Ahora que se anuncia la posibilidad de regularización para extranjeros que viven ilegalmente en Chile comienza a aparecer la eterna gritadera de los que reclaman porque “nos vienen a quitar el trabajo”. Los argumentos anti inmigratorios me parecen bastante tontos, incluso lugares muy pequeños como Hong Kong y Taiwan crearon una prosperidad inmensa gracias a la inmigración, las personas nunca sobran, especialmente en paises tan despoblados como el nuestro.
El problema real es otro: leyes, impuestos y regulaciones colocadas a la fuerza por grupos de interés que han ido creando verdadera dinastías de inútiles apitutados. Las leyes laborales y sindicales, creadas para -supuestamente- defender a los trabajadores, al final terminan creando pequeños feudos de apitutados, partiendo por los dirigentes sindicales y empleados del Estado. Es tan estúpido el sistema de leyes laborales que el propio estado de Chile las incumple descaradamente.
Si la inspección del trabajo aplicara el mismo celo que usa contra los pequeños empleadores para fiscalizar a organismos del estado o las municipalidades, el país quedaría paralizado. Todo está mal, las leyes laborales son malas y la inspección del trabajo funciona bajo la hipocresía máxima, haciendo la vista gorda de las violaciones de la ley de los propios organismos del estado mientras hostiga a los pequeños que no pueden defenderse.
Si no existieran las leyes laborales y se derogaran los privilegios de los sindicatos no habría ningún problema para abrir las puertas del país a la inmigración, el trabajo sería un acuerdo entre dos partes sin ninguna restricción y la competitividad crecería, vendrían más empresas, habría más trabajo y todos ganaríamos más plata. Si alguien no lo cree solo tiene que estudiar la historia de Hong Kong, el ejemplo es tan claro que ni siquiera el partido comunista de China se atrevió a modificar el sistema. Pero todavía quedan tontos que persisten en el error con recetas que jamás resultaron.
Es un problema de enfoque: muchos todavía piensan que el estado tiene que quitarle a los ricos para repartirlo como limosna a los más pobres, pero se olvidan de varios detalles. Como por ejemplo que los ricos se pueden llevar su plata para otra parte (nunca había sido más fácil que ahora) o simplemente gastar su plata en lujos y buena vida en lugar de crear empresas y trabajo (como pasó en Chile durante el auge del salitre). Por otra parte los pobres se irán convenciendo que tienen derecho a recibir las limosnas del estado y se van poniendo cada día más exigentes. Igual que los cuida-autos que comenzaron humildes y agradecidos y hoy son agresivos chantajistas, es exactamente el mismo fenómeno.
La idea de recibir algo a cambio de nada es sumamente atractiva para cualquiera y eso explica por qué desde la social democracia hacia la izquierda han sido tan exitosos en política. No hay que ser muy inteligente para darse cuenta que nada es gratis y al final todo se termina pagando, pero la masa de los que votan nunca se han caracterizado por su inteligencia así es como le echan para adelante nomás, eligiendo entre el mejor ofertón. Es un problema que se conoce desde la época de los griegos y lo curioso es que nadie lo menciona y hacen como si no existiera: cuando la mayoría de las personas es estúpida eligen a su representante, por eso tenemos tanto tonto y ladrón encumbrado en la política, son solo un reflejo de los que votan.
Pero ya me descarrilé del tema inicial, lo que quería decir es que ojalá el gobierno de Chile algún día se despabile y abra completamente sus fronteras junto con eliminar la maraña de regulaciones laborales. Que vengan, que vengan, que nadie los detenga. Bienvenidos amigos peruanos, bolivianos, ecuatorianos, argentinos, norteamericanos y de donde sea. Solo los pobres diablos se asustan porque les van a quitar el trabajo, hay que ser muy idiota para atrincherarse en un puesto de trabajo cuando lo importante es que la economía mejore y que se vaya creando mucha más oferta de trabajos, eso nunca se va a conseguir con apitutados e ineficientes.
Pasando a otra cosa que malos resultan los boom económicos para las ciudades, parece que fuera una ley: ciudad que crece se echa a perder. Mi compadre Oscar me comentaba hoy de como se ha ido degradando Iquique y como “la nueva California” que ofrecía Soria se convirtió en una pesadilla repleta de lumpen y arribistas, nos robaron Iquique dice Oscar y con toda razón, yo que conocí la ciudad en los ochenta puedo dar fé de como se ha deteriorado por culpa de la Zofri y las mineras. Espero que eso nunca llegue a pasar en Arica.

Iquique y Arica son como el polo sur y norte de un imán, dos ciudades diferentes desde siempre, aunque Iquique -Tierra de Campeones a 300 kilómetros de distancia- es la ciudad chilena más próxima que tenemos. Son históricas las rivalidades deportivas, las bromas pesadas y las comparaciones odiosas, como suele pasar en Chile entre dos ciudades vecinas,