Tomas Bradanovic

19 agosto, 2010

15 años con la misma camisa

Archivado en: ingenieros, vendedores — tombrad @ 2:32 pm

Sabía que tenía la foto por algún lado, el 26 de abril de 1997 me saqué esa foto en un cierre de curso del Chile Joven, dos años atrás había empezado a hacer clases en la Universidad Contemporánea y pensé que tenía que ir con una camisa más o menos decente así es que me compré dos en Wrangler, una verde y otra gris oscura, ambas las sigo usando y sacando bien la cuenta no son 13 sino 15 años que las tengo. Resulta que hoy estaba usando la misma camisa y se me ocurrió sacarme una foto para comprobarlo. La Wrangler me debería dar un premio por la forma en que promuevo su marca.

En Los Ingenieros Explicados aparece un texto que me identifica completamente no solo a mi sino que al 90% de mis compañeros de profesión, dice así:
MODA Y APARIENCIA
La ropa es la ´prioridad más baja para un ingeniero, asumiendo que los mínimos umbrales de temperatura y decencia están satisfechos, si no se está congelando y si sus órganos genitales estan cubiertos de la manera convencional, entonces el objetivo de la vestimenta está cumplido. Cualquier otra cosa es gasto inútil.
Claro que siempre hay ovejas negras -como en toda profesión- que se preocupan de su apariencia, pero en el alma de todo verdadero ingeniero hay un optimizador que se explica en el mismo texto de la siguiente manera:
FRUGALIDAD
Los ingenieros son notoriamente frugales. Esto no es debido a la avaricia o un espíritu miserable, sino simplemente porque cada situación de gasto la ven como un asunto de optimización, esto es “Como puedo salir de esta situación mientras mantengo la máxima cantidad de mi dinero”.
Como me desempeño en una Escuela de Negocios, que es la negación de los valores ingenieriles, me doy cuenta cada día de las enormes distancias que nos separan de la gente formada en ciencias sociales. La verdad es que me encantan las ciencias sociales pero son de venus y yo soy de marte, nunca jamás me comportaré como un maldito humanista.
Por eso no me gusta el show The Big Bang Theory, es una caricatura de como los humanistas ven a la gente de ingeniería o ciencias duras, pero es muy burda. No se necesita que un tipo sea físico nuclear, ni siquiera necesita ser muy inteligente para ser perno, basta con tener la personalidad del ingeniero que como la personalidad del vendedor es mucho más compleja y entretenida de lo que puede mostrar un programa más o menos soso. Tengo amigos mucho más divertidos que Sheldon y lo mejor es que ni se dan cuenta de lo graciosos que son, se ven a si mismos como personas perfectamente normales.
Pensándolo bien yo dividiría al universo entre vendedores e ingenieros, creo que son las dos personalidades más divertidas que existen, los demás no tienen ni una gracia. Tengo una tonelada de trabajo que hacer y todavía no empiezo a pelar ni una papa, que triste es mi vida, ahora me voy a producir un ratito. Hasta mañana.

3 junio, 2009

Ah, los ingenieros de antes

Archivado en: antiguos, ingenieros — tombrad @ 10:21 am


Conversamos con Mario, mi colega y amigo sobre lo mal formados que están llegando los ingenieros. El es mucho más jóven que yo, está empezando a hacer clases y todavía tiene el impulso de las matemáticas con que salimos de la Escuela de Ingeniería y se encuentra con el shock que cosas que nos parecen muy sencillas a los electrónicos: un gráfico, una matriz, el método simplex, resultan chino para los muchachos que estudian administración ¡nosotros si que éramos ingenieros de verdad!.

