Hoy fué el día de la infamia. En mi calidad de holgazán hasta la médula, ocioso certificado, devoto de la vagancia, posdoctorado en la teoría del mínimo esfuerzo, enemigo acérrimo del trabajo y los trabajadores, no puedo dejar pasar esta nefasta y absurda fecha, en que se celebra -como gran cosa- una de las maldiciones bíblicas más crueles que existen: Te ganarás el pan con el sudor de tu frente.
Que frase más espantosa, a nadie en su sano juicio le gusta andar sudado, excepto si está tirado al sol en la playa, jugando a la pelota o encerrado en la calurosa habitacion de un motel dedicado a las ars amandi. Pero tener que sudar para ganarse el pan me parece un asunto horripilante. En estos pocos días que he estado ayudando en el RapaNui, he podido ver como la ambición por ese poderoso caballero que es Don Dinero transtorna incluso a las personas más tranquilas.
También he podido ver como las personas que trabajan durísimo durante semanas completas en las minas se gastan más de un millón de pesos en una sola noche. Sin duda que de alguna manera subliminal se dan cuenta que la plata obtenida con esfuerzo es dinero mal habido, plata que quema las manos y que debe ser gastada en lo que sea lo antes posible. Lo mal habido nunca es bien aprovechado: cierto, muy cierto.
Sin embargo existe toda una ideología para glorificar el trabajo que, dicho francamente, no es otra cosa que una forma de prostitución, donde la persona se vende para hacer algo que no le agrada a cambio de un salario. De una persona que trabaja duro se dice que es responsable, muchos están orgullosos de lo que han obtenido con su esfuerzo ¿como que estar orgullosos? ¿orgullosos por venderse durante años, de vivir una vida de esclavos a cambio de unas lucas? no gracias, no le veo ningún mérito como tampoco le veo gracia a los que se hacen millonarios trabajando duro, cualquir tonto puede hacer eso, la gracia es hacerse millonario divirtiéndose o sin trabajar.
Vivimos en un mundo al revés donde lo importante, que es vivir contentos, no vale nada, mientras que lo menos importante, que es acumular a costa de sacrificios, es valorado enormemente. Tenemos la cultura de las ratas almizcleras, que acumulan y acumulan cosas inútiles en sus cuevas, trabajando todo el día para llenarse de cachivaches.
El trabajo es lo que tiene a mi compadre en el hospital, es causa de acidez, úlcera péptica, desórdenes nerviosos, tabaquismo, severo daño cardiaco, transtornos de la personalidad, paranoia, ataques de furia, depresión severa, frustración, taquicardias, alergias, anginas, ataques de pánico, sentimientos de inferioridad e impotencia, ¡si incluso existen las enfermedades profesionales!. No hay salud con el trabajo, no hay salud para el que trabaja.
Supongamos que tengo un auto y lo ocupo de taxi para andar las 24 horas del día en tres turnos por caminos rurales y cargado hasta el tope: ese es un tipo que trabaja. Supongamos ahora que tengo otro auto de colección, encerado, tapado con una carpa en perfecto reposo en un garage y lo saco solo los fines de semana a dar un paseìto a la playa: ese es un tipo perfectamente ocioso ¿que auto se fundirá primero? ¿que auto funcionará más suave? ¿cual será más agradable? creo que no necesito decirlo, que cada cual saque sus conclusiones.
En Chile tenemos un Ministerio del Trabajo, es como tener un Ministro de la Pedofilia, una completa inmoralidad. Lo único bueno es que como estamos en el chilito socialista, el ministerio del trabajo para lo único que sirve es para mantener altos los índices de cesantía, la verdad es que el nombre no podría estar más mal puesto: se trata de un Ministerio de los Sindicatos, esa es la verdad de la milanesa.
Maldito sea el trabajo y los trabajadores, mil veces malditos los que se quejan de ser explotados porque además de indignos son cobardes, no tienen el valor suficiente para mandar al diablo a quien -según ellos- los explota, maldita sea la ética del trabajo duro y el temor a Dios, bullshit, si el trabajo es duro es basura, si a Dios hay que tenerle miedo no sirve para nada.
Que viva el trabajo divertido, la entretención, el ocio y el jolgorio, que vivan los trabajadores contentos que harían lo que hacen gratis o que pagarían por que los dejen hacerlo, esos si que son dignos. Que vivan los que no le tenemos ningún temor a Dios sino los que le pedimos favores a cada rato, a propósito tengo varios pedidos pendientes. Ese serí mi comentario de hoy, el día de la infamia.