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Por fin de vuelta, después de mi viaje a Las Peñas todavía estoy como si me hubiesen molido a palos, todas las veces que he ido me hago el propósito de avanzar “despacito”, nunca lo cumplo, es imposible no llegar cansado porque si uno camina más despacio pasa más tiempo caminando y se cansa más todavía. Que diablos.
La leyenda “oficial” del santuario, tal como aparece en un libro escrito por un sacerdote, establece que hubo una vez un arriero que estaba cruzando el río con su recua de mulas para dirigirse a una planicie sombreada por altos eucaliptos, cuando escuchó los gritos desesperados de una muchacha. Era una pastorcilla asediada por un gran reptil y el arriero apresuróse a ir en socorro de la niña, implorando la ayuda de la Virgen María, cuando un esplendor y ruido que parecieron destruir el lugar señaló la aparición de la Virgen, salvando a la pastorcilla.
Información no confirmada por documentos establece que en 1700 el cura de Codpa recibió órdenes de sus superiores de Arequipa referentes al Santuario. La primera prueba material de la existencia de éste es de 1812, la dedicación de una estampa a “Nuestra Señora del Rosario de las Peñas, en el Santuario de Umagata”. En 1879, el cura de Codpa se quejaba por escrito que su antecesor había dispuesto a su antojo de la limosna que los fieles entregaban al santuario durante 30 años.
Por lo que se dice, puede suponerse que la Virgen se apareció entre Humagata y Livilcar y que un santuario le fue construido en algún momento después de 1650. Esta Virgen en particular, según me contó un peruano, venía del norte (aunque otra versión la hace provenir de Bolivia). Primero se estableció en un pueblo donde no le prestaban suficiente atención. Entonces se fue más al sur, pero un terremoto o algo parecido hizo que la gente no tuviera tiempo para ella así es que se fue más al sur todavía y tal vez fue entonces cuando espantó al reptil acechador de pastorcillas y aquí se quedó.
Si lo que quería era atención del público, ¡vaya si lo consiguió!. Desde que en el siglo XVII se establecieron las fiestas en su honor, ha atraído continuamente a miles de visitantes. Habiendo antes habitado tierras que hoy son peruanas, un gran porcentaje de fieles son de esa nacionalidad. Su fiesta se lleva a cabo los todos los primeros domingos de octubre y todos los 8 de diciembre y recibe unas 20-50.000 visitas cada año. Las fiestas incluyen los típicos bailes andinos, ejecutados por grupos organizados. Los bailarines, que invierten mucho tiempo preparándose, ensayando y arreglando sus elaboradas vestimentas, dicen que, teniendo un cuerpo además del alma, sienten la necesidad de expresar una manifestación corporal de su Fe.