Tomas Bradanovic

3 marzo, 2010

La peste y otras historias

Archivado en: la peste — tombrad @ 11:38 pm

Una lectura muy apropiada para estos días es La Peste de Albert Camus, gran libro, leo:
A partir de ese momento, se puede decir que la peste fue nuestro único asunto. Hasta entonces, a pesar de la sorpresa y la inquietud que habían causado aquellos acontecimientos singulares, cada uno de nuestros conciudadanos había continuado sus ocupaciones, como había podido, en su puesto habitual. Y, sin duda, esto debía continuar. Pero una vez cerradas las puertas, se dieron cuenta de que estaban, y el narrador también, cogidos en la misma red y que había que arreglárselas.

Con esto del terremoto resulta difícil salir del tema, igual como dice la novela. Al seguir leyendo me parece que en lugar de la ciudad de Omán, Camus está describiendo Arica:

La ciudad, en sí misma, hay que confesarlo, es fea. Su aspecto es tranquilo y se necesita cierto tiempo para percibir lo que la hace diferente de las otras ciudades comerciales de cualquier latitud. ¿Cómo sugerir, por ejemplo, una ciudad sin palomas, sin árboles y sin jardines, donde no puede haber aleteos ni susurros de hojas, un lugar neutro, en una palabra? El cambio de las estaciones sólo se puede notar en el cielo (…).

El modo más cómodo de conocer una ciudad es averiguar cómo se trabaja en ella, cómo se ama y cómo se muere. En nuestra ciudad, por efecto del clima, todo ello se hace igual, con el mismo aire frenético y ausente. Es decir, que se aburre uno y se dedica a adquirir hábitos (…).

Por las tardes, cuando dejan sus despachos, se reúnen a una hora fija en los cafés, se pasean por un determinado bulevar o se asoman al balcón. Los deseos de la gente joven son violentos y breves, mientras que los vicios de los mayores no exceden de las francachelas, los banquetes de camaradería y los círculos donde se juega fuerte al azar de las cartas.

Sigo leyendo y encontrando similitudes con lo que está pasando en Chile ahora ¡es como la peste!

Después, paseando una mirada benévola sobre los asistentes, hizo notar que él sabía bien que era la peste, pero que, en verdad, reconocerlo oficialmente, obligaría a tomar medidas implacables. Sabía que era esto lo que hacía retroceder a sus colegas y, en consecuencia, bien quisiera admitir que no fuera la peste. El prefecto, agitado, declaró que en todo caso esa no era una manera de razonar.
¿Quien dijo que leer ficción no servía para nada? en una novela se encuentra mucha más verdad que en un montón de biografías y libros de historia, la novela es un modelo -a veces perfecto- de ciertas facetas de la realidad, extrae lo esencial y bota todo lo superfluo. En fin, si alguien quiere leer La Peste en español me manda un mail y listo, nunca es tarde para cometer un delito contra la propiedad intelectual.
Como pasa siempre después de un temporal de incompetencias, seguramente se pondrá de moda proponer soluciones a todos los problemas de Chile. Así es que yo voy a empezar de inmediato, antes que otro se me adelante. Creo que todos nos dimos cuenta de lo importante que es el orden público y lo frágil que puede llegar a ser cuando se crea un ambiente de impunidad. Seguramente habrá un consenso amplio para endurecer las políticas contra los delincuentes y contener la rebelión flaite, pero ¿como hacerlo? Bah, yo tengo algunas ideas y aquí voy.
Lo primero que deberían reformar son las cárceles, que desde hace mucho tiempo son hoteles de presos donde confortablemente se dedican a vacacionar y organizar sus delitos. Las estadías deben alargarse y eso descongestionará las cárceles, que hoy están copadas porque el delito es muy barato así que los delincuentes entran y salen rápidamente. La cárcel debe ser un lugar muy segmentado y de castigo para los rematados (como dice el nombre “pena punitiva”) pero ¿como castigar a un preso? Es fácil, eliminando el derecho de visitas. Las visitas solo como premio a la buena conducta. Si logran manejar las visitas tendrán manejados a los presos, porque las visitas son la interfase que usan para seguir cometiendo delitos desde la cárcel.
Otra, que se elimine la facultad de negociar de los fiscales con los abogados defensores para evitar un juicio, allí es donde se producen las peores distorsiones. Todos los que cometan algún delito que le corresponda pena aflictiva que vayan a juicio oral ¿Mucho trabajo? así era antes pues, con una fracción de los tribunales de hoy y trámites mucho más engorrosos.
Ah si yo fuera Presidente del Mundo, en fin, con eso se arreglaría buena parte de la delincuencia, poner más policías es inútil cuando la cárcel es un carrusel en lugar de castigo. Pueden poner un policía por cada persona y los problemas seguirán igual. En fin, pasemos a otra cosa.
La tortuga
Chuang Tzu, con su caña de bambú,
pescaba en el río Pú.

El príncipe de Chu
mandó a dos vicecancilleres
con un documento oficial:
“Por la presente queda usted nombrado
primer ministro”

Chuang Tzu cogió su caña de bambú.
Observando aún el río Pú,
dijo:
“Tengo entendido que hay una tortuga sagrada,
ofrecida y canonizada
hace tres mil años,
que es venerada por el príncipe,
envuelta en sedas,
en un precioso relicario
sobre un altar,
en el Templo.

¿Qué creen ustedes:
es acaso mejor otorgar la propia vida
y dejar atrás una concha sagrada
como objeto de culto
en una nube de incienso
durante tres mil años,
o será mejor vivir
como una tortuga vulgar, arrastrando su rabo por el cieno?”

“Para la tortuga”, dijo el vicecanciller,
“será mejor vivir
y arrastrar la cola por el cieno”

“¡Váyanse a casa!”, dijo Chuang Tzu.
“¡Déjenme aquí
para arrastrar mi cola por el cieno!”

Me encanta esa historia. Hasta mañana.

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