Tomas Bradanovic

2 septiembre, 2008

El día de la buena suerte

Archivado en: buena suerte, cerveza, inmigrantes, mala suerte — tombrad @ 9:30 am

Ayer fue mi día de suerte, que empezó de la peor manera, con puras frustraciones, pero como después de las nubes sale el sol, después de una mala vienen tres buenas, april showers bring may flowers, y etc. etc. eso ocurrió ayer y después de almuerzo mi amigo Fernando llegó con noticias que me alegraron el día y la semana.

Y salí muy contento del duro laburo cuando recordé que había quedado de llamar a Victor, el lector de este blog que fabrica cerveza, así lo hice y en pocos momentos ya nos habíamos conocido e íbamos camino al Cono Sur donde un amigo estaba celebrando el techado de su casa. ¡Que día de suerte! su amigo y los vecinos llevaban dos días celebrando así es que luego de las presentaciones pasé directamente a comer mi plato de asado y a probar la cerveza fabricada por Victor el Químico, como lo conocen sus amigos. Yo había probado antes algunas cervezas artesanales, en el HBH de Santiago y otras en el sur, pero francamente no me habían gustado, fabricar cerveza es un juego de delicado equilibrio, donde si no se corta el proceso en el momento preciso la mezcla empieza a tomar el sabor de chicha o vino agrio, basta que tenga un poquito de ese sabor a picado, para que la mezcla ya no me guste.

La cerveza de Victor me sorprendió, estaba perfecta, de color ambar, sabor acaramelado y un poquito ahumada, con la cantidad justa de gas y de espuma. Me recordó a la rica cerveza mexicana Dos Equis, pero esta -por ser artesanal- tenía mucho mejor sabor. Me dice Victor que le costó años emborrachando a un alemán que hacía cerveza para aprenderle el proceso justo y creo que tiene un producto de primera línea, con el que puede ganar mucha plata si se decide a fabricar en serio. Pero después de probar el producto como caballeros, pasamos a tomar seco y volteado, como corresponde a una celebración popular, así es que tomamos alegremente hasta que nos pilló la noche. Cuando llegó la hora de irnos mis amigos insistieron en acompañarme al terminal de buses con el barril al hombro, así es que aprovechamos de tomarnos los últimos sorbos antes de subir al taxi, de la boca de la llave. ¿Como no iba a ser mi día de suerte?. Las fotos pueden verlas AQUI.

La noche del domingo vi en Tolerancia Cero una sección que se llama “grandes ideas chilenas” o algo así, donde dan tribuna a gente común para que proponga alguna idea de gran alcance. Esta vez habló un ingeniero que propuso abrir completamente las puertas a la inmigración en Chile con el objetivo de duplicar la población con inmigrantes. Por supuesto que los sensatos panelistas, menos uno, se escandalizaron y no lo tomaron en serio, con ese miedo tan chileno a todo lo que sea audaz y tenga algún riesgo.

No se cuales serían los efectos de duplicar nuestra población con inmigrantes, creo que nadie lo podría decir con seguridad, pero hay algo que anda definitivamente mal en nuestra política inmigratoria, que se ha dejado librada a la discrecionalidad mas completa de empleados, usualmente detrás de una ventanilla, lo que se presta para coimas, mala atención en las fronteras, prepotencia y sobre todo una gran informalidad.

Son ridículas por ejemplo las exigencias para demostrar solvencia que se le hacen a los extranjeros antes de darles visa temporaria, es un completo absurdo porque supone que nadie que no tenga un alto nivel de ingresos puede obtener la visa temporal, sin embargo Chile tiene convenios que eliminan la exigencia de visa para el turista de casi todo el mundo, lo que ha causado que la gente que quiere venirse a vivir acá lo hace como turista eterno, renovando su permiso cada 90 días. Chile no tiene un estado de bienestar como los países europeos, así es que el estado no gasta nada con los inmigrantes, todo lo contrario, se beneficia de gente que llega con más ganas de trabajar y nuevos conocimientos.

Creo que es urgente sincerar esta situación de hecho y comenzar una política de puertas abiertas a la inmigración, con la simple salvaguarda que un inmigrante no debería tener derecho a ningún servicio especial con plata del estado durante los primeros cinco años. Los que dicen que el inmigrante viene a robar trabajos y hace competencia desleal, no saben de lo que hablan: es todo lo contrario, los inmigrantes tienen que mantenerse a si mismos, sin ayuda del estado y además mandar plata a sus países de origen. Con la inmigración pasa algo muy parecido al control de las drogas o la propiedad intelectual: son fenómenos irrefrenables producto de la globalización y cualquier intento de prohibirlos es un fracasode antemano, que solo crea corrupción e informalidad.

¡Bienvenidos inmigrantes! que vengan nomás, que nadie los detenga.

