Tomas Bradanovic

18 julio, 2008

Un día más

Archivado en: jergas — tombrad @ 9:19 pm

Hoy en la mañana de nuevo a Tacna, esta vez me fuí con Tancara, el chofer más antiguo de todos, con 76 años y que lleva 50 viajando todos los santos días por ese camino, desde 1958. Me imagino que lo puede conducir durmiendo después de tantos años. Tancara es viejísimo y alguien que no lo conozca difícilmente puede creer que tenga licencia de conducir para transporte público, pero la tiene y maneja freco como una lechuga. Lo malo es que se toma las cosas con calma, es lentísimo y todos le hacen bromas “¿te vas con Tancara? ah nos vemos mañana en Tacna entonces” o bien “Tancara compañero, todavía estás vivo, yo pense que habías fallecido hace un rato”. Es un chiste Tancara, lo bueno es que siempre cobra más barato, lo malo es que siempre llega tarde. La foto de esta entrada la saqué en el bus que me trajo de vuelta a Arica por la módica suma de unos US$ 3.

Estaba sin enchufe en la oficina así es que salí a terreno, despaché todo en unos pocos minutos y me fuí a meter a un cyber para terminar algunas cosas pendientes y de paso revisar mi correo, a todo eso me dieron las 12 y cuando volví me estaban buscando por todos lados porque tenía una reunión, que diablos. Pero todo tiene su lado bueno, la reunión continuó con un almuerzo en una chacrita al más puro estilo peruano: caldo de pollo y charquicán con el insuperable adobo amarillo que debería ser declarado patrimonio nacional del Perú, lo usan para todos los guisos y es realmente bueno, harto vino de chacra y así se me fue toda la tarde conociendo gente muy interesante, al fin fue un buen día, con poco trabajo pero hartas relaciones públicas, bien comido y mejor regado.

Me quedó gustando el asunto y mañana voy de nuevo. Ya me estoy mimetizando, hoy me bajaba de una Kombi cuando unos peruanos me preguntaron donde quedaba la oficina del Ministerio de Agricultura. Luego, bastante caramboleado me tomé el minibus de vuelta a Arica, un día más en la vida del tomasito, creo que con esto completo el catálogo de trabajos raros que he hecho en mi vida pero todo bien, muy entretenido y creo que hay varias cosas donde puedo aportar bastante.

Los políticos parece que cada cierto tiempo se encandilan con algunas palabras: desprolijidades, empoderamiento, equidad, emprendimiento, facilitadores, innovación, operadores, en fin, tienen toda una jerga con palabras que no dicen nada pero suenan bonito y les ponen autoridad -al menos para sus oídos- cuando dan una entrevista o dicen un discurso. Estas palabras cambian con los años, lo que antes era el pueblo ahora es la gente y lo que era proceso de cambio ahora es consolidación, una jerga pasa de moda y es reemplazada por otra cuando los viejos conceptos se van desprestigiando. Lo característico de esta jerga es que todos estos términos son tan vacíos de contenido como sonoros, un ejemplo es el concepto de “cluster” con que pretenden embellecer un concepto mucho más prosaico que es financiar a grupos de intereses similares, el cluster turístico es el último invento de estos siúticos, que usan para aparecer como expertos en temas de los que no tienen la menor idea.

El uso de jergas es común en muchos otros grupos aunque no siempre son vacíos de contenido, en ciencias e ingeniería se usa bastante, los radioaficionados y especialmente sus hermanos menores, los oncemetristas usan un montón de palabras raras que se las entienden solo entre ellos, para que hablar de los médicos o los delincuentes con el coa. Al revés de la jerga política, estas sirven para excluir, hablar en clave de manera que solo entre iniciados se entiendan. Unas amigas italianas me contaban hace tiempo que la gente de Sicilia usa mucho los gestos y el lenguaje corporal para comunicarse solo entre ellos.

La idea del clan, de los members only, es muy antigua. Así comenzaron las profesiones cuando la gente que tenía alguna especialidad se juntaba en gremios, con un sistema de aprendices que fue la cuna de nuestras modernas universidades, en los gremios el que revelaba los secretos de la profesión era castigado hasta con la muerte lo que les daba el sentimiento de superioridad y orgullo de pertenecer a algo a lo que no todos podían acceder. Yo personalmente detesto la jerga excluyente, los gremios, clubes, colegios profesionales, masones o lo que sea que preserven esa absurda idea de exclusividad, me cargan.

Y ustedes, aburridos lectores, pensarán “y a mi que me importa”, bueno, mis disculpas, es tarde, estoy medio pasado de copas y la vieja de mi suegra está instalada al frente mío hablando de cosas incoherentes que no me permiten concentrarme en nada, que desgracia, para colmo mañana también me tendré que levantar relativamente temprano. Un día más, un día menos en la sufrida vida del Tomás, mejor me voy a dormir a ver si se me aclaran un poco las ideas, hasta mañana.

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