Sin embargo pienso que la malla con que estudió Mario es mucho más simple que la malla que estudié yo. Al final nosotros como ingenieros de ejecución tomamos más cursos en cuatro años que los que toman a hora los ingenieros civiles en seis años ¡yo tuve que aprobar más de 70 cursos!. Pero la cosa no termina allí porque cuando yo estudié para técnico electrónico no existían las calculadoras, ni hablar de los computadores y me hicieron un semestre de “regla de cálculo” con un enorme modelo de regla Aristo en el pizarrón. Así pasábamos horas desarrollando el arte y la habilidad de las aproximaciones. Para hacer cálculos en esos años había que tener muy buena vista.
Ni me quiero imaginar como habrá sido estudiar ingeniería en esa época, sin calculadoras ni computador, todos los cálculos a mano. La electrónica también era muy distinta, la mayoría de los componentes no se cambiaban sino que se reparaban con cautin en mano, los “verdaderos ingenieros” miraban con desprecio a los “cambia-piezas”. Es impresionante como se han simplificado las cosas desde esa época. Un ingeniero civil calculista, o un químico tenían que desarrollar habilidades enormes de concentración y cálculo mental que ahora ni se necesitan.
Y seguramente esos viejos ingenieros civiles calculistas, que trabajaban con la Tabla Larsen y la regla Aristo miran para atrás y ven con admiración a los que construyeron las catedrales góticas, de cientos de metros de altura con luces y problemas de resistencia que harían transpirar al computador más sofisticado ¿como lo habrán hecho?. No sabemos lo que somos capaces de hacer hasta que nos tiramos el filete y lo intentamos: huaso rico, huaso pobre.
En 1974 estábamos en el curso de teoría de redes en Inacap, lo recuerdo clarito, el asunto hoy parece muy sencillo pero en ese tiempo era un trabajo de locos calcular determinantes con lápiz y papel cuando la matriz se complicaba. Entonces apareció el chango Vargas, nuestro compañero boliviano con una caja negra que parecía ladrillo, era una de las primeras calculadoras Elca negra y con grandes números rojos con LED. El revuelo fue inmenso, hacía las 4 operaciones y raíz cuadrada. Todos nos apiñábamos a ver la maravilla 2×3=6 ¡ohhhh! 758/56= 13,535714285 ¡ohhhhh! pasábamos horas en eso, por supuesto que estaba prohibido usar la calculadora en las pruebas pero ¿como podían prohibirla en las tareas?.
Ayer hice una prueba que en mi época habría sido tan fácil que me habrían despedido, todas las preguntas estaban disponibles en el blog, bastaba con haberlo estudiado un poco. A la salida me encontré con unos alumnos reclamando que había estado demasiado difícil, espero que esten bromeando pero me temo que no, realmente les resultó difícil, estaba pensando en lo que conversábamos con Mario y en lo de la prueba de ayer, los alumnos no son especialmente tontos, muchos me da la impresión que son más vivos que yo mismo ¿qué pasa entonces?.
Me da la impresión que al bajar el nivel de exigencia se produce un efecto desgenerativo en alguna habilidades como la concentración y la memoria. En todo caso no me preocupa mucho porque esas habilidades rara vez son valiosas en el desempeño profesional, las máquinas van tomando cada vez más esa clase de trabajos, pero la pereza mental es lo más natural y se podría extender a otras cosas, es normal buscar siempre el camino del menor esfuerzo, así lo hace la naturaleza.
Tiene que haber un equilibrio, no le veo ningún caso a presionar a los alumnos para que resuelvan problemas demasiado complicados que se pueden resolver de manera simple, para terminar tal vez muchos conozcan este cuento:
Sir Ernest Rutherford, presidente de la Sociedad Real Britá¡nica y Premio Nobel de Química en 1908, contaba la siguiente anécdota:

Hace algún tiempo, recibí la llamada de un colega. Estaba a punto de oner un cero a un estudiante por la respuesta que habí a dado en un problema de física, pese a que este afirmaba con rotundidad que su respuesta era absolutamente acertada. Profesores y estudiantes acordaron pedir arbitraje de alguien imparcial y fui elegido yo. Leí la pregunta del examen: “Demuestre como es posible determinar la altura de un edificio con la ayuda de un barómetro”.

El estudiante había respondido: “lleve el barómetro a la azotea del edificio y átele una cuerda muy larga. Descuélguelo hasta la base del edificio, marque y mida. La longitud de la cuerda es igual a la longitud del edificio”.

