Tomas Bradanovic

25 diciembre, 2007

No poder jugar

Archivado en: juegos — tombrad @ 10:20 pm

Hoy me fuí a estrenar el CRX, recién armado y con el motor ronroneando como un gato. desde el verano pasado que no me daba mi vuelta por El Laucho, cosa que antes hacía regularmente. Había poquita gente cuando llegué y nadie conocido ¡ni siquiera el Loco Fuentes! la decadencia había llegado al Laucho. De a poco fueron apareciendo algunos regulares: el cangrejo (ese viejito de unos 300 años que hace la bandera), el mono y otros pocos oldtimers.

También habían algunas pelolais nortinas, con el pelo muy liso y rubio pero los ragos inconfundibles del Tiawanaku, yo igual las encuentro muy atractivas (a estas alturas del partido no estoy para ponerme exigente), aunque francamente prefiero la versión original andina, sin retoques, bah, que diablos, como dice mi amigo el Mouse, a medida que pasan los años ¡están TODAS RICAS!.

Luego me fuí a leer el diario a la Island, otro hábito que no practicaba desde hace más de un año. pero las insistentes pasadas de los amigos de verde me pusieron saltón y me volví para la casa: llevo más de un año con la licencia vencida y el CRX tampoco tiene la revisión técnica, dos cosas que espero solucionar dentro de esta semana.

Y ahora que se viene el año nuevo empiezo a pensar como voy a hacerlo, tengo que conseguir ropa vieja para armar el mono, ¿Que haré de comida? creo que un pullmai (curanto en olla) es una buena alernativa: no lo he hecho nunca y si me queda mal lo puedo tapar con harto trago. Conversaba en la tarde con una amiga que me decía que no va a hacer nada el 31 y me dejó pensando por qué me tomo tantos trabajos cada fin de año, único día en que dejo a un lado mi holgazanería casi genética y me pongo a hacer una serie de cosas que me hacen trabajar como un burro.

Después de darle muchas vueltas al asunto llegué a la conclusión de que es mi instinto de juego: la necesidad de hacer algo completamente inútil solo por diversión. Aunque parezca un contrasentido los juegos son un asunto muy serio, tal vez los únicos momentos de felicidad los obtenemos jugando, igual que los niños chicos o los animales, de los que tenemos mucho que aprender. Por ejemplo mirando al Beppy, no me cabe duda que la mayor felicidad de su vida es cuando está jugando. ¿Quien no ha visto a los gatos enfrascados en falsas peleas todo el día?. En las películas también podemos ver a los leones, tiburones o elefantes que pasan buena parte de su vida jugando. Y si vamos a las personas esa pasión instintiva por jugar se demuestra en el inmemso negocio que significan los deportes profesionales y en la actuación completamente irracional de los hinchas.

Cuando chicos jugamos al doctor, pero después, ya grandes, seguimos jugando. Nuestras relaciones personales son en gran parte juegos que los hacemos por pura diversión. Fíjense por ejemplo en el coqueteo, que mejor ejemplo de un juego entretenido. Yo he tenido la suerte de conocer a varias personas con muchísima plata, y la mayoría toman lo que hacen como jugando, cuando algo deja de divertirlos lo dejan. Por eso no creo nada en las historias del emprendimiento y la productividad que están tan de moda por estos días: la gente que le va bien -a la larga- son principalmente los que siguen sin mucho rumbo haciendo lo que les divierte, hasta que un día le achuntan.

Claro que hay que comer, pagar el agua, luz, gas, Internet, bencina, reparaciones mecánicas y uno que otro dividendo. Eso si llevamos un tren de vida modesto, porque si nos gusta darnos ciertos lujos, la montaña de cosas que hay que costear todos los meses se multiplica y tenemos que ponernos serios, entonces ya no podemos jugar. Que cosa más terrible, ¿han visto a los leones de circo? ¿o el dicho “como leon enjaulado?”, tienen agua y comida pero no pueden jugar, díganme si no es una tragedia.

