Dentro de las cosas raras que nos trae el progreso están los amigos de Internet. Creo que fue en el año 1998 cuando llegó la tarifa plana y empecé a conectarme regularmente, cuando yo pensaba para que diablos podría servir el asunto. Lo que más se usaba entonces era el chat por IRC, equivalente del actual Twitter, pero yo lo encontraba tonto y aburrido, así es que no tuve que buscar mucho para llegar a Usenet donde entro casi todos los días desde esos años, chequeando en Google veo que tengo casi 28.900 post publicados en las news ¡que charlatán más grande!.
Muchos de los que publicábamos en esos años seguimos hoy en distintos grupos de política, automóviles, cocina, etc. Esos son mis amigos de Internet, la mayoría de ellos me cae tan bien -o tan mal- como mis amigos y enemigos de carne y hueso. Algunos de esos desaparecieron, porque dejaron de participar por distintas razones como fue el caso de la Sonia y Eduardo que de tanto conversar por Internet se terminaron casando.
A veces cuando viajaba a Santiago nos juntábamos en algún asado, o salíamos a tomar un trago con estos amigos virtuales y así fue como un par de veces estuve conversando con Eduardo y a veces nos leíamos en el grupo de autos, con los años perdimos el contacto y no volví a saber de su vida.
Pero el mundo es un pañuelo e Internet lo hace más chico, conversaba con mi amigo Rodrigo Nuñez unas semanas atrás y me comentaba que cuando estaba trabajando para hacer la portada de libro, le había tocado hacer la foto de Mamá Terapeuta, contando la rehabilitación de una hija nacida con daño cerebral y así conversando me dí cuenta que se trataba de mis antiguos amigos por Internet, busqué, la encontré y le mandé un mensaje para felicitarla, lástima que no siempre se puede decir lo que uno siente en un mensaje, pero la verdad es que me dio mucha alegría y me impresionó su historia.
Cuando un niño nace diferente en una sociedad que valora sobre todo la uniformidad, no ser como todos puede convertirse en un gran problema. Yo siempre he sentido una gran afinidad a las personas que han nacido diferentes -tal vez me reconozco un poco en ellos- y me complica pensar que tengan que pasar por dificultades y rechazo. La manía de uniformar y echar a un lado a los que no son estándar me irrita mucho: al chico, gordo, colorín, negro. Para que hablar de un niño con síndrome de asperger, down, daño cerebral o cualquier otra cosa que lo haga salir de la norma.
El rechazo a lo diferente es una de nuestras taras sociales, cuando un niño o adulto se comporta de manera rara, nuestra tendencia es evitar mirarlo, como si fuera transparente, o peor reaccionamos irritados y hostiles. Creo que ese problema que tenemos para tratar a lo diferente es una discapacidad de todos nosotros, de la que deberíamos rehabilitarnos primero que nada.
Anoche alcancé a ver casi la mitad de la estupenda película La Cena de Ettore Scola, yo nunca he sido aficionado al cine y si bien algunas películas me han gustado siempre he tenido la sensación de que hay algo artificiose en el hecho de filmar una película, que diablos, no puedo olvidar que están actuando. Pero las películas de Scola son otra cosa, tal vez debido a que fue guionista durante tantos años y seguramente el escribe el guión de sus propias películas.
Son novelas filmadas y la novela es un género literario que a mi me gusta mucho, creo que es el mejor de todos. La Cena es una película que se desarrolla en un restaurante, durante una sola noche desde que abren hasta que todos se van y solo quedan el personal y los amigos jugando a las cartas. La cámara pasea de un lado a otro mostrando historias que por si solas no dicen nada pero en conjunto cuentan una especie de comedia humana muy buena. En fin, las películas de Scola de amistad y drama son las únicas que podría ver varias veces sin aburrirme. Hasta mañana.
P.D. no me debería siquiera referir a esto, pero hoy es el día de los trabajadores: hay que decirlo claramente, es el día de los esclavos que vedieron su libertad a cambio de un salario regular y relativamente seguro. Es una vergüenza que lo celebren, como si fuera gran cosa, váyanse al diablo.