Tomas Bradanovic

9 diciembre, 2010

>Mi cuenta corriente

Archivado en: las peñas — tombrad @ 6:39 pm

>Por fin de vuelta, después de mi viaje a Las Peñas todavía estoy como si me hubiesen molido a palos, todas las veces que he ido me hago el propósito de avanzar “despacito”, nunca lo cumplo, es imposible no llegar cansado porque si uno camina más despacio pasa más tiempo caminando y se cansa más todavía. Que diablos.

Salimos seis y volvimos tres. Ibamos la Pilar con Isabel (compañera de trabajo), yo, mi amigo Mario Ernesto Ramón con su hija Francisca y Greg que se nos escapó desde el principio y no lo vi más hasta llegar al santuario, nos sacó media hora de ventaja pero se destrozó los pies, una por otra. Nos demoramos cuatro horas en llegar y casi exactamente lo mismo en el viaje de vuelta, para la ida nos fuimos por los cerros con muchas subidas, bajadas y caminatas por la cornisa. Para la vuelta aprovechamos que el río estaba mansito e hicimos todo el camino por el borde, claro que varios puentes estaban cortados y tuvimos que pasar saltando las piedras al estilo Hyawata.
Como siempre viajar con la Pilar se convierte en un rompe-filas de primera porque conoce a todo el mundo: no tuvieron que hacer fila para saludar a la Virgen y una amiga del alferazgo -que son los dueños de la fiesta- nos atendió como reyes. Yo estaba durmiendo en el suelo de la iglesia como de costumbre cuando llega la Pilar diciendo que se había conseguido una pieza del alferazgo con ¡camas! caí como muerto en el camarote a las 6 AM y no desperté hasta las 10:30, después me sale con que se había conseguido ducha caliente y finalmente -el colmo de todo- nos invitaron a almorzar por cuenta del alferazgo. Si pensamos lo aislado del lugar todas esas cosas fueron lujos asiáticos para mi, nunca había estado tan bien atendido en Las Peñas, eso en Chile se llama tener pitutos. Las fotos del viaje las pueden ver AQUI.
No deja de sorprenderme el asunto de esta fiesta, leo en la impresionante Enciclopedia de Arica del doctor Renato Aguirre:
El camino sigue la ribera del río o áridas planicies cuando la anterior se hace intransitable. Sólo los animales como los caballos, las mulas y los humanos pueden seguirlo y ni siquiera una moto trial llegaría al santuario. Las bicicletas todo-camino llegan apenas, debiendo ser cargadas por sus jinetes una buena parte del trayecto. Ni siquiera hay un lugar seguro para que aterrice un helicóptero. Arriba, más allá del acantilado que flanquea el valle, el panorama es terriblemente desolado: colinas y valles arenosos absolutamente áridos. El abandono actual de estas tierras se debe precisamente a que las mulas dejaron de ser un medio de transporte competitivo y a que es imposible hacer un camino para vehículos.

La leyenda “oficial” del santuario, tal como aparece en un libro escrito por un sacerdote, establece que hubo una vez un arriero que estaba cruzando el río con su recua de mulas para dirigirse a una planicie sombreada por altos eucaliptos, cuando escuchó los gritos desesperados de una muchacha. Era una pastorcilla asediada por un gran reptil y el arriero apresuróse a ir en socorro de la niña, implorando la ayuda de la Virgen María, cuando un esplendor y ruido que parecieron destruir el lugar señaló la aparición de la Virgen, salvando a la pastorcilla.

Información no confirmada por documentos establece que en 1700 el cura de Codpa recibió órdenes de sus superiores de Arequipa referentes al Santuario. La primera prueba material de la existencia de éste es de 1812, la dedicación de una estampa a “Nuestra Señora del Rosario de las Peñas, en el Santuario de Umagata”. En 1879, el cura de Codpa se quejaba por escrito que su antecesor había dispuesto a su antojo de la limosna que los fieles entregaban al santuario durante 30 años.

Por lo que se dice, puede suponerse que la Virgen se apareció entre Humagata y Livilcar y que un santuario le fue construido en algún momento después de 1650. Esta Virgen en particular, según me contó un peruano, venía del norte (aunque otra versión la hace provenir de Bolivia). Primero se estableció en un pueblo donde no le prestaban suficiente atención. Entonces se fue más al sur, pero un terremoto o algo parecido hizo que la gente no tuviera tiempo para ella así es que se fue más al sur todavía y tal vez fue entonces cuando espantó al reptil acechador de pastorcillas y aquí se quedó.

Si lo que quería era atención del público, ¡vaya si lo consiguió!. Desde que en el siglo XVII se establecieron las fiestas en su honor, ha atraído continuamente a miles de visitantes. Habiendo antes habitado tierras que hoy son peruanas, un gran porcentaje de fieles son de esa nacionalidad. Su fiesta se lleva a cabo los todos los primeros domingos de octubre y todos los 8 de diciembre y recibe unas 20-50.000 visitas cada año. Las fiestas incluyen los típicos bailes andinos, ejecutados por grupos organizados. Los bailarines, que invierten mucho tiempo preparándose, ensayando y arreglando sus elaboradas vestimentas, dicen que, teniendo un cuerpo además del alma, sienten la necesidad de expresar una manifestación corporal de su Fe.