20 agosto, 2007

Nací para andar pato

Archivado en: familia, inmigrantes, snobismo — tombrad @ 10:16 pm

Es increíble que todavía estemos en agosto, este ha sido uno de los meses más largos que recuerdo, lo que muestra lo subjetiva que puede ser nuestra percepción del tiempo. Un mes frio, sin sol y sin plata, para colmo tabajando, aunque algunos trabajos que ustedes ya conocen no han sido tan malos.

La cosa también anda fea y llena de problemas para varios de mis amigos, en mi caso no es problema porque estoy bastante aclimatado a los altibajos pero me da lata por los que no están acostumbrados al pan con pan. En fin, como dijo Arturo Prat Animo y Valor, que ya vienen los tiempos mejores.

Estaba conversando con unos gringos acerca del soft-esnobismo que existe en Chile por descender de alguna familia de inmigrantes. Resulta que muchos inmigrantes en Chile han hecho plata y gracias a eso junto con el esnobismo tradicional de los apellidos vinosos, con los años ha surgido uno nuevo con motivo de tener algún tátara-tátara abuelo europeo.

Claro que un Bradanovic jamás podrá competir con el prestigio social que da un apellido como Cousiño, Larrain o Echeñique, pero debo reconocer que el apellido de origen croata me ha generado alguna simpatía de entrada a pesar de que soy 110% xhileno. Este esnobismo de inmigrantes tiene varias facetas desde los clubes y estadios: Palestino, Español, Israelita, Croata, Italiano y muchos más donde se juntan los palogruesos y los aspirantes, que tratan de conseguir algo de respeto por osmosis. ¿Se han fijado que no existe en Chile es estadio Norteamericano o Inglés? creo que es un detalle bien significativo.

Yo he dedicado un buen tiempo a juntar la historia de la familia Bradanovic, pero jamás pensando que pueda tener algo especial o superior en algún aspecto a los Pérez o los Gonzalez, sino que precisamente por haber estado despegado de ellos durante tantos años me ha parecido muy entretenido ir juntando como un rompecabeza piezas de viejas historias que escuchaba cuando chico. En algunas personas es muy divertido ver la obsesión que tienen por demostrar que sus ascendientes eran de alguna manera especiales y distinguidos, pretendiendo que se les pegó alguna clase de buena genética. La verdad es que en estos casos los genes suelen ser recesivos.

Pero mi verdadera familia, la más querida, han sido los Pozo, de mi línea materna. También sé muy poco de ellos aparte de que eran de Talca y mi bisabuelo era tan flojo que los pantalones se le rompían en las asentaderas y tenían que parchárselos continuamente. Mi mamá decía que su frase favorita era la noche es para dormir y el día para descansar. También he escuchado que era muy distraído y que una vez empezó a acunar a una de sus hijas para hacerla dormir y no se dió cuenta de que se había muerto. Sin duda que más de algunos genes me vienen por ahí.

Las Pozo eran cuatro, tres serias y mi mamá que era medio hippie para su época. Como mi hermana se casó muy jóven (a los 16 años) mis hermanos afectivos fueron mis primos, especialmente Mario, Camilo y la Keny que vivieron en mi casa cuando se murió mi tía Mery, tiempos felices que no volverán. La familia de mi mamá era tradicionalmente de curas y monjas como mis tíos abuelos Arturo y María Elvira Pérez Labra.

Esos eran los Pérez de línea materna. A pesar de lo común del apellido eran los platudos porque eran Pérez Larraín, Pérez Correa, Pérez Labra y varios otros apellidos vinosos que ostentaban con mucho orgullo. Una tía de apellido Pérez Correa era podrida en plata y era una especie de Santa Claus para mí porque para las vacas flacas me llevaba a su casa enorme y me sacaba de compras con lo que quedaba equipado para todo el año. Recuerdo una vez que me llevó al museo histórico militar y me mostró muy orgullosa la genealogía de José Miguel Carrera de quien era descendiente por parte de los Verdugo creo. Igual era snob la viejita pero muy buena persona conmigo, me quería mucho.

Tengo primos maternos por todas partes: Alejandro en Brasil es ingeniero electrónico y como yo lo admiraba me metió la locura de estudiar también lo mismo, con el y su señora Cecilia nos escribimos. En Viña están mis primas Tita y María Angélica, en Santiago Horacio y Ricardo, que son mis parientes adinerados, también en Santiago mi hermana Mariana, en Alemania -supongo- mi primo Camilo, en Australia Leo, Mario y la Keny, ahí están todos, la familia que más quiero, de muchos de ellos guardo preciosos recuerdos de cuando chico.

En fin, creo que la familia no es motivo de orgullo sino más bien de cariño, personalmente tampoco tengo mucho de que enorgullecerme en lo económico; no recuerdo un solo día de mi vida en que me haya sentido próspero o económicamente seguro. Si bien a veces he ganado mucha plata siempre han sido negocios puntuales en medio de largas sequías financieras. Que le vamos a hacer, parece que nací para andar pato.