Realmente, el estudiante había planteado un serio problema con la resolución del ejercicio, porque había respondido a la pregunta correcta y completamente. Por otro lado, si se le concedía la máxima puntuación, podría alterar el promedio de su año de estudios, obtener una nota mas alta y así certificar su alto nivel en física; pero la respuesta no confirmaba que el estudiante tuviera ese nivel. Sugerí que se le diera al alumno otra oportunidad. Le concedí seis minutos para
que me respondiera la misma pregunta pero esta vez con la advertencia de que en la respuesta debía demostrar sus conocimientos de física.

Habían pasado cinco minutos y el estudiante no había escrito nada. Le pregunté si deseaba marcharse, pero me contestó que tenía muchas respuestas al problema. Su dificultad era elegir la mejor de todas. Me excusé por interrumpirle y le rogué que continuara. En el minuto que le
quedaba escribió la siguiente respuesta: coja el barómetro y láncelo al suelo desde la azotea del edificio, calcule el tiempo de caída con un cronómetro. Después aplique la fórmula altura = 0,5 A por T2. Y así obtenemos la altura del edificio. En este punto le pregunté a mi colega si el estudiante se podía retirar. Le dio la nota más alta.

Tras abandonar el despacho, me reencontré con el estudiante y le pedí que me contara sus otras respuestas a la pregunta. Bueno, respondió, hay muchas maneras, por ejemplo, coges el barómetro en un día soleado y mides la altura del barómetro y la longitud de su sombra. Si medimos a continuación la longitud de la sombra del edificio y aplicamos una simple proporción, obtendremos también la altura del edificio.

Perfecto, le dije, ¿y de otra manera? Sí , contesto, este es un procedimiento muy básico: para medir un edificio, pero también sirve. En este método, coges el barómetro y te sitúas en las escaleras del edificio en la planta baja. Según subes las escaleras, vas marcando la altura del barómetro y cuentas el numero de marcas hasta la azotea. Multiplicas al final la altura del barómetro por el numero de marcas que has hecho y ya tienes la altura.

Este es un método muy directo. Por supuesto, si lo que quiere es un procedimiento mas sofisticado, puede atar el barómetro a una cuerda y moverlo como si fuera un péndulo. Si calculamos que cuando el barómetro esta a la altura de la azotea la gravedad es cero y si tenemos en cuenta la medida de la aceleración de la gravedad al descender el barómetro en trayectoria circular al pasar por la perpendicular del edificio, de la diferencia de estos valores, y aplicando una sencilla fórmula trigonométrica, podríamos calcular, sin duda, la altura del edificio. En este mismo estilo de sistema, atas el barómetro a una cuerda y lo descuelgas desde la azotea a la calle. Usándolo como un péndulo puedes calcular la altura midiendo su periodo de precisión. En fin, concluyó, existen otras muchas maneras. Probablemente, la mejor sea coger el barómetro y golpear con el la puerta de la casa del conserje. Cuando abra, decirle: Señor conserje, aquí tengo un bonito barómetro. Si usted me dice la altura de este edificio, se lo regalo. En este momento de la conversación, le pregunté si no conocía la respuesta convencional al problema (la diferencia de presión marcada por un barómetro en dos lugares diferentes nos proporciona la diferencia de altura entre ambos lugares) dijo que la conocía, pero que durante sus estudios, sus profesores habían intentado enseñarle a pensar.

El estudiante se llamaba Niels Bohr, físico danés, premio Nobel de Físíca en 1922, más conocido por ser el primero en proponer el modelo de átomo con protones y neutrones y los electrones que lo rodeaban. Fue fundamentalmente un innovador de la teoría cuántica.

Casi con seguridad la anécdota es falsa y creo que generalmentel se interpreta mal, seguro que Bohr (que exasperaba constantemente a Einstein por su superior intelecto) jamás hizo esa prueba y la moraleja del asunto no es que Bohr haya sido muy inteligente, cualquier persona con sentido del humor y un poquito de conocimientos de física habría dado una respuesta parecida, la moraleja es que los problemas tienen varias soluciones, las soluciones más simples son mejores y no siempre resultan ser las preferidas.