El potencial turístico de ese treking -olvidado durante todo el año- es inmenso pero jamás a nivel de gobierno se han interesado en desarrollarlo. Mientras aprueban decenas de millones de dólares para el ridículo parque acuático a nadie se le ha ocurrido gastar un peso en desarrollar esa verdadera joya natural de la ciudad.
Casi todas las instalaciones y la multitud de puentes han sido costeados por el alferazgo y los bailes religiosos, con uno que otro proyecto de mejoramiento marginal pagado por el gobierno. No hay donde botar la basura así es que todo el camino es un inmenso basural, de día no hay como perderse, basta con seguir la huella de basura y caca de caballo, en la noche hay que seguir las luces y si no se ve ninguna lo mejor es esperar hasta que aparezca alguien en sentido contrario para ver por donde va el camino, es facilícimo perderse y caminar de más o incluso devolverse por donde mismo se vino.
En fin, otro año que voy y como siempre volví jurando que nunca más voy a volver, pero espérense nomás que para la fiesta que viene o la subsiguiente seguro que estaré planificando el viaje y esta vez si que lo haré despacito y con calma. Pero me voy a apurar como siempre, a destrozar las rodillas y tobillos como siempre, me voy a cansar como perro y voy a jurar que no vuelvo más, como siempre. Menos mal que la virgen me tiene buena y por ser ariqueño neto me las perdona todas. El 2011 será un bien año, dejé mi cuenta corriente al día.

8 diciembre, 2008

No hay ateos en las trincheras

Archivado en: ateismo, las peñas — tombrad @ 7:54 pm


Hoy fue la fiesta chica de la Virgen de las Peñas, un evento típicamente ariqueño que se viene celebrando todos los años desde alguna fecha del siglo 18 hasta hoy, leo en el excelente relato del doctor Renato Aguirre:

Por lo que se dice, puede suponerse que la Virgen se apareció entre Humagata y Livilcar y que un santuario le fue construido en algún momento después de 1650. Esta Virgen en particular, según me contó un peruano, venía del norte (aunque otra versión la hace provenir de Bolivia). Primero se estableció en un pueblo donde no le prestaban suficiente atención. Entonces se fue más al sur, pero un terremoto o algo parecido hizo que la gente no tuviera tiempo para ella así es que se fue más al sur todavía y tal vez fue entonces cuando espantó al reptil asechador de pastorcillas y aquí se quedó.

Si lo que quería era atención del público, ¡vaya si lo consiguió!. Desde que en el siglo XVII se establecieron las fiestas en su honor, ha atraído continuamente a miles de visitantes. Habiendo antes habitado tierras que hoy son peruanas, un gran porcentaje de fieles son de esa nacionalidad. Su fiesta se lleva a cabo los todos los primeros domingos de octubre y todos los 8 de diciembre y recibe unas 20-50.000 visitas cada año. Las fiestas incluyen los típicos bailes andinos, ejecutados por grupos organizados. Los bailarines, que invierten mucho tiempo preparándose, ensayando y arreglando sus elaboradas vestimentas, dicen que, teniendo un cuerpo además del alma, sienten la necesidad de expresar una manifestación corporal de su Fe.

Debe haber sido en 1980 la primera vez que fuí a la fiesta, estábamos en segundo año de la universidad y había empezado la carnicería con los cursos más difíciles. Mi compañero el Matute había reprobado un ramo por segunda oportunidad así es que había perdido la carrera, pero le dieron la oportunidad de un examen en marzo del año siguiente. Matute siempre fue un tipo muy práctico y pensó que aunque se matara estudiando sus probablilidades serían muy pocas, además iba a pasar encerrado todas las vacaciones, lo que realmente necesitaba era un milagro.

Entonces me dijo que pensaba ir hasta las Peñas sin zapatos y me invitó a que lo acompañara, nunca habíamos ido y pensamos que sería una bonita aventura los 10 kilómetros que hay que caminar subiendo y bajando cerros para llegar y otros 10 para devolverse. Si hubiese sabido como era seguramente no lo habría hecho, la cosa es que llegó allá con los pies destrozados y consiguió su milagro, porque en marzo aprobó el exámen sin haber estudiado nada.
Siempre he asociado Las Peñas con mi amistad con el Matute, que seguramente fué mi mejor amigo en los años de universidad, muchos años después el vivía en Puerto Montt, ya casado vino con toda su familia, debe haber sido en el 2003 más o menos y para allá nos fuimos de nuevo. Esta vez yo llevaba unos bototos militares que se rompieron en el camino y fuí yo el que llegué de vuelta con los pies hechos puré. Hace unos días me llamó para decirme que pensaba venir este año, pero arrugó y yo me quedé con las ganas de ir de nuevo.
Por esos años también a mi querida suegra le empezaron a aparecer unos bultos por el cuello y la espalda, diagnóstico: linfoma no-Hodkings que es una forma de cáncer a los ganglios. Se lo tomó con calma mientras en el hospital público le hacían una desagradable quimioterapia, hasta esos años ella también iba cada año a Las Peñas y con quimioterapia y todo no faltó. A mediados del año siguiente el cáncer había desaparecido completamente. 
Dos viajes milagrosos. Claro que a mi no me resulta, cuando tuve la oportunidad de conseguir mi trabajo soñado fuí a pedirle a la Virgen que me echara una manito, pero al parecer consideró que me las podía arreglar solo, porque del trabajo nunca más se supo dejándome con casi dos años de sucesivas desilusiones. En fin, no todo lo que se quiere se puede.
La Virgen de las Peñas es una de las tradiciones más ariqueñas que existen y también tiene muchísimos devotos en el Perú, en Tacna todos la conocen y Lissete, nuestra joven arquitecta, fue para la fiesta grande en noviembre y andivo varios días andando como Don Goyo. Lástima que me quedé con las ganas de ir este año, para otra vez será.
Aquí pueden ver el viaje de 1998
Aquí el del 2003
Aqui el del 2005
Del primer viaje con el Matute solo me queda una vieja foto en papel que no sé por donde habrá quedado. En fin, como pueden ver hasta un satánico como yo tiene sus devociones en algún lugar del corazoncito, “There are no atheists in the trenches”.

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