>Nací para andar pato

Archivado en: familia, inmigrantes, snobismo — tombrad @ 10:16 pm

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Es increíble que todavía estemos en agosto, este ha sido uno de los meses más largos que recuerdo, lo que muestra lo subjetiva que puede ser nuestra percepción del tiempo. Un mes frio, sin sol y sin plata, para colmo tabajando, aunque algunos trabajos que ustedes ya conocen no han sido tan malos.

La cosa también anda fea y llena de problemas para varios de mis amigos, en mi caso no es problema porque estoy bastante aclimatado a los altibajos pero me da lata por los que no están acostumbrados al pan con pan. En fin, como dijo Arturo Prat Animo y Valor, que ya vienen los tiempos mejores.

Estaba conversando con unos gringos acerca del soft-esnobismo que existe en Chile por descender de alguna familia de inmigrantes. Resulta que muchos inmigrantes en Chile han hecho plata y gracias a eso junto con el esnobismo tradicional de los apellidos vinosos, con los años ha surgido uno nuevo con motivo de tener algún tátara-tátara abuelo europeo.

Claro que un Bradanovic jamás podrá competir con el prestigio social que da un apellido como Cousiño, Larrain o Echeñique, pero debo reconocer que el apellido de origen croata me ha generado alguna simpatía de entrada a pesar de que soy 110% xhileno. Este esnobismo de inmigrantes tiene varias facetas desde los clubes y estadios: Palestino, Español, Israelita, Croata, Italiano y muchos más donde se juntan los palogruesos y los aspirantes, que tratan de conseguir algo de respeto por osmosis. ¿Se han fijado que no existe en Chile es estadio Norteamericano o Inglés? creo que es un detalle bien significativo.

Yo he dedicado un buen tiempo a juntar la historia de la familia Bradanovic, pero jamás pensando que pueda tener algo especial o superior en algún aspecto a los Pérez o los Gonzalez, sino que precisamente por haber estado despegado de ellos durante tantos años me ha parecido muy entretenido ir juntando como un rompecabeza piezas de viejas historias que escuchaba cuando chico. En algunas personas es muy divertido ver la obsesión que tienen por demostrar que sus ascendientes eran de alguna manera especiales y distinguidos, pretendiendo que se les pegó alguna clase de buena genética. La verdad es que en estos casos los genes suelen ser recesivos.

Pero mi verdadera familia, la más querida, han sido los Pozo, de mi línea materna. También sé muy poco de ellos aparte de que eran de Talca y mi bisabuelo era tan flojo que los pantalones se le rompían en las asentaderas y tenían que parchárselos continuamente. Mi mamá decía que su frase favorita era la noche es para dormir y el día para descansar. También he escuchado que era muy distraído y que una vez empezó a acunar a una de sus hijas para hacerla dormir y no se dió cuenta de que se había muerto. Sin duda que más de algunos genes me vienen por ahí.

Las Pozo eran cuatro, tres serias y mi mamá que era medio hippie para su época. Como mi hermana se casó muy jóven (a los 16 años) mis hermanos afectivos fueron mis primos, especialmente Mario, Camilo y la Keny que vivieron en mi casa cuando se murió mi tía Mery, tiempos felices que no volverán. La familia de mi mamá era tradicionalmente de curas y monjas como mis tíos abuelos Arturo y María Elvira Pérez Labra.

Esos eran los Pérez de línea materna. A pesar de lo común del apellido eran los platudos porque eran Pérez Larraín, Pérez Correa, Pérez Labra y varios otros apellidos vinosos que ostentaban con mucho orgullo. Una tía de apellido Pérez Correa era podrida en plata y era una especie de Santa Claus para mí porque para las vacas flacas me llevaba a su casa enorme y me sacaba de compras con lo que quedaba equipado para todo el año. Recuerdo una vez que me llevó al museo histórico militar y me mostró muy orgullosa la genealogía de José Miguel Carrera de quien era descendiente por parte de los Verdugo creo. Igual era snob la viejita pero muy buena persona conmigo, me quería mucho.

Tengo primos maternos por todas partes: Alejandro en Brasil es ingeniero electrónico y como yo lo admiraba me metió la locura de estudiar también lo mismo, con el y su señora Cecilia nos escribimos. En Viña están mis primas Tita y María Angélica, en Santiago Horacio y Ricardo, que son mis parientes adinerados, también en Santiago mi hermana Mariana, en Alemania -supongo- mi primo Camilo, en Australia Leo, Mario y la Keny, ahí están todos, la familia que más quiero, de muchos de ellos guardo preciosos recuerdos de cuando chico.

En fin, creo que la familia no es motivo de orgullo sino más bien de cariño, personalmente tampoco tengo mucho de que enorgullecerme en lo económico; no recuerdo un solo día de mi vida en que me haya sentido próspero o económicamente seguro. Si bien a veces he ganado mucha plata siempre han sido negocios puntuales en medio de largas sequías financieras. Que le vamos a hacer, parece que nací para andar pato.

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