No poder jugar

Archivado en: juegos — tombrad @ 10:20 pm

Hoy me fuí a estrenar el CRX, recién armado y con el motor ronroneando como un gato. desde el verano pasado que no me daba mi vuelta por El Laucho, cosa que antes hacía regularmente. Había poquita gente cuando llegué y nadie conocido ¡ni siquiera el Loco Fuentes! la decadencia había llegado al Laucho. De a poco fueron apareciendo algunos regulares: el cangrejo (ese viejito de unos 300 años que hace la bandera), el mono y otros pocos oldtimers.

También habían algunas pelolais nortinas, con el pelo muy liso y rubio pero los ragos inconfundibles del Tiawanaku, yo igual las encuentro muy atractivas (a estas alturas del partido no estoy para ponerme exigente), aunque francamente prefiero la versión original andina, sin retoques, bah, que diablos, como dice mi amigo el Mouse, a medida que pasan los años ¡están TODAS RICAS!.

Luego me fuí a leer el diario a la Island, otro hábito que no practicaba desde hace más de un año. pero las insistentes pasadas de los amigos de verde me pusieron saltón y me volví para la casa: llevo más de un año con la licencia vencida y el CRX tampoco tiene la revisión técnica, dos cosas que espero solucionar dentro de esta semana.

Y ahora que se viene el año nuevo empiezo a pensar como voy a hacerlo, tengo que conseguir ropa vieja para armar el mono, ¿Que haré de comida? creo que un pullmai (curanto en olla) es una buena alernativa: no lo he hecho nunca y si me queda mal lo puedo tapar con harto trago. Conversaba en la tarde con una amiga que me decía que no va a hacer nada el 31 y me dejó pensando por qué me tomo tantos trabajos cada fin de año, único día en que dejo a un lado mi holgazanería casi genética y me pongo a hacer una serie de cosas que me hacen trabajar como un burro.

Después de darle muchas vueltas al asunto llegué a la conclusión de que es mi instinto de juego: la necesidad de hacer algo completamente inútil solo por diversión. Aunque parezca un contrasentido los juegos son un asunto muy serio, tal vez los únicos momentos de felicidad los obtenemos jugando, igual que los niños chicos o los animales, de los que tenemos mucho que aprender. Por ejemplo mirando al Beppy, no me cabe duda que la mayor felicidad de su vida es cuando está jugando. ¿Quien no ha visto a los gatos enfrascados en falsas peleas todo el día?. En las películas también podemos ver a los leones, tiburones o elefantes que pasan buena parte de su vida jugando. Y si vamos a las personas esa pasión instintiva por jugar se demuestra en el inmemso negocio que significan los deportes profesionales y en la actuación completamente irracional de los hinchas.

Cuando chicos jugamos al doctor, pero después, ya grandes, seguimos jugando. Nuestras relaciones personales son en gran parte juegos que los hacemos por pura diversión. Fíjense por ejemplo en el coqueteo, que mejor ejemplo de un juego entretenido. Yo he tenido la suerte de conocer a varias personas con muchísima plata, y la mayoría toman lo que hacen como jugando, cuando algo deja de divertirlos lo dejan. Por eso no creo nada en las historias del emprendimiento y la productividad que están tan de moda por estos días: la gente que le va bien -a la larga- son principalmente los que siguen sin mucho rumbo haciendo lo que les divierte, hasta que un día le achuntan.

Claro que hay que comer, pagar el agua, luz, gas, Internet, bencina, reparaciones mecánicas y uno que otro dividendo. Eso si llevamos un tren de vida modesto, porque si nos gusta darnos ciertos lujos, la montaña de cosas que hay que costear todos los meses se multiplica y tenemos que ponernos serios, entonces ya no podemos jugar. Que cosa más terrible, ¿han visto a los leones de circo? ¿o el dicho “como leon enjaulado?”, tienen agua y comida pero no pueden jugar, díganme si no es una tragedia.

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