Estuve leyendo el libro El Cascabel al Gato de José Piñera, lo recomiendo porque está repleto de historias y datos poco conocidos sobre el problema previsional. Mucha gente nació sin conocer el antiguo sistema, pero yo me acuerdo bien del caos y la montaña de negociados de las cajas de previsión, miren esto que escribió Eduardo Frei Montalva en 1968:
“Hay dos mil leyes sobre previsión en Chile. Piensen ustedes lo que eso significa. Dos mil leyes previsionales, más los reglamentos, más los acuerdos de las cajas, es decir, una monstruosidad que va en aumento. En la ley de reajuste de 1966 se introdujeron 46 nuevas normas previsionales. 44 el año 1967 y 1.234 el año 68. O sea que en sólo tres años a las dos mil leyes previsionales se le han agregado como mil trescientas nuevas disposiciones previsionales”.
“Sin embargo, el ejecutivo no tiene medios de parar esta monstruosidad. En cada grupo de previsión hay muchas leyes con nombre y apellido. En Chile hay 30 cajas de previsión y 70 servicios de bienestar en organismos complementarios de seguridad social. Hay casos fabulosos. Los hípicos tienen nueve cajas de previsión. La Caja de los Ferrocarriles del Estado existe sólo para pagar asignaciones y préstamos, es decir, un absurdo. Hay dos mil cien empleados de notarías y archivos judiciales que han sacado 27 leyes de previsión”.
“Sin embargo, lo que es más grave es que en este país estamos gastando el 18,1% del producto nacional en previsión. Vamos a terminar en un país de jubilados. Seis mil millones de escudos está costando la previsión y su administración y ésta es tan dispendiosa que el 13% de esos seis mil millones se gasta en administración. O sea, se están gastando 800 millones de escudos en administrar la previsión”.
Uno de los mayores problemas del sistema antiguo era que a lo largo de los años se fueron crendo miles de sistemas especiales para beneficiar a pequeños grupos con poder político, Piñera escribe:
“Un estudio señala que de las 11.395 leyes que se dictaron entre los años 1926 y 1963, sólo 863 fueron de aplicación general para todo el país y todos los chilenos. El resto –¡10.532!– fueron leyes dictadas para responder a demandas de grupos, de regiones, de sectores, de círculos bien delimitados y –en la mayoría de los casos– para favorecer a personas con nombre y apellido. No tiene nada de extraño que la legislación previsional haya sido el destino preferente de esta viciosa manera de legislar y gobernar.”
“En muchos casos –más de los que uno creería– la defensa del antiguo sistema no era un asunto de principios solamente. También era una cuestión de jugosas ventajas personales”.
Es un problema fundamental de la democracia, que José Piñera lo describe así:
Para mucha gente, democracia era sinónimo de un complejo juego de fuerzas y presiones en el cual lo importante era ganar posiciones como vía de obtención de privilegios y poder.
“Las prioridades de esta noción pervertida de la política estaban colocadas en ganar escaños en el parlamento, puestos en la administración, el control del aparato económico del país, las universidades, sindicatos y medios de comunicación, copar, en fin, todas las organizaciones sociales para dominar, imponer, acallar, controlar, neutralizar o atemorizar. Pero no para realizar un proyecto nacional que resolvería los graves problemas de la nación.”
“Fue esta concepción degradada de la democracia el factor que condujo al sistema previsional que teníamos. En estricto rigor, era su vivo retrato. Un adefesio y un horror.”
“Los trabajadores más pobres se jubilaban con pensiones misérrimas y tras 40, 45 ó 50 años de trabajo. Los trabajadores con mejores remuneraciones y poder de presión lo hacían a los 15 años de servicio, con casas subsidiadas y con reajustes automáticos de sus pensiones. El perfil nacional de privilegios previsionales coincidía, de manera escandalosa, con el perfil del poder político de los distintos grupos de chilenos.”
Las jubilaciones prematuras, que los militares permitieron eliminar para todos excepto para si mismos, son descritas por Piñera de la manera siguiente:
“¡Es tan barato ofrecer derechos previsionales! Cuando el demagogo ofrece casas, es muy probable que a la vuelta de seis meses o un año alguien tenga la imprudencia de preguntarle dónde están. Cuando –en cambio– ofrece a un gremio regalón la posibilidad de jubilarse mucho antes que el resto, aparentemente todos ganan y nadie pierde. De ahí a que los favorecidos empiecen a jubilarse puede pasar mucho tiempo y bastante agua bajo los puentes.”
En este mundo, las razones para conceder jubilaciones prematuras nunca faltaban y nunca faltarán. A unos porque hacen un trabajo muy pesado y a otros porque hacen un trabajo muy peligroso. A unos porque trabajan siempre de pie y a otros porque trabajan el día entero sentados. A unos porque están siempre al sol y a otros porque nunca lo ven. A estos porque cumplen funciones muy rutinarias y a aquellos porque en las suyas necesitan mucha concentración. ¿Quién decide cuándo aplicar la regla general y cuándo la excepción? ¿Quién cierra esta caja de Pandora?”.
En fin, el libro es entretenido y muy divertido, pone en palabras sencillas cosas que yo he pensado muchas veces, algunas tan evidentes como esta:
“Es recomendable ese sano escepticismo que distingue al pensamiento liberal. El hombre quizás no sea naturalmente malo, pero –en la duda– más vale suponer que algunos lo pueden ser. Por eso es mejor que nadie concentre demasiado poder sobre los demás. Por eso es bueno que las instituciones humanas ofrezcan igualdad de oportunidades. Por eso es sana la competencia, donde el interés social disciplina los apetitos individuales. Por eso es conveniente que cada derecho lleve aparejada una cuota objetiva de responsabilidad. Por eso vale la pena concebir instituciones que –sobre una base de buena fe– operen en términos socialmente útiles tanto con los virtuosos como con quienes no lo sean”.
En fin, muy entretenido el libro y
recomiendo que lo lean incluso los que son críticos del sistema de AFP porque sale una buena explicación de los problemas que ocurren en los sistemas de reparto, basados en experiencia histórica muy difícil de negar. Queda a firme mi idea que José Piñera es probablemente uno de los tipos más inteligentes en la historia de nuestro ratonesco país, que ha resultado tan generoso para producir poetas y discurseros.
Lo curioso es que todavía quedan instituciones del antiguo sistema de reparto y el caso más notable, que mejor muestra los vicios del sistema es la Caja de Ahorro de los Empleados Públicos, la más antigua del país, dirigida por don
Sergio Gordon Cañas, el hombre que tiene el sueldo más alto de Chile: 721 millones de pesos el año 2007. Casi un millón y medio de dólares -de sueldo- al año.
La caja es manejada como una verdadera mafia,
nunca ha podido ser auditada por la Contraloría ni por el Poder Judicial, me recuerda mucho otra corporación sin fines de lucro llamada Colonia Dignidad, que fue intocable en Chile durante décadas. Si queda algún nostálgico del sistema previsional “solidario” por favor que lea El Cascabel al Gato y luego la historia de don Sergio Gordon. Si todavía mantiene la fe le recomendaría que vaya a un psiquiatra, algo le debe andar mal en la cabeza. Hasta mañana.