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Voy a confesar un secreto vergonzante: soy un lector de solapas- No me refiero a solapas de las chaquetas sino a las solapas de los libros, esos forros de papel couche donde aparece un resumen del libro de 600 páginas en un par de párrafos bien digeridos.
Solo si me interesa la solapa paso al prólogo y si este no me aburre recién empiezo a dar un vistazo superficial al libro. Si me cuesta avanzar después de unas cuantas páginas lo tiro y no lo tomo más. No vale la pena perder el tiempo con él, es lo que me pasó con un par de novelas de Virginia Woolf entre otras. Rara vez leo en secuencia, me salto páginas y capítulos que me parecen aburridos y solo al llegar al final decido si releo lo que me salté.
Al odioso Quijote de la Mancha jamás logré leerlo completo, Dios mío, que libro más estúpido. A veces me pasa con escritores que tienen muy buena crítica, que a pesar que me cuesta mucho avanzar los leo hasta el final, no vaya a ser cosa que me esté perdiendo de algo bueno. Así me ocurrió con Por el Camino de Swan de Marcel Proust, después de leerlo dos veces con mucho trabajo finalmente lo encontré más o menos interesante, pero no he vuelto a leer nada de Proust desde entonces.
Igual cosa con Madame Bovary de Flaubert, me costó pero después me gustó mucho. Pero lo que realmente me enfurece es leer un par de veces a algún autor con buena crítica, con trabajo y que de todos modos el libro resulte una basura, es lo que me pasó con tres novelas de Roberto Bolaño: con Putas Asesinas; Literatura Nazi en América y otra que ya ni me acuerdo como se llamaba, ni de que se trataba. Debe haber sido extremadamente mala porque casi nunca me olvido de algo que leo. Desde entonces Bolaño es para mí sinónimo de basura, vómito y fraude, es uno de los pocos autores que detesto.
En general soy bien tolerante con los malos escritores, leo de todo y son muy pocos los que me enfurecen, aparte de Bolaño no recuerdo otro en este momento, debe haber alguno. A pesar de que el Quijote me resultó inleíble otras obras de Cervantes me parecieron bien entretenidas.
Cuando escribí la tesis, nadie me cree que leí todo eso en un mes y medio. Tengo en la bibliografía 44 títulos entre libros y artículos, algunos tan obesos como La Riqueza de las Naciones de Adam Smith o papers muy abstrusos de Paul Krugman y muchos otros que al final ni ocupé.
¿Lo leí todo en realidad? Si y no, por ejemplo en los papers con demostraciones matemáticas complicadas ni me molesté en mirarlas. Como son artículos revisados por árbitros me imagino que el desarrollo matemático debe estar correcto, lo que me saca un peso de encima. El libro de Adam Smith por ejemplo lo leí, pero sin analizar párrafo por párrafo, sin “estudiarlo” sino que tratando de entender que diablos quería decir, con entender eso me basta y sobra.
Así es que en cierto modo soy un lector fraudulento que cito muchas cosas que jamás he leído con cuidado, muchas de mis opiniones pueden se erróneas y hago mío el principio de Jodorowsky, diciendo o pensando “a riesgo de equivocarme” antes de afirmar cualquier cosa.
Pero yo creo que no es un mal sistema después de todo, porque usa más la intuición que el análisis lógico. Creo que si alguien lee con mucho detalle pierde la visión de conjunto, el “gleich alles suzammen” como decía don Mozart, el golpe de vista que es mucho más importante que entender todos los detalles. Por eso a veces puedo hojear un paper muy complicado y entiendo el fondo de la cuestión mejor que alguien que lo estudia con mucho detalle. Lo mismo una novela, Se enseguida si me gusta o no.
Pensándolo bien el asunto tiene su fundamento en la Teoría de la Información, casi todo lo que contiene información es muy redundante, la información de un libro de 600 páginas, por ejemplo, podría escribirse en 20 o menos, gracias a eso existen los programas de compresión que hacen lo mismo que yo cuando hojeo un libro: toman solo lo que les parece importante, el resto lo botan.
Existe un algoritmo criptográfico fascinante que se llama MD5 y hace algo sencillo pero asombroso: toma un archivo con cualquier cantidad de millones de caracteres y produce una firma de unos pocos cientos de caracteres que es única para ese archivo, se llama el “digest” y hace más o menos lo mismo que hacían las Selecciones del Readers Digest con los libros.
Pero en fin, tal vez todo esto sea solo para justificar mi holgazanería y mi deshonestidad intelectual, pero que diablos. Lo que importa es si funciona o no. Claro que a veces uno puede guatiar y caer en grandes equivocaciones, por eso siempre la regla de Jodorosky “a riesgo de equivocarme”.
