Tomas Bradanovic

21 enero, 2010

Menos mal

Archivado en: allende, isabel — tombrad @ 8:13 pm

Estuve viendo recién una entrevista a Isabel Allende en el canal del Senado, donde un atolondrado Raul Sohr se perdió la oportunidad de sacarle brillo a una mujer tan inteligente. Como saben los que han leído este Templo del Ocio, la detesto como escritora, pero como persona siempre la he encontrado extraordinaria y entrañable, porque me trae recuerdos de mi ya -un poco lejana- juventud en los gloriosos años setenta.

Isabel Allende y su columna de Los Impertinentes, o cuando hacía reportajes estrambóticos en la tele donde llegó a disfrazarse de vedette para bailar en el Bim-Bam-Bum, era mi ídola. En algún momento se empezó a tomar en serio, tal vez cuando le fue bien escribiendo Best Sellers, ahora anda hablando todas esas tonteras tan superficiales, homogéneas y políticamente correctas que cruzan el mapa mental de los norteamericanos, pero a veces, tras algún gesto se asoma la mujer chilena neta, inteligente y crítica que se esconde bajo esas capas de respetabilidad burguesa estilo americano.

Cuando joven Isabel Allende era físicamente muy parecida a una amiga mía,.Ya sabes Fabiola, si quieres ver como serás cuando “vieja” mírala a ella nomás, tal vez por la admiración que le tuve a la original es que la Fabi me cae tan bien y le aguanto sus abundantes pachotadas y tonteras con buen ánimo, ja-ja, solo bromeo. Igual, eres más pesada que un tren a pedales.

No encontré en la web su artículo Sarte y la Citroneta, La redacción de Isabel Allende fue endiabladamente buena desde el principio, algo de esos años que encontré fue este artículo Civilize a su Troglodita, aunque está un poco añejo sirve para los nostalgicos de esa época. Éramos la generación de la Citroneta, casi el único auto que existía en Chile, más unos pocos Fiat 600 y -contados con los dedos de una mano- los Acadian Beaumont, auto para los super millonarios, ¡ah! y los semidioses tenían un Mini Cooper o un Fiat 125-S. Un Chile que ningún mocoso de hoy se podría imaginar, lleno de poblaciones callampa donde tener teléfono era símbolo de status, para que hablar de tener un refrigerador o un auto.
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Ayer vi en la calle una CItroneta, ejemplar en proceso de extinción por estos días ¡como me gustaría tener una! ese vehículo de hojalata que saludaba a todo el mundo balanceándose cada vez que frenaba. En Arica hubo citro-taxis -siempre fuimos la ciudad de las rarezas- también se hacían carreras de citro-cross en Las Viscachas, era imposible volcar una Citroneta con su sistema de suspensión increíble diseñado por el señor Panhard en persona.

Las Citronetas, hechas de lata en formas cuadradas para simplificar las matrices y con asientos que parecían de micro. Se armaban en Arica y se llegó a una alta integración de componentes nacionales, como era la moda en esos años. El gerente de la ensambladora Citroen en Arica era Pierre Chapard, un médico psiquiatra francés muy bueno para fumar puros, todavía viven acá su señora y su hija Elizabeth que es una buena amiga mía, ariqueña neta.

Recuerdo los setentas en blanco y negro, la marihuana gratis, los rayados de SILO y el arte mural de la Brigada Ramona Parra, los stenciles con la silueta del Ché Guevara por todos lados y la boite Manhattan “el que no conoce el Manhattan, no conoce Arica”, 1969: en la inauguración del Cine Tacora fuimos a ver El Submarino Amarillo, tiempos aquellos que.los recuerdo en blanco y negro. Tantas tonteras que me trajo a la cabeza la entrevista a Isabel Allende. Bah, ya nada es como antes. Menos mal.

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