17 agosto, 2007

Electrónicos del Norte

Archivado en: electronicos, ingenieros, universidad de tarapaca — tombrad @ 3:08 pm

Ouch! anoche fué la cena de camaradería de la comunidad de egresados de la Escuela de Ingeniería Eléctrica y Electrónica, donde por segundo año consecutivo logramos reunirnos compañeros llegados desde todo Chile. La cosa fué en el Estadio Italiano y terminamos por esos lugares de dios donde saqué unas fotos que podrían destruir varios matrimonios, pero no publicaré ni una para proteger a los inocentes, no se preocupen niños que no los voy a traicionar… todavía.

Una vez más fué un alegrón juntarme con compañeros y amigos de tantos años, aunque extrañé a algunos macabeos y traidores que no aparecieron, no los voy a nombrar para que no sufran verguenza, solo diré sus iniciales: Alfredo Raumerio Medalla Torrealba, Mario Ernesto Ramón Sanhueza Valdebenito, Manuel Ricardo Espinoza Alvarez por nombrar solo a algunos, que se pudran, no saben lo que se perdieron. Un slideshow sanitizado del evento pueden verlo aquí.

Como decía antes un alegrón poder juntarme con mis amigos y además con mis profesores; Hugo, el Loco Fuentes, Jota-Ele, Eduardo Correa, Benavides, bah, me canso de nombrarlos. Ah y por supuesto con el personal del departamento partiendo con la queridísima y recordada Teresa, Delfín, el inefable Bustamante y todos los demás. La mayoría de ellos tienen más de 30 años trabajando en la escuela, muchos vienen de los años de la Norte.

Ojalá que no se pierda el espíritu y que nos sigamos juntando, muchas otras carreras lo han intentado y la mayoría no pasan del primer encuentro, nosotros llevamos dos seguidos y los que están en Santiago se juntan cada cierto tiempo alentados por el incansable chico Peña. La cosa sigue hoy y mañana. Muchachos, amigos, Electrónicos del Norte, aún hay trago ciudadanos!

>Electrónicos del Norte

Archivado en: electronicos, ingenieros, universidad de tarapaca — tombrad @ 3:08 pm

>Ouch! anoche fué la cena de camaradería de la comunidad de egresados de la Escuela de Ingeniería Eléctrica y Electrónica, donde por segundo año consecutivo logramos reunirnos compañeros llegados desde todo Chile. La cosa fué en el Estadio Italiano y terminamos por esos lugares de dios donde saqué unas fotos que podrían destruir varios matrimonios, pero no publicaré ni una para proteger a los inocentes, no se preocupen niños que no los voy a traicionar… todavía.

Una vez más fué un alegrón juntarme con compañeros y amigos de tantos años, aunque extrañé a algunos macabeos y traidores que no aparecieron, no los voy a nombrar para que no sufran verguenza, solo diré sus iniciales: Alfredo Raumerio Medalla Torrealba, Mario Ernesto Ramón Sanhueza Valdebenito, Manuel Ricardo Espinoza Alvarez por nombrar solo a algunos, que se pudran, no saben lo que se perdieron. Un slideshow sanitizado del evento pueden verlo aquí.

Como decía antes un alegrón poder juntarme con mis amigos y además con mis profesores; Hugo, el Loco Fuentes, Jota-Ele, Eduardo Correa, Benavides, bah, me canso de nombrarlos. Ah y por supuesto con el personal del departamento partiendo con la queridísima y recordada Teresa, Delfín, el inefable Bustamante y todos los demás. La mayoría de ellos tienen más de 30 años trabajando en la escuela, muchos vienen de los años de la Norte.

Ojalá que no se pierda el espíritu y que nos sigamos juntando, muchas otras carreras lo han intentado y la mayoría no pasan del primer encuentro, nosotros llevamos dos seguidos y los que están en Santiago se juntan cada cierto tiempo alentados por el incansable chico Peña. La cosa sigue hoy y mañana. Muchachos, amigos, Electrónicos del Norte, aún hay trago ciudadanos!

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