una de las leyes fundamentales de la naturaleza porque se ve en todas partes, hasta la manzana que supuestamente golpeó a Newton en la cabeza seguía ese principio según la física moderna. Entregar los incentivos y las señales correctas es una buena manera de influir en el comportamiento de los demás.
Dos interesantes notas de José Piñera en Twitter, la primera se refiere a una columna del blog CB sobre la concentración económica en Chile, la segunda es una breve nota que dice textualmente:

El Estado debe escuchar a todos pero no debe negociar políticas públicas con los grupos de interés. Desde 1990 hay creciente corporativismo.

Ambas cosas están relacionadas y señalan un importante talón de Aquiles en nuestro sistema y es que desde la llegada de la democracia, en 1990, los políticos entendieron que no podían desmantelar la arquitectura básica de lujo, pero si podían sacarle provecho a la manera China, mezclando el dejar hacer con corrupción para obtener grandes conglomerados y beneficios particulares.
El monopolio es el objetivo de toda empresa comercial y es muy bueno que así sea, porque ese es el incentivo para ofrecer los mejores productos y alcanzar una posición dominante, de no existir la posibilidad de monopolio Bill Gates no hubiese desarrollado las ideas de compatibilidad hacia atrás del MS DOS o el Windows y todavía seguiríamos amarrados a cientos de aplicaciones distintas, propietarias, incapaces de comunicarse entre si. La posibilidad de monopolio fue el incentivo que disparó la computación personal.
Por otra parte el monopolio siempre debe ser precario y estar sujeto a la entrada de nuevos retadores, eso es lo que no ha pasado en Chile desde 1990, los monopolios han cerrado la puerta y levantado formidables barreras de entrada ayudados por el estado. Por eso tenemos prácticamente una sola línea aérea, unas pocas cadenas de retail y supermercados de tamaño gigante. En los bancos es donde esta distorsión se nota más clara, muchos años atrás yo tuve cuenta en el Banco Ohiggins, que en los 90 era un banco de nicho dirigido principalmente a empresas. Luego llegó el Banco Santander al país y empezó a engullirse a los demás bancos privados, al principio todo bien, pero hoy su calidad de servicio es peor que la del Banco del Estado ¿que mejor muestra que un monopolio permanente es malo?
Es el factor coimas, presiones, que levanta y mantiene barreras de entrada anti competencia. Cuando proponen vender remedios en cualquier local comercial, saltan los químicos farmaceuticos y la asociación de farmacias, con un repentino interés en la salud pública ¡se terminará el mundo el día que la gente pueda comprar remedios donde no haya un químico farmacéutico!.
Pero ya dije que hoy no iba a despotricar, todavía hay sol y veo parte de la playa Chinchorro desde mi ventana. Abajo, en el garage está Tom Wilke trabajando en una cabaña desarmable que va a instalar en el Valle de Lluta, trabajó algunos años fabricando catamaranes así es que le está quedando muy bien. Tom tiene su Ph.D. en psicología, ha escrito libros y papers sin embargo vive feliz sin hacer nada ¿su vida tiene sentido? Claro que tiene sentido, ese si que es El Sabio.

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