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No se me vaya a olvidar, este sábado presentarán el himno de Belén y como a mi me encanta ese pueblo (estuve a punto de comprarme una parcela allá hace años) voy a combatir mi fobia social y pienso ir a conocer a David, que está sacando adelante esto del himno. Belén es uno de los pueblos más lindos de nuestra precordillera, no tiene demasiada altura, es muy verde y con una vida silvestre impresionante, para que hablar del paisaje.
Además es un pueblo fragante porque es el principal productor de orégano y fabrican un queso con especias muy bueno. Nos tocó estar con la Pilar para una fiesta de San Santiago (patrono del pueblo) y lo pasamos increíble en casa de don Carlos Santos. La familia Santos, a la que pertenece David, son patriarcas en el pueblo y yo cuento entre mis viejos amigos al Omar Santos, gran valor belenino. Allí estaré entonces.
Leyendo el blog de Tercera Cultura, me encuentro con un buen artículo de Daniel Muñoz sobre un asunto que acá también hemos conversado más de una vez. Mientras algunos creen que somos juguete del destino y nada de lo que hagamos puede cambiar mucho las cosas, otros piensan que la suerte no existe y se la fabrica cada cual. Daniel identifica -correctamente yo creo- a personalidades de mafiosos y políticos con los que piensan que la suerte se la hace cada uno y que ellos pueden controlar el destino.
Obviamente que ninguno de los dos extremos puede existir, nadie es solo juguete de la suerte, ni menos puede controlar todo lo que le va a pasar, pero todos tenemos una manera de pensar que da preferencia a alguno de estos dos extremos. Con mi tocayo Tom Wilke estamos justamente escribiendo algo sobre las diferencias sociológicas entre latinoamericanos y norteamericanos, basado en su experiencia de casi dos años viviendo en Arica y uno de los puntos entretenidos es lo que Tom llama la cultura de la aceptación, que se refiere a no planificar mucho y aceptar las cosas como vienen sin esforzarse demasiado en torcer el destino.
Esa aceptación puede ser vista de diferente forma según cada cual, puede ser resignación o despreocupación, negación o simple flojera. En Arica por ejemplo, donde vivimos con la inminente amenaza de El Grande, un terremoto con tsunami que nos puede matar a todos, sería absurdo vivir constantemente aterrorizados así es que simplemente ignoramos lo que no podemos cambiar. Hay otras cosas que si podríamos cambiar, como por ejemplo dejar de elegir políticos ladrones, pero nos comportamos como si fuesen de la misma naturaleza que el terremoto: inevitables hagamos lo que hagamos.
En fin, uno de los mayores problemas para investigar estas cosas es que si uno entrevista a la gente, suelen decir exactamente lo contrario de lo que hacen. Yo que toda mi vida he sido muy planificador, estoy convencido que todas las cosas importantes que nos pasan son resultado del azar, la planificación resulta solo para las cosas menores.
¿Por que las cosas importantes dependen del azar? porque valoramos mucho más lo raro, lo improbable, el lucro está directamente asociado al riesgo y mientras menos riesgo corremos más mediocre lo que obtenemos. El riesgo de lo improbable es lo que separa -por ejemplo en economía- a ricos y pobres, si no existiera la incertidumbre no podría existir la economía y los Medicis serían dueños de todos los bienes del mundo desde hace siglos.
Pero igual hay que planificar cada detalle, como los mafiosi y los políticos, just in case. Hasta